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Culto
Justin Bieber: mantengamos la distancia

Justin Bieber: mantengamos la distancia

El artista canadiense se presentó anoche ante un repleto Estadio Nacional.

Justin Bieber sufre lo mismo que Julio Iglesias confesó en la cárcel de Valparaíso en 1975, cuando en un intento fracasado de empatía le dijo a un grupo de presos políticos que él también sabía lo que es sentirse encarcelado.

El espectáculo que promociona su cuarto álbum Purpose (2015) presentado anoche ante un Estadio Nacional repleto hasta la última fila, con chicas que llevan acampando una semana en su perímetro, producción donde la súper estrella canadiense demuestra cierta madurez musical, insiste en retratar a un tipo sensible que se siente enjaulado y aislado a pesar de su condición de romántico empedernido.

En “Mark my words”, el primer tema, junto con los fuegos de artificio, los portentosos rayos de luces y las imágenes en pantallas gigantes, Bieber apareció enjaulado cantando con un tono lastimero que nunca-jamás abandona como principal rasgo expresivo de su voz.

Vestido deportivamente, cabello corto y lentes ópticos, Justin Bieber protagonizó un espectáculo impresionante que en lo visual rivaliza con lo presentado por Coldplay en su última pasada en el mismo recinto hace casi un año, que a la vez también se emparenta con lo siguiente: todo ese bombardeo luminotécnico figura para soslayar que la música, por si misma, no basta. Múltiples plataformas móviles y cuerpos de baile acompañan los movimientos del artista de 23 años, que a ratos participa de las coreografías pero sin entusiasmo particular. En “I’ll show you” nuevamente una especie de jaula instalada al final de la pasarela lo tuvo encerrado, como en “No sense” una parte del escenario se elevó con él y su cuerpo de baile dominando el estadio completo.

Ofreció el habitual set acústico donde fue posible apreciar la voz limpia más allá de las pistas generosas y los filtros que modulan su fraseo -en “Sorry”, la última de la noche, no hizo nada por ocultar que doblaba-, y ejecutó el consabido solo de batería que gusta ofrecer, francamente inexplicable para una audiencia como la suya. En general, mantuvo cierta distancia con el público más allá de algunos discursos con resabios de autoayuda.

Justin Bieber es capaz de seducir con su espectáculo pero también queda la sensación de que cumple con lo justo a pesar de que el lenguaje musical ha madurado más allá del pop chicloso, y que esa barrera trazada con el público finalmente le acomoda.

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