*

Culto
Johnnie Johnson, el padre que el rock olvidó

Johnnie Johnson, el padre que el rock olvidó

Chuck Berry fue uno de los fundadores del género, indiscutido. Pero tras el pionero había un compositor ausente en los créditos. Cuando quiso su parte por haber coescrito algunos de los mayores clásicos del rock & roll, era demasiado tarde. Esta es la historia de Johnnie Johnson.

Se acerca el Año Nuevo de 1953 en St. Louis y el pianista Johnnie Johnson, líder del trío que lleva su nombre, figura como atracción del Cosmopolitan club para la noche. Está en problemas. Alvin Bennett, su saxofonista, se ha declarado enfermo. Entonces pensó en un tipo que había conocido tiempo atrás, un guitarrista larguirucho de mirada socarrona llamado Chuck Berry. En palabras de Johnnie, “esa noche duró casi 30 años”. Fueron equipo con el recién fallecido pionero del rock, y su firma debió figurar en la mayoría de los grandes éxitos del cantante y guitarrista como “Maybellene”, “School days” y “Roll over Beethoven”, entre varias, pero nunca ocurrió. En ese entonces Chuck tenía 26 y Johnson 28. Mientras el primero aún se abría paso en el mundo de los espectáculos, Johnnie (1926) podía ser considerado un veterano. Nacido y criado en West Virginia, tocaba piano desde los siete años, un regalo de sus padres. “Era un juguete gigante (…) me gustaba el sonido que salía”. Practicaba vez que podía y aprendió de oído tocando sobre los discos de su madre. Tempranamente “tenía mi propio estilo”.

Antes de asistir al parto del rock & roll, Johnnie experimentó en primera línea otros procesos radicales en la música popular estadounidense. Vivió el auge y la agonía de las big bands. Tras mudarse a Detroit a los 17 años para trabajar en la confección de material bélico para la Segunda Guerra Mundial, se enroló como músico en la infantería de marina. Integró una orquesta llamada The Barracudas y tocó siguiendo la batuta de estrellas como Count Basie y Lionel Hampton. De regreso en Detroit en 1946, estaba decidido a convertirse en músico profesional bajo una moral sobre su ejercicio que definiría su escaso interés por reclamar crédito. “Tú no tenías que ser la estrella, el grupo era la estrella”. Tres años después se marchó a Chicago en medio de la efervescencia del blues, cuando los cuartetos y los tríos, aprovechando los nuevos avances en amplificación, se imponían en la oferta en directo. Por un lado había un factor netamente económico -más baratos que contratar a una banda completa-, y también asomaba un componente generacional: los jóvenes ya no enganchaban con esa música dominada por bronces y voces engoladas, sino con el protagonismo creciente de la guitarra eléctrica, y unos cantantes menos formales y más cercanos a la energía y temperamento adolescente. Bill Haley dejaba atrás los sombreros cowboys y se pasaba al rockabilly, mientras el atormentado Hank Williams dotaba de una inusual y seductora oscuridad al edulcorado country.


Ladrón que roba a ladrón

A escasas semanas de aquella noche de Año Nuevo, Chuck Berry se había convertido en el líder del trío. Johnnie se sentía aliviado. Primero, Chuck tenía auto, él no. Y lo más importante: el nuevo miembro parecía muy interesado en conseguir shows. “Hizo muchas cosas por la banda”, reconocería Johnnie. El guitarrista viajó con un demo a Chicago para intentar un contrato con el sello Chess y ubicar al blusero Muddy Waters, necesitaba su consejo. Las gestiones de Chuck Berry se materializaron el sábado 21 de mayo de 1955 cuando grabó junto a Johnnie Johnson el clásico “Maybellene”, junto a otros futuros éxitos como “Too much monkey businnes” y “Roll over Beethoven”. En los créditos del sencillo aparecen como compositores Chuck Berry, Alan Freed y Russ Fratto. Berry no lo podía creer. En el sello le explicaron la payola, el sistema de pagos bajo cuerdas que las discográficas mantenían con los promotores radiales. Freed era el disc jockey sensación del momento entre los jóvenes y había popularizado el término rock & roll para definir esa nueva música que mezclaba distintos géneros para espanto de los adultos. ¿Y Fratto? Bueno, ponía el dinero en Chess, aunque también existe una versión que asegura que Fratto pagó a Berry para incluir su nombre.

En seis meses Johnnie Johnson asegura que produjeron 125 grabaciones -”Chuck era un tipo de mente brillante (…) podía hacer rimas fácilmente”-, en tanto Berry afianzaba su estilo en la guitarra eléctrica que había cogido elementos de intérpretes de décadas previas como Carl Hogan (guitarrista de Louis Jordan), Rosetta Tharpe, Charlie Christian (guitarrista de Tommy Dorsey), y en particular el sentido del espectáculo de T-Bone Walker (de quien Hendrix copió la parafernalia de tocar en la nuca). En ninguna composición figura Johnson. A lo sumo, se deslizó que Chuck se habría inspirado originalmente en su pianista para el personaje de “Johnny B. Goode”, su exitazo de 1958, aunque más tarde se oficializó que la historia era autobiográfica.

