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Culto
Love después de Love

Love después de Love

Con una primera temporada difícil de superar, la serie estrenó su segunda tanda de episodios el viernes 10 de marzo. No es tan simple como calificarla como mejor o peor que la anterior, ya que esta continuación es una propuesta diferente, claro que conservando la esencia de las relaciones al desnudo y los chistes naturales que no requieren de risas grabadas de fondo.

Los últimos minutos de la primera temporada de Love, la serie que trajo de vuelta a Judd Apatow, siguen la tónica de los 10 primeros capítulos: una montaña rusa de melancolía, indecisión, soledad, juventud que se niega a partir y la adultez inminente.

Mickey va en busca de Gus con la convicción de confesar que, hasta que no supere sus problemas de adicción, no puede estar en una relación ni con él ni con nadie. En un giro inesperadamente predecible, la respuesta de Gus fue besarla. Puede no ser un gran evento, considerando que Mickey paró en seco a Gus, insistiendo en que ella necesita tomarse un año libre de alcohol, drogas y… amor. Él, de acuerdo a su estereotipo de chico tierno, dice entenderla y se compromete a apoyarla —quizás demasiado—. No duraron más de un día sin que un mensaje de texto los reuniera, una vez más, como un regreso inevitable.

Uno de los elementos interesantes de la segunda temporada, estrenada el viernes pasado, es la independencia que tiene cada episodio. Por supuesto que la relación de Mickey y Gus sigue su curso, pero no es eso lo central, porque Judd Apatow y Paul Rust —los cerebros de la serie— comprenden que el ser humano tiene más dimensiones que explorar que solo la vida amorosa. El temor e incertidumbre que genera el rumor de una ola de despidos en la radio de Mickey, que corten antes de tiempo la producción en la que trabaja Gus, asistir a grupos de autoayuda, o lo difícil que es ser una «alien» soltera en una cena de parejas que solo hablan de sus hijos, son algunas de las temáticas que refrescan a la serie.

Poco a poco ambos asumen que de nada les sirve evitarse. Con sus diferencias, ambos se necesitan aunque deban dejar sus orgullos de lado. Ahora tienen una relación que simplemente avanza sin dejarse parar por obstáculos autoimpuestos e interrogantes que nada aportan, como qué tan seguido mandar mensajes de texto, o si pueden o no verse al día siguiente. Mickey y Gus se entregaron a las consecuencias de una química innegable, mientras batallan con la adultez inminente.

Pero la serie no tendría mayor sentido si se muestra un amorío que mágicamente funciona a la perfección. Ambos dieron un gran paso al asumir lo que sienten, pero aún tienen temas que resolver. La condescendencia que Mickey siente por parte de Gus, la falta de interés en Witchita que Gus resiente de ella, las consecuencias de estar un mes distanciados y los fatídicos «remember», mantienen en vilo a quienes siguen la serie.

Love no es el clásico cuento de hadas, aquí la damisela en peligro sabe cuidarse sola a pesar de los tropezones que da en el camino, y el caballero en la brillante armadura intenta cuidar a la mujer que, más que preocupación y protección, quiere sentirse comprendida.

Son probablemente las ambigüedades en los personajes y en las vueltas de la vida, los que hacen de esta serie una ficción creíble, entretenida y con la que uno se puede identificar. La realidad no tiene lógica, y a través de Mickey y Gus nos trasladamos a un universo alterno que finalmente no dista mucho del que vivimos.


Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov