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Culto
Apuntes finales sobre Big Little Lies

Apuntes finales sobre Big Little Lies

La serie de HBO se transformó en una diversión dominguera ineludible y en un retrato pocas veces visto a la violencia intrafamiliar. No es poco.

Big Little Lies fue de menos a más, pero ese menos inicial era bastante mejor que muchas series. Era, después de todo, un “evento televisivo”, como los que le gusta hacer a HBO, tratando de arrancarnos de las garras de las maratones de Netflix y obligándonos a servirnos semana a semana. Cuando no lo consigue con dragones y Jon Snow, HBO lo ha conseguido con series de una temporada soberbias como The Night Of y, ahora, con una serie protagonizada y producida por una ganadora del Oscar, Reese Witherspoon, y su pandilla: Laura Dern, Nicole Kidman, Zoe Kravitz, Shailene Woodley.

Hay pocas series sobre mujeres. O sea hay, pero a veces no se adentran en lo que importa, o que interesa. Está Olivia Pope y Scandal y su versión teleserie de House of Cards, está Robin Wright en House of Cards, pero rodeada de un mar de testosterona, están las de Ryan Murphy que es un creador que ama a sus mujeres, como a Sarah Paulson en American Crime Story O.J. Simpson o Jessica Lange y Susan Sarandon en Feud. Está Carrie Mathison en Homeland y está Kerri Russell en The Americans y son magníficas, pero sus problemáticas son de agente secreto y pistolas. El día a día, la amistad, la pelea chica y la grande, la maternidad, sólo están presentes en Girls, pero confinadas a la realidad de veinteañeras. Big Little Lies se presentaba como “los ricos también lloran”, una teleserie de lujo, pero terminó siendo una ventana a las interacciones femeninas, a cómo se relacionan con los hombres en su vida y la tendencia casi genética que tenemos a convertirnos en hermandad, incluso cuando no nos caemos ni bien. A pesar de ser Big Little Lies una serie con arquetipos -la ejecutiva, la perfecta, la hippie-, su éxito demuestra que las mujeres queremos ver más historias de mujeres en pantalla, algo que cada cierto tiempo asombra a Hollywood pero siempre es como una obviedad. Como cualquier producto de cultura pop, necesitamos reflejos para sentirnos parte y dar sentido a lo colectivo.

Celeste: el personaje de Nicole Kidman quizás ha hecho más por las víctimas de violencia intrafamiliar que cualquier otro en la TV. En la pantalla chica, cuando una mujer es golpeada por su pareja, todo es negro o blanco, las víctimas toman decisiones muy buenas o muy malas y se vuelve artificial. La violencia no tiene grises: el personaje de Perry, el marido de Celeste, era un animal que eventualmente -como le dijo su terapeuta- terminaría matándola. No había vuelta atrás. Pero ella necesitaba, como muchas veces las víctimas necesitan, ayuda, fuerza y sobre todo convencimiento. Porque generalmente las víctimas han sentido amor por su pareja. Y tienen miedo. Y esas dos cosas juntas son difíciles, y explican por qué muchas mujeres se quedan con un abusador o, como Celeste, tratan de excusarlo una y otra vez, siendo que son hermosas, fuertes, inteligentes. Son secuestros emocionales que pocas veces se retratan en la cultura pop, porque no tienen fácil resolución para cada personaje, y Big Little Lies encontró ahí su línea argumental más fuerte y, probablemente, un Emmy para Kidman. Verla volar por encima del sillón, luego de un manotazo de su marido, o verla sentada frente a su terapeuta rogando una salida sin darse cuenta que lo hacía, son los puntos altos de la historia.

David E. Kelly está de regreso. Ustedes pueden no recordarlo, pero en los 90 y principios de los 2000, era uno de los nombres más hot de la TV. Y no sólo porque el productor y guionista se casó con Michelle Pfeiffer. Era el hombre tras Ally McBeal y Los practicantes, dos series que daban un poco vuelta las historias de abogados, y eran altamente comestibles, sino que además estuvo tras Boston Publicy Chicago Hope. Los últimos años ha hecho puras cosas malas, pero quiso adaptar el best seller de Liane Moriarty y congregó al elenco de lujo.

Madeline, o Reese Witherspoon, engaña a su marido, Adam Scott (Parks and recreation) con nuestro Santiago Cabrera. ¿Quién sería capaz de elegir entre esos dos? ¡Piedad! Y la mejor Reese Witherspoon es la buena con alma de mala. Tomas conocemos una Madeline. Tan odiosa como fácil de adorar.

Laura Dern hace todo bien en la vida. Y acá, como Renata, la super ejecutiva lider y mamá, demuestra además cómo maneja su cuerpo al servicio del personaje de una manera muy elegante.

El final, el muerto: y ahora los spoilers. Se veía venir que nuestro malvado abusador iba a recibir un castigo, porque Big Little Lies era una serie de mujeres y cómo estas se ayudan, se cuidan, se esconden cosas, se las cuentan, se odian, compiten, se envidian y se aman. Lo que es básicamente, la amistad femenina en sus múltiples caras, no excluyentes unas con otras. Perry, interpretado por Alexander Skarsgard, además resultaba ser el violador de la joven Jane. Yo quizás nunca estuve muy de acuerdo con los flashbacks en la serie, y algunas decisiones del director, el mismo para todos los episodios, eran simplemente cursis, pero acá estuvo muy bien manejada la tensión de no tener que explicitar lo obvio: ante el ataque del depredador, la manada femenina cerró filas, y sin importar quién fue la que lo empujó al vacío -¡Bonnie!-, se cubrieron las espaldas y siguieron adelante, y terminaron tomando vino en la playa, libres al fin. Big Little Lies fue una serie entretenida hasta el final, lo cual se agradece siempre; no olvidar el popcorn en pos del discurso. Los espectadores somos lo suficientemente inteligentes para digerir los dos.

¿Ya buscaron el soundtrack? Impecable.


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