Culto

El arte del fútbol

SPAIN. 1933. Madrid.

Como el título del libro lo dice, desde 1933 varios fotógrafos de la agencia Magnum recorrieron el mundo y capturaron imágenes que muestran cómo se vive el deporte que más seguidores tiene a nivel mundial. Lo que por muchos es visto como un simple deporte en que 22 hombres se mueven en función de una pelota, para estos fotógrafos son horas en que las divisiones raciales, políticas, religiosos y sociales pierden relevancia. Con imágenes obtenidas en distintos puntos del planeta, y desde el fútbol de barrio a las ligas profesionales; el fútbol es el concepto unificador de las fotografías del libro Magnum Football since 1933.

Henri Cartier-Bresson, es uno de los fundadores de la agencia de fotografía Magnum y es considerado el padre del fotorreportaje. Su principal concepto era atrapar el instante decisivo, entregando la cabeza, el ojo y el corazón al clímax de la acción. A lo largo de su vida, el documentalista de origen francés retrató a personajes como Pablo Picasso, Marie Curie, Édith Piaf, Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara; y además cubrió eventos históricos como la muerte de Gandhi, la entrada de Mao Zedong a Pekín y la Guerra Civil Española. Fue previo a este último evento que Cartier-Bresson capturó una de sus fotografías más famosas.

La revista Vu envió a Cartier a cubrir las elecciones españolas de 1933. Más allá de las elecciones en sí, el fotógrafo vio en España diversos fenómenos sociales que a su juicio merecían pasar por el lente de su cámara: pobreza, prostitución, lugares abandonados o personas dormidas en lugares públicos tal como retrató en Francia, Italia, México y Estados Unidos.

El fotógrafo visitó Toledo, Alicante, Barcelona, Granada, Córdoba, Sevilla, Madrid y las zonas españolas de Marruecos; de allí obtuvo la riqueza de imágenes que forman parte de su portafolio trotamundos. Las fotos reflejan la belleza de lo cotidiano: gente dormida, ancianos y niños jugando. Fue en la captura de estos momentos que Cartier logró un instante único, en que las ventanas dispuestas al azar en un gran edificio se convirtieron en el lugar para marcar goles. Para un niño, todo espacio donde se puede llevar una pelota de un lado para otro, es una cancha en potencia. Y la disposición geométrica resultó tan perfecta, que el lente ávido de Cartier, no lo dejó pasar desapercibido, lo hizo trascender.