*

Culto
Una píldora intensiva de Me llamo Sebastián

Una píldora intensiva de Me llamo Sebastián

El sábado 1 de abril, el artista Me llamo Sebastián será el encargado de iniciar la música en la cúpula del Parque O'Higgins. En la séptima edición de Lollapalooza Chile, Sebastián Sotomayor debuta en el festival que cada año convoca a miles de asistentes.

El encuentro en el café del GAM se retrasó 20 minutos. Es difícil coordinar una reunión sin celular, el aparato del cual tantos dependen y que Sebastián Sotomayor dejó de utilizar hace dos semanas. “Un día se apagó y no prendió más”, dice el músico, “pero es muy liberador no estar esclavizado por un aparato”. En el café, Sebastián ve sobre una mesa una notebook que reproducía uno de sus videos en YouTube y se ríe. A los pocos segundo el responsable se acerca a saludarlo: “Estoy esperando que salga tu nuevo disco”.

*

Desde el año 2010 que existe el proyecto musical Me llamo Sebastián, el cual se presentará en Lollapalooza este sábado a las 13 horas en La Cúpula del Parque O’Higgins. Pero Sebastián Sotomayor comenzó a cantar desde los cuatro años, cuando su papá lo escuchaba por la casa. “Yo cantaba temas de Laura Pausini, de Illapu, canciones de la radio. Y cuando tenía como cuatro años mi viejo cachó que yo cantaba y me subía a la cama con un cepillo, así que me empezó a llevar a audiciones”, cuenta Sebastián.

Su padre se puso como meta que su hijo desarrollara su talento. Lo llevó a distintas audiciones en escuelas de canto y programas de televisión como Cuánto vale el show, y era esa la dinámica para Sebastián, asistir a varias audiciones en las que a veces tenía éxito y otras veces no. En una de sus presentaciones, un productor le dijo al padre de Sebastián que tenía que tomar clases de canto. “Entré a los 11 años a la academia Luis Jara y conocí a Lucho Jara, él me hizo clases los primeros años”.

Cuando obtuvo su título de “cantante profesional de la Academia de Canto Luis Jara”, Sebastián se decepcionó. “Lo que rescato es que es un lugar donde no quiero volver nunca, en el sentido de que te instruían a cantar y verte de cierta forma. No se trata mucho de la música, se trata más del entretenimiento”, explica el cantautor.

Sebastián no se imagina en otra cosa que no sea la música. Para él, la capacidad de analizar la vida y crear música a partir de ellos es impagable, de hecho, confiesa que un amigo lo apoda “Ana” porque siempre sobre analiza todo. “Si tengo una cualidad sería la creatividad, eso es todo. Si hubiese una apocalipsis zombie no sabría hacer nada. Sería un zombie”, dice riendo.

*

Me llamo Sebastián fue su nombre artístico elegido como reacción a sus vivencias de la infancia. “Siempre me he sentido como la gente que pasa por el lado, cuando era chico no me elegían para los partidos de fútbol, o si había una fiesta no me invitaban, una niña a mí nunca me mandó una carta… siempre sentí que iba como por el lado, sin creerme el cuento”, reconoce el artista. De camisa azul, shorts de jeans, zapatillas y jockey rosado, Sebastián camina relajado por el Parque Forestal. En su brazo derecho luce cuatro tatuajes, todas marcas de sus experiencias.

Tal vez el más especial sea Jigglypuff, un pókemon rosado que cada vez que canta provoca que quienes lo escuchan se duerman. Ese fue su primer tatuaje. “En el colegio me decían Jiggly”, recuerda Sebastián. Su segundo tatuaje fue el genio de Aladdín con la frase “soy libre”. Para él, su poder era generar cambios por medio de la música, siempre y cuando fuera libre y no se sintiera preso. La princesa de Hora de Aventura y Cheetara de los Thundercats, por otro lado, simbolizan para Sebastián el poder del rol femenino por un lado y cómo todos los thundercats luchan por igual, sin distinguir género.

Tal como el seudónimo Me llamo Sebastián simboliza su pasado, también impulsó su nacimiento como lo que es ahora. “Cuando elegí este nombre recién había renegado de toda esta área del entretenimiento, de la tele, las luces, el querer ser famoso. Recuerdo que me rebelé contra la tele porque un productor me dijo que yo no podía cantar canciones que fueran para otro hombre, que en Chile todo era muy tradicional y conservador, entonces la gente no lo iba a entender, no lo iba a pescar”. A partir de ese momento Sebastián Sotomayor cambió las letras de sus canciones, pero al tiempo se dio cuenta que no se sentía cómodo. Por eso decidió hacer un cambio radical en su música y puesta en escena: “Porque no vale la pena dedicarse a algo tan difícil como la música o el arte para ser algo que no es honesto contigo”.

