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Culto
El pop y la lucha: una conversación con los responsables de Levantando Polvo

El pop y la lucha: una conversación con los responsables de Levantando Polvo

Esta es la historia de un festival hecho a pulso en el nombre del pop.

Erasmo Escala 2185, un viernes cualquiera de marzo del 2016: un centenar de jóvenes vibran en una tocata, tan literalmente, que se tuvo que parar la canción de la banda para pedir, por favor, que dejaran de saltar por riesgo de derrumbe. Niños del Cerro y su piso trampolín es sólo una de las anécdotas que acumula el festival Levantando Polvo, instancia que nació el año pasado y que en abril del 2017 va por su tercera versión: potentes, autogestionados, despiertos, y listos para reivindicar luchas con una metralleta pop.

Sebastián Silva hace muchas cosas, tiene un trabajo de oficina, participa de una cooperativa que planea levantar arte a través del amor, y formó un centro cultural en Guanaqueros. Junto a Eduardo Álvarez, se transformó en el fundador de esta jornada de dos días luego de cruzar la organización coquimbana con una picada del barrio Huemul. “Con Eduardo hicimos una sociedad jurídica y al momento de descubrir El Manduca nos dieron ganas de hacer una tocata con los mismos cabros que estaban haciendo esa música que tanto nos gustaba”. Finalmente la historia fue otra, y el bar del barrio -que tiene mucha tierra y lograba darle sentido a la cantidad de polvo que iba a ser levantada entre saltos y gritos- no terminó siendo la casa que albergó la primera jornada. Así es como terminan en Erasmo Escala, con un piso extremadamente débil pero con la fortaleza de darse cuenta que algo viable y lindo estaba entre sus manos.

Con un poco más de experiencia, un equipo de cinco personas, y más de cuarenta bandas que han pasado por la iniciativa, este 14 y 15 de abril Levantando Polvo viene con su edición más variada, saliendo de los músicos que estaban en el radar inmediato y dándole espacio a cualquiera que decida ser parte mientras entienda los principios, como lo hizo Chinoy cuando llegó a la segunda versión preguntando si podía tocar.

Son pequeñas acciones las que han transformado a LP en una opción tangible con propiedades para ser llamado festival, demostrando que no es necesario ser la fiesta del verano o una marca internacional para levantar un proyecto musical. “La autogestión es una decisión que tomamos después del primer festival porque nos dimos cuenta que podíamos seguir y sentar precedentes. Funciona, da para mucho, y es hermoso porque es por nosotros mismos para nosotros mismos; tras la primera versión cachamos que podíamos agrandar ese nosotros”, dice Sebastián, que ahora cuenta con la ayuda de Bill Poblete quien se hace responsable del backline de los eventos. “Es nuestra manera de ver las cosas, pero en la vida en general. Lo más natural es que se haya dado de esta forma porque desconfiamos de los grupos más grandes, del Estado, de la empresa, así que preferimos hacer las cosas nosotros, porque también creemos que es posible que resulte”, apoya Poblete.



Todo con “cariño, respeto y ética”, como dice Sebastián. No sólo se trata de llevar una tarde de música, es construir en conjunto teniendo presente el respeto al artista. En Levantando Polvo todas las bandas que participan ganan exactamente lo mismo. A su vez, son los mismos quienes arman el backline con los equipos disponibles que tienen y prestan, y también son los responsables de crear el diseño del festival: en esta pasada, los dos escenarios serán armados por Chini Ayarza y Dadalú, mientras que los afiches quedaron a cargo de Tomás Cumplido de Plaga de Baile, Chico Unicornio de Perú y Marina Fages de Argentina. Todos músicos que pasarán por el Parque Quinta Normal, donde se vivirá la fiesta.

“El Levantando Polvo nos permite construir un discurso alternativo, reivindicativo, que si bien es súper natural en círculos como el punk o el hip hop, nosotros lo estamos llevando al pop, y eso es importante. Le hace bien al país, a la sociedad, al mundo porque permite transmitir que se puede escapar de los modelos cerrados como el chileno en el que el significado de éxito no es lo que buscamos”, dice con convicción Silva, entendiendo la importancia de mostrar que “viene toda una masa de jóvenes listos para levantar iniciativas, usando herramientas de la economía social, trabajando de manera cooperativa sin caer en las lógicas del mercado”.

Amigos, con otros amigos, haciendo música con amigos, para los amigos. Aún cuando el comienzo de la llama nace con agrupaciones como Niños del Cerro, Patio Solar o El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco, ahora entienden que se trata de un “apañe colectivo”, el mismo que se lee en el discurso de Gonzalo García de Planeta No o en el amoroso epé de Las Olas, Canciones Para Mis Amigos, ejemplos que mencionan los organizadores. No quieren perder eso, quieren seguir demostrando que se puede hacer un festival sin venderse a marcas, ni hacer excesivas relaciones públicas. “Es nuestro espacio de resistencia porque es por respeto a la base del artista que siempre tiene que ser rebelde y no aceptar las mierdas a las que nos acostumbran”, concluye Poblete que para este 2017 llevó la curatoría un a números no-tan-frecuentes en esta escena, como el electropop crítico Adrianigual, el mejunje sonoro fiestero que son Los Bárbara Blade o el caos crustcore de Marcel Duchamp.

“Me hace feliz saber que salimos de lo habitual y ver que este modelo de autogestión funciona”, explica Sebastián que también hace clases en Arcos sobre el tema. “Profesional, exitoso, colectivo, ordenado, responsable, amoroso y justo” es cómo ven y quieren seguir viendo a una de las jornadas más frescas de la música santiaguina, que invadirá Semana Santa con dos escenarios en un parque, sin marcas, sin logos, sin secretismos de plata, ni terceros que arruinen la esencia. Hay cosas que no se transan, dicen, mientras siguen soñando con enterrar aún más la bandera de lucha que abra miles de instancias como esta.


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