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Culto
Un fenómeno de los que solo existen en Argentina

Un fenómeno de los que solo existen en Argentina

Los Redondos de Ricota se transformaron en la voz de la masa en los años 80, con una propuesta anti establishment.

Nacidos a fines de los 70 en la ciudad de La Plata, hasta hoy uno de los mayores semilleros del rock de Argentina, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota partió como una agrupación de público reducido y que en un principio sólo impresionó a jóvenes con hambre de modernidad, universitarios de espíritu intelectual y figuras ochenteras como Luca Prodan o Enrique Symms.

Pero todo cambió a partir de 1984 con la salida de Gulp!, su primer disco. En una escena bonaerense con cierta inclinación elitista o “cheta” según el léxico porteño -Charly grabando en Nueva York, Virus hechizado con el pop electrónico, Soda Stereo replicando el patrón de la música inglesa-, los Redondos empezaron a hablarle a la gran masa que se sentía segregada del establishment corporativo. Pero aún más: empezaron a comportarse como el público marginal, o a actuar según lo que ellos esperaban de un conjunto rockero.

Por ejemplo, escogían la fecha y lugar de un show, y luego dejaban que empezara a funcionar la maquinaria del boca a boca, que llegaran aquellos que realmente se sentían tocados por su propuesta, sin anzuelos publicitarios. Sus recitales se convertían en un fondo común donde todo el dinero se destinaba a la grabación y distribución de sus álbumes. Cuando los discos estaban en la calle, el plan era que cada cual interpretara las creaciones como le diera la gana.

Una red contracultural que hizo cómplices a los músicos y su fanaticada, y que derivó en imágenes y frases tatuadas como consignas de vida, reproducidos en millones de poleras, cintillos, lienzos, gorros, carteles, grafitis y cualquier superficie que aguantara la ideología ricotera: “Violencia es mentir”; “lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”; “verte feliz no es nada, es sólo rock and roll del país”; “fíjate de qué lado de la mecha te encontrás”; “el que se retira nunca gana”; “el infierno está encantador”.

Para remarcar aún más su distancia con el mundo oficial, uno de sus primeros éxitos en 1985 fue La bestia pop, donde cantaban con ironía: “Voy a bailar el rock del rico Luna Park”.

Para reforzar aún más el ideario ricotero, su música no tenía más pretensión que un par de guitarras afiladas, algunos trazos de saxo y unas voces que siempre parecían urgentes, ahogadas y enigmáticas. Además, Solari, alérgico a las entrevistas y en batalla eterna con los medios de comunicación, sólo se comunicaba a través de cartas y, posteriormente, posteos en su blog o Facebook, por lo que su palabra parecía la de un elegido que de vez en cuando bajaba de la montaña para desplegar su sabiduría infinita. De hecho, el cantante ha dado sólo una conferencia de prensa en su vida y para reclamar por una presentación cancelada.

Sobre el autor:

Claudio Vergara |
Subeditor de Espectáculos de La Tercera y periodista especializado en música popular.