*

En los premios Pulsar 2016 cantaste “El cigarrito” con la interpretación en piano de Valentín Trujillo. ¿Cómo se gestó este encuentro?

—El primer disco que saqué fue el 2010, así que igual tengo una relación con la gente de la SCD. Ellos conocen mi trabajo, incluso algunos de los que trabajan ahí fueron profesores míos en la universidad cuando estudié música, entonces ellos han visto y han sido testigos de cómo he ido creciendo no solo en el material que yo hago, también en la aceptación de la gente. Desde la SCD me invitaron, querían hacer un momento como de generaciones antiguas y nuevas y supongo que los encargados de pensaron que tenía algo que podía conectar con el tío Valentín. Él toca satánicamente, no estoy a ese nivel de pianista. Nos juntamos, lo organizó todo la SCD, nos reunimos en un lugar que tenía dos pianos, improvisamos y todo fluyó. El tío Valentín más buena onda no puede ser, súper dispuesto a hablar de música, armar algo, me dio consejos bakanes. Ensayamos una vez y después lo tocamos. Fue bakán.

En tu nueva producción trabajas con Cristián Heyne, quien también trabajó con el pop más establecido en Chile. ¿Cómo fue esa experiencia?

—El Heyne ha estado en la industria de la música desde hace mucho tiempo, estuvo en el disco de Supernova y antes estaba en un grupo que se llamaba Christianes. Él cacha mucho de la industria. Mi disco está en una nebulosa, no sé muy bien qué va hacer porque necesitamos plata y ver donde grabar. Pero las canciones que ya hice con él, las dos últimas que saqué, son muy bonitas. Fue una experiencia de la cual siento que me nutrí de alguien que sabe mucho de la industria, pero también me hizo entender hacia donde quiero ir con mis canciones. Quiero que mi música hable, más que acumular fans que no entiendan realmente de qué se trata el trabajo. He sacado en limpio que no me interesa tanto la industria, si no que la música. Los artistas que más me gustan son lo que están comprometidos con su arte, no con ser famosos.

¿Hay fecha y nombre para tu nuevo disco?

—Lo único que sé hacer es algo musical, así que todo el rato estoy creando canciones, material nuevo. En este disco, que he dilatado un poco en el tiempo por la tocatas o por otras cosas, hay canciones que van quedando fuera. Tengo muchas canciones y quiero que todo tenga que ver. Cuando el material esté grabado es momento de poner un nombre, para que se sepa bien de qué estoy hablando.

¿Qué significa para ti participar de Lollapalooza?

—Adentro tengo muchos sebastianes que pelean. Un Sebastián está súper feliz porque tiene que ver con un reconocimiento que la misma gente de Lollapalooza hizo. Eso es bakán porque yo no nací en un ambiente musical. Cuando canté con la Fran Valenzuela fue porque ella me encontró y me dijo “oye me encanta tu volá, hagamos algo”, no soy de tener una productora que me mueve. Por ese lado estoy súper feliz de que un festival como Lollapalooza nos haya invitado. Por otro lado, nosotros estamos trabajando hace mucho tiempo y las condiciones que nos ofrece Lollapalooza son súper humillantes comparado con lo que nosotros cobramos por concierto. Tenemos una pulsera que ayer nos entregaron que dice “artista nacional” y hay otra que dice “artista”, entonces encuentro asqueroso que un festival que pone a la música como centro haga una jerarquización dentro de los músicos. Igual hay grupos que son más chicos y que arrastran menos gente, y los ponen en mejor horarios como a las seis de la tarde. Nosotros abrimos La Cúpula a las 13 horas, no tenemos ningún pituto ni en el festival ni en Lotus, entonces nos dan un lugar más rezagado. Siento que en Chile aún no nos tratan como artistas, ellos piensan que nos hacen un favor a nosotros, pero deberían respetar más a los artistas, para que ellos puedan hacer un trabajo más cuidado. Perdón, soy un poco ácido.

¿Qué se puede esperar de tu show en Lollapalooza?

—Somos entre 10 y 15 personas, porque hay unas partes técnicas y otros artísticas, y todos le estamos poniendo el corazón 100% a esto. Es un concierto lo más honesto que puedo hacer, lo estamos ensayando hace años, lo hemos estado perfeccionando, así que es una píldora intensiva de Me llamo Sebastián. Yo creo que si vamos con el corazón abierto se van a emocionar, se van a reír y, si no conocen el proyecto, los invito a ir a La Cúpula a las 13 horas y dejarse conectar. Creo que ese momento cuando el artista mira a su público a los ojos es súper valioso- por eso cambié los lentes ópticos por lentes de contacto para poder ver a los ojos-. La música está súper ligada a la espiritualidad de la gente, somos los responsables de recordarnos cómo estamos conectados con la parte humana de cada uno. Si quieren ver un humano dándolo todo, los invito a ver el show.


Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera