*

Culto
Adam Thirlwell: “Todas las novelas deben entenderse como parte de una historia mundial”

Adam Thirlwell: “Todas las novelas deben entenderse como parte de una historia mundial”

El autor ha sido reconocido como uno de los mejores novelistas jóvenes británicos.

Adam Thirlwell (Londres, 1978) ostenta un reconocimiento poco usual. Dos veces fue seleccionado por la revista Granta como uno de los mejores novelistas británicos jóvenes, una elección que se hace cada 10 años. La primera fue en 2003, cuando aún ni siquiera había publicado, y la segunda en 2013. Admirador de Milan Kundera en su juventud, hace unos años intentó entrevistarlo; Kundera se negó, pero le hizo saber que admiraba sus libros.

Narrador y ensayista, sus disquisiciones sobre la naturaleza de la novela, del estilo y las traducciones que realiza en La novela múltiple podrían considerarse como un triunfo cosmopolita. No sólo defiende una tradición “irónica” frente a la “realista”, sino que además opta por autores menos conocidos: el italiano Carlo Emilio Gadda, el checo Bohumil Hrabal, el polaco Witold Gobrowicz, el argentino Macedonio Fernández. Pero no sólo el rebuscamiento lo guía, también están las figuras tutelares de Vladimir Nabokov, Saul Bellow o Milan Kundera. Sostiene, además, que un estilo sobrevive a