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Culto
El Cachorro López, una costumbre argentina

El Cachorro López, una costumbre argentina

Sobre la segunda mitad de la década de los setenta, Gerardo López, Cachorro como lo apodan, decidió que viviría de la música. Una decisión que lo vinculó, entre tantos otros, a Miguel Abuelo y Los Abuelos de la Nada, su paso más memorable antes de cambiar los escenarios por la producción.

Ibiza sería el punto de encuentro que sellaría el antes y el después. El comienzo de ese vínculo tan estrecho que une hasta el día de hoy a la música y al por entonces rugbista de Alumni formado en el Belgrano Day School. En 1976, y con tan sólo 20 años, no escuchó y siguió. Seguramente desgarró más de alguna ilusión familiar, pero optó por perseguir un camino acaso más propio, uno que le resultase verdaderamente suyo. Así llegó a la isla balear donde “intoxicado”, como aclaró más de alguna vez, conoció a su eterno compañero.

Las duplas históricas precisamente son una de las tantas costumbres argentinas. Cualquiera que realice el ejercicio de enumerar algunas, seguro que rápidamente amontonará en sus recuerdos a Maradona y Valdano, Aznar y Lebón, Román y Palermo, Gallardo y Ortega, Charly y Nito, Charly y Mercedes, Charly y el Flaco. Todas imprescindibles. Pero faltó una, inolvidable, protagonista de los ochentas: Miguel Abuelo y Gerardo Cachorro López.

“En unos años más la rompemos”. Muy probablemente no fue así, pero uno imagina, fantasea con que ése fue el pronóstico, acaso la frase que cerró el primer encuentro que sostuvieron Abuelo y Cachorro en España. Porque para que volvieran a cruzarse pasaron unos cuantos años, en los que López se curtió como bajista bajo la influencia de un grupo de jamaiquinos, tocando en los sótanos ilegales y bares clandestinos de Bristol.

Cuando pegó la vuelta, lo contactó a Miguel: quería saber si concretarían lo que habían tramado entre alcohol y guitarras en Ibiza. El “sí” dio paso a la búsqueda y hallazgo de Andrés Calamaro. (Re)Nacían Los Abuelos de la Nada en medio de una época extraordinaria para la música argentina. Se sumaban a Serú Girán y al Flaco y Spinetta Jade, por nombrar sólo a algunos.

Serían casi cuatro años llenos de excesos, extremos y también muy exitosos. Desde el disco homónimo, producido por el mismísimo Charly García, hasta “Himno de mi corazón”, Los Abuelos de la Nada lograrían impactar el ambiente musical con su fusión de estilos: reggae, pop y ritmos latinos. Y Cachorro sería pieza fundamental en la consecución de esta mezcla, encajando todo lo que había aprendido en tierras inglesas para determinar el perfil sonoro de la banda.

Los Abuelos de la Nada sería todo para López. No sólo como esa suerte de plataforma que lo consagraría como multi-instrumentista en su país natal, sino que también como esa chance que se abrió espontáneamente permitiéndole emprender una nueva carrera en torno a la música. En plena grabación de “Himno de mi corazón”, nuevamente Ibiza lo tuvo al Cachorro iniciándose. Pero esta vez como productor, un camino que le ha significado gran reconocimiento y premios, como los Grammys del 2006 y 2009.

Como relata el propio López, la banda, que tenía fama de revoltosa, trabajaría con un ingeniero de sonido inglés. Daniel Grinbank, su mánager, les advirtió que sólo uno sería el encargado de tomar la posta como productor e interlocutor. No lo dudaron un segundo: Cachorro fue el elegido. De ahí en más, picó ese bichito de seguir.

Quedó la idea y no se equivocó: de músico valiosísimo en el éxito de Los Abuelos y Miguel Mateos, pasó a producir estilos tan variados como los de Miranda! y Andrés Calamaro, Paulina Rubio, Vicentico, Julieta Venegas y Cristian Castro. Desde entonces, no resulta para nada extraño hallar su nombre en los créditos de los discos más exitosos del género pop en los últimos 15 o 20 años.

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