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Culto
Cine chileno: en busca del espectador perdido

Cine chileno: en busca del espectador perdido

Entre las 85 medidas del primer plan nacional para vigorizar la industria fílmica, puesto en marcha este año, destaca el proyecto para formar público en espacios como los colegios.

El cine chileno, premiado y reconocido en algunas de las instancias más importantes del mundo -como los festivales de Cannes, Berlín y Venecia-, tiene un talón de Aquiles más o menos conocido que desde hace tiempo lo hace cojear, caer, desangrarse y volverse a parar con esfuerzos redoblados: la falta de un público amplio, consistente y fiel.

Con una asistencia que bordeó el 4 por ciento en 2015, necesariamente comparable con el 96 por ciento que optó por las películas extranjeras (según datos del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes), la producción fílmica local suele, sin embargo, tener una considerable cantidad de estrenos, bordeando los 40 al año.

¿Qué hacer para que esta oferta generosa no termine en la mesa de saldos de la ignorancia o la exhibición tardía en los horarios imposibles de televisión? ¿Cómo darle propósito, destino, relato y coherencia al cine chileno? Desde el Consejo Nacional de la Cultura, concretamente en el Consejo del Arte y la Industria Audiovisual (CAIA), se emprende desde este año el primer gran paso para buscar aquella audiencia perdida.

La llave maestra es la implementación de la llamada Política Nacional del Campo Audiovisual, un plan amplio que buscará darle sentido a lo que hacen los audiovisualistas en Chile. En rigor, se trata de una iniciativa que integrará a los actores del cine, pero también convoca a los de los otros formatos de las imágenes en movimiento.

Neruda (2016). Director: Pablo Larraín.

La Política Audiovisual, que entró en vigencia hace cuatro meses y que tiene un plazo de cinco años para traducirse en hechos, podría ser el primer gran salto en busca del esquivo favor de los espectadores, usualmente en poca sintonía con el cine chileno. El ministro de Cultura, Ernesto Ottone, entiende esta decisión como una suerte de mapa de navegación: “Aunque es un sector que nos ha dado muchas satisfacciones como país, hasta ahora Chile no contaba con una política nacional en torno al audiovisual. Por eso, era muy relevante tener una hoja de ruta que delineara los principales valores, objetivos y ámbitos de acción que serán imprescindibles para el desarrollo efectivo del campo audiovisual”.

Con un total de 85 medidas incorporadas a partir de una extensa consulta que involucró a diferentes agentes del audiovisual chileno (cineastas, productores, exhibidores, etc), la política viene a fortalecer la ley 19.981, la única normativa legal similar, promulgada durante el gobierno de Ricardo Lagos. “En rigor, siempre deberíamos haber tenido una política audiovisual, tal como por ejemplo hay una política energética. Se trata de un plan que pertenece a una decisión de Estado y, por lo mismo, su aplicación debe ir más allá del gobierno de turno”, plantea Martín Rodríguez, secretario ejecutivo del CAIA. Y agrega: “Por lo demás, la política fue elaborada a partir de un gran consenso y diálogo entre actores del campo audiovisual de todo Chile. Por ejemplo, hicimos extensas mesas de trabajo en el país para ir incorporando estas medidas”.

El menú chileno

Entre las diferentes medidas de la Política Audiovisual 2017-2022 (que abarca aspectos como la creación, la internacionalización, el patrimonio, etc.), destaca el Plan Nacional de Formación de Públicos para el Audiovisual.

Este plan “se llevará a cabo durante 2017 en conjunto con todos los agentes del campo audiovisual dedicados a la formación de público”, explica el ministro Ottone. “En todos los países donde existe fuerte presencia del cine nacional e internacional en todos sus estratos sociales y educativos, se ejecutan políticas y planes de formación de público que contribuyen al desarrollo de espectadores que, desde temprana edad, disfrutan de manera consciente y crítica la gran diversidad de tipos de cine que existen”.

No se trata, enfatizan las autoridades, de aplicar un criterio paternalista en que el Estado elija qué deben ver los chilenos. “Muchas veces hago la siguiente comparación: en Chile, la comida japonesa se fue incorporando lenta pero efectivamente entre los gustos locales y hoy se consume como nadie lo hubiera sospechado”, explica por su parte el secretario ejecutivo del Consejo Audiovisual, Martín Rodríguez. “Se trató de un gusto adquirido, pero funcionó. En el fondo, dar a conocer el cine chileno es ir más allá de las parrilladas y los McDonald’s, que pueden gustar a muchos legítimamente. Lo que se trata de hacer con la formación de públicos es dirigirse a la audiencia y explicar que hay distintos tipos de cine, diferentes formatos narrativos y que no todo el cine se cuenta de la misma forma que el cine de Hollywood, por ejemplo”.

Una mujer fantástica (2017). Director: Sebastián Lelio.

En términos concretos la iniciativa contempla la capacitación de profesores y también de audiovisualistas, para ir desarrollando la formación de audiencias a nivel escolar y pre-escolar, siempre en coordinación interministerial, en particular con el Ministerio de Educación.

“Hace muchos años que países como Francia y Gran Bretaña concluyeron que el interés por el cine nacional (y por el cine en general, por añadidura) viene desde el colegio, desde la familia”, agrega Rodríguez. “Gran Bretaña está hace tiempo con una implementación de su propia política audiovisual y el caso de Francia -donde la asistencia al cine local bordea el 40 por ciento- es aún más emblemático, con casi medio siglo de educación audiovisual. Los niños ven cine desde el jardín infantil”.

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