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Culto
Argentina y Chile, el fútbol también se juega en la música

Argentina y Chile, el fútbol también se juega en la música

En la previa del choque que sostendrá La Roja frente a la Albiceleste, Culto repasa la relación entre la música y el fútbol de ambos países.

El fútbol y la música esconden una pasional relación. Un vínculo que toma fuerza cada tarde de domingo, en la cancha, cuando los barras preparan una suerte de concierto, setlists repletos de himnos reversionados para dedicarle al club de sus amores. También pasa al revés: melómanos que parecen vestirse de futboleros, que se apropian de los códigos del hincha para “alentar” a sus bandas favoritas. El deporte rey es una influencia vital para la música. Y viceversa.


Pasión albiceleste

Al otro lado de la cordillera es casi una obligación: el fútbol es considerado el deporte más trascendente, el que moviliza al país. Y se nota. En la década de 1920, los tangos ya lo mencionaban. “Patadura”, escrita por Enrique Carrera Sotelo e interpretada por Carlos Gardel, rezaba “De puro patadura estás siempre en orsai”.

Los homenajes al balompié nunca se detuvieron. Al contrario: Los Fabulosos Cadillacs le dedicaron su disco La marcha del golazo solitario (1999). El “banderín de River Plate” del Capitán Beto, que inmortalizó el “Flaco” Spinetta en los ochenta, forma parte de la mitología del rock argentino. Fito, reconocido hincha de Rosario Central, le guiñó el ojo en al menos cinco de sus canciones. Calamaro recordó a los gigantes del 70 y 86 en “Estadio Azteca” y fue uno más de “la quinta que vio el Mundial 78” en “Crímenes Perfectos”.



Se las encuentra en YouTube, siempre adornadas por compactos que exhiben las mejores gambetas de Juan Román o El Diego. Entre el rock, la cumbia, el candombe y la murga, los polémicos disparos a políticos y a la argentinidad, Bersuit Vergarabat se transformó en una suerte de referencia, dedicando un espacio al fútbol con dos que se transformaron en himnos: “Toco y me voy” y “El baile de la gambeta”.



Maradona

Y todo el pueblo cantó “Maradó, Maradó”, nació “La Mano de Dios”.

Mucho se lo compara en la actualidad con Messi, pero una de las pruebas más exactas de que, incluso para los argentinos, no habrá otro como él, precisamente se evidencia en la música. Un espacio en que “El Barrilete Cósmico” se cansó de recibir homenajes.

¿El más conocido? Seguramente el de Rodrigo Bueno. El cordobés no sólo aborda la extensa carrera del “10” desde su inicio en los potreros hasta el Mundial de México 86, sino que también lo exculpa de acaso su error más humano: su debilidad en polvo. “Curiosa debilidad: si Jesús tropezó, ¿por qué él no habría de hacerlo?”.



Andrés Calamaro, Los Cafres, Los Piojos, Attaque 77 e incluso Charly García son sólo algunos de los que, a través de su música, también se acordaron del “Pelusa”.


El crack chileno

Es innegable: en Chile costó más. Seguramente la música acusó la falta de logros a nivel deportivo. Y es que, casi durante un siglo, el casi-casi se transformó en una suerte de impronta del fútbol nacional. Cuatro subcampeonatos a nivel sudamericano y sólo una actuación destacada en el concierto mundialista era nuestra carta de presentación. Salvo ocasiones puntuales, como la fiesta que generó el Mundial de 1962, algún intento de Carlos Caszely en los ochenta, o la ilusión que despertaron Salas y Zamorano en 1998, el fútbol y la música no se hallaron en nuestro país.

Escenario que cambiaría de golpe en 2003. Los Miserables serían los arquitectos, Pasión de Multitudes el resultado. El álbum de la agrupación tenía un solo objetivo: abordar el fútbol. Pero no solamente el fútbol como deporte-espectáculo, por los ídolos o resultados, sino que apuntando al lado que muchas veces se omite, al lado más marginal y rebelde: a la pichanga, la calle, a las dificultades que debe sortear el futbolista para llegar a primera. Así nació “El crack”, uno de los emblemas del quinteto de El Bosque.



Los Za-Sa y el Maravilla

La Roja de Todos, Cóndor Rojas mediante, no clasificaba hace 16 años a una Copa del Mundo, y el camino a Francia 1998 prometía ser durísimo: Argentina comandada por Batistuta, Ortega y Simeone, Paraguay de Chilavert y Saturnino Cardozo, Valderrama liderando a Colombia y Etcheverry haciendo lo propio en Bolivia. El siempre complicado Uruguay y una gran generación peruana. Pero Chile tenía a dos que se transformaron en héroes: la mejor dupla de aquellas eliminatorias, Salas y Zamorano.

Todos vestían sus camisetas. Donde ibas, se lo veía a alguno con la tricota roja, el reebook gigante al frente y el “9” o el “11” en la espalda. Zamorano la había descocido en el Real Madrid y ahora enfrentaba el desafío del Inter en Italia. Salas, por su parte, era coreado domingo a domingo en el estadio de River. Eran los ídolos del momento y, pronto, esta admiración se tradujo en música.

A punta de goles, el “Matador” se había ganado el corazón de todos los riverplatenses, por lo que no sorprendió que se le dedicase una canción. Sería en 1998: Ignacio Copani, reconocido fanático de la banda sangre, reversionó “Ser riverplatense” como “Canción del Matador” para el concierto que brindó en Chile.

Tres años después, en 2001, ahora sí una agrupación nacional, Banda Duque, presentaba “Caído del Cielo”, homenaje a la carrera de Iván Zamorano quien recientemente había anunciado su retiro de La Roja. Más allá de su parecido a “La Mano de Dios” de Rodrigo, el coro de la canción se grabó para siempre.



Y un día acabó la dupla. Zamorano dijo adiós y Salas quemaba sus últimos cartuchos. Chile volvía a la normalidad: ya no peleaba más nada, sumaba decepciones. Hasta la llegada de Bielsa en 2007. El resto de la historia es conocida. Vio la luz una generación extraordinaria que no tardó en erigirse como la mejor, comandada por Alexis Sánchez, Arturo Vidal y Gary Medel, entre otros.

La admiración que provocaban llegó en forma de canciones. En 2011, La Sonora Tomo como Rey dio el primer paso con “El Niño Maravilla”, canción dedicada a Alexis Sánchez, que poco antes había estampado su firma en el Barcelona. Pronto se sumó un homenaje a Arturo Vidal, por parte de Noche de Brujas.



Por lo visto, esta camada de jugadores podría seguir inspirando canciones, o quizás marcar el inicio de una relación más afianzada entre el deporte rey y la música, como pasa al otro lado de la cordillera.

Sobre el autor:

Eduardo Ortega |
Periodista de La Tercera.