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Culto
Niña sombra: desde la desesperación

Niña sombra: desde la desesperación

Asediada como está por el lirismo y la sobreexplicación, Niña sombra le regala en cualquier caso al cine chileno algunas imágenes estremecedoras, como un detalle de la operación del ojo de la propia documentalista.

“Me estoy quedando ciega. Esta es mi última película”. Nadie podría ni debería quedar impávido ante la desesperación, por demás explicitada, que emana de las palabras de María Teresa Larraín, protagonista, guionista y directora del documental Niña sombra.

El nuevo título del encomiable ciclo Miradoc, pone en escena a una chilena que partió a Canadá tras el 11 de septiembre de 1973, que trabajó por décadas en el audiovisual de Toronto, pero que en cierto punto afrontó una realidad que había ignorado pero que, según cuenta, conocía desde niña: padecía una miopía progresiva y terminaría perdiendo por completo la visión.

Con el proceso ya en curso viaja a Chile, se reúne con la familia, se vincula a un grupo de comerciantes ciegos de Santiago Centro, afronta el difícil porvenir.

Por la naturaleza de la cinta, ponderarla es un ejercicio signado por la empatía, la autodefensa y la compasión, que dejan su marca y acaso enmarañan el juicio. Asediada como está por el lirismo y la sobreexplicación, Niña sombra le regala en cualquier caso al cine chileno algunas imágenes estremecedoras, como un detalle de la operación del ojo de la propia documentalista. En ese sentido, por de pronto, clava sus banderas.

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