¿Merecía crédito? Keith Richards explica en el documental Hail! Hail! Rock ‘n’ Roll (1987) en homenaje a Berry, que sin restar mérito alguno a la genialidad de Chuck como letrista y guitarrista -fue el primer rockero en trasladar a versos los intereses y cotidianidad juveniles-, sus riffs copiaban lo que Johnnie Johnson componía al piano. “No creo que Johnnie se haya dado cuenta que es tan venerado como Chuck (…) Él lo adaptó a la guitarra, lo se por el tono. Está en el piano, en las teclas de Johnnie. Cuando tocas guitarra rock tocas en La, Re y Mi, acordes abiertos. Esto es un poco técnico pero (Chuck) toca acordes de piano, bronces, jazz, los acordes de Johnnie Johnson. Chuck puso esas letras maravillosas tras esos acordes. Pero sin que alguien le diera esos riffs, voilà, no hay canción. Solo un montón de palabras sobre papel”. Travis Fitzpatrick, autor de la biografía Father of Rock & roll: The history of Johnnie “B Goode” Johnson, explica que “Johnnie tiene un ritmo en la mano izquierda que es como un bajo que va cortando, alternado con quintas y sextas en cada beat. Es un cierto ritmo y agrega una cierta sensación de swing a lo que toca. Chuck adaptó ese estilo a la guitarra”.

En el mismo film Johnnie minimiza su rol tras el mejor periodo creativo de Chuck Berry, aun cuando queda en evidencia que trabajaban como equipo. “A veces estaba en el mismo cuarto mientras él componía, pero es todo. Él escribía la letra, y luego él y yo nos reuníamos y tocábamos cierta música en la que pudiera encajar la letra, y todo salía bien. Algunas eran rápidas, otras lentas, como esta pieza Havana moon, una especie de calipso (…) piezas como ‘Baby doll’ y ‘Roll over Beethoven’, todas eran rápidas, así que debimos componer música rápida que se mezclara con las palabras que él escribía, para poder sacar toda la oración y acabar a tiempo”. En la película se revelan otras peculiaridades de Chuck Berry, como la exigencia por show de pago en efectivo por adelantado, y la disposición de un grupo soporte. De hecho, Bruce Springsteen testimonia que siendo veinteañero a él y su banda les tocó acompañar a Berry sin conocer el listado de temas.



Ha pasado mucho tiempo

Johnnie Johnson era alcohólico y la bebida fue la causa de su quiebre con Chuck Berry en 1973. La afición ya era patente apenas se asoció con el guitarrista. Según el biógrafo Fitzpatrick, “estaba bebiendo mucho en ese momento, y no tenía ni idea… entró e hizo una grabación, se le pagaron 100 dólares y le dio un cigarro. Pensó que había sido pagado y eso era todo. No tenía ni idea de los derechos que obtuvo”.

Mientras Berry se enriquecía, Johnson tenía serias dificultades para sustentar a su esposa e hijos. Comenzó a trabajar manejando un vehículo y paulatinamente dejó de lado su carrera musical. En la segunda mitad de los 80 cuando Keith Richards lo reclutó para un reencuentro con Chuck Berry a propósito de la cinta documental, en tanto Johnson se ganaba la vida como chofer de ancianos, vino el renacer. Tras la película el guitarrista de los Stones lo incluyó entre los músicos de su álbum solista Talk is cheap (1988), tocó con Aerosmith, se presentó ante el presidente Bill Clinton en la Casa Blanca, y completó 24 fechas acompañando a Eric Clapton en el Royal Albert Hall de Londres. Incluso, a partir de 1990 y alentado por Keith Richards, Johnson comenzó a cantar.

En 1999 Chuck y Johnnie fueron invitados a un acto oficial en St. Louis, sin embargo tocaron por separado. Cuando Berry iba en la mitad de su set, echó al pianista de su grupo y a viva voz convocó a Johnson al escenario llamándolo “genio y compañero”. Públicamente Johnnie nunca manifestó rencillas con su colega, al contrario. “No es bueno tener rencor, no soy el tipo de persona que quiera llevar esa amargura conmigo”.

De todas formas en 2000 un Johnnie septuagenario y con las huellas evidentes del alcoholismo, demandó al legendario guitarrista por derechos de autor. Dos años más tarde los tribunales desecharon el juicio bajo el argumento de que había pasado mucho tiempo para dirimir la exacta autoría de los temas. En 2004 ambos músicos se reencontraron por última vez en un escenario. Al año siguiente, el 5 de abril, Johnnie Johnson murió sin que oficialmente se reconociera su aporte fundamental a la discografía más aclamada de Chuck Berry. Tenía 80 años.

Sobre el autor: