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Culto
Criatura cantarina y desdentada

Criatura cantarina y desdentada

Sin llamar a la odiosidad de las comparaciones, y con lo modesta que pueda resultar hoy la técnica animada del filme de 1991, ahí había entretención y caracterizaciones de nivel que ahora se echan en falta.

Todo es cancha, parecen haber dicho en Disney. Por una parte, el gigante de la entretención ha hecho de su división Pixar una máquina de secuelas y spin-offs. Por otra, ha ampliado el campo de batalla en lo que toca a “reinterpretar” sus clásicos animados: a la espera de la versión “en carne y hueso” de El rey león, ya han comparecido las de La Cenicienta y El libro de la selva. Agréguese esta semana La Bella y la Bestia, que al igual que El libro… se prueba fatigosa e intercambiable.

Acaso por haber otras cintas inspiradas en alguna versión del tradicional cuento de hadas, son más notorios los despropósitos de este nuevo filme, siendo el primero de ellos los 40 minutos en que excede a la animación de 1991. A quienes la recuerden, bien podría darles mala espina el propio arranque de esta cinta: en el primer caso, había un off al hueso acompañando una serie de imágenes fijas, coloridas y convincentes; esta vez, quedan de manifiesto los lugares comunes de foto y dirección de arte, así como la carencia de un punto de vista y la fe en la post producción digital.

La oferta es un romance musical co-estelarizado por Emma Watson, la Hermione de Harry Potter. Una francesa cuya pasión por la lectura frunce ceños en su pequeña aldea, sin que ello desincentive al galán del pueblo, Gastón (Luke Evans), quien busca vana y torpemente seducirla. En paralelo, su padre inventor (Kevin Kline) va a parar a un castillo detenido en el tiempo donde vive un príncipe convertido en monstruo en virtud de un hechizo que además transformó a su corte en relojes, candelabros y otros.

La historia es sabida, como lo son sus moralejas sobre la belleza interior. El punto no es la sorpresa, sino el modo de dar vida a los personajes, emoción a las interacciones y sentido a la intriga. Y ahí pasa que, fuera de los méritos del reparto, partiendo por la dignidad que imponen Watson y Kline, el producto final resulta un monstruo sin dientes, un filme rutinario, además de tempranamente avejentado (otra versión live action, la de Jean Cocteau, tiene 70 años y resulta más estimulante).

Sin llamar a la odiosidad de las comparaciones, y con lo modesta que pueda resultar hoy la técnica animada del filme de 1991, ahí había entretención y caracterizaciones de nivel que ahora se echan en falta. Incluso la discutida superproducción de hace tres años, a cargo del francés Christophe Gans, queda harto mejor parada. Eso sí, no era Disney ni tuvo una oportunidad en salas.



La bella y la bestia. De Bill Condon. Con Emma Watson, Kevin Kline, Luke Evans. EEUU, 2017. 129 minutos. TE. Nota: 4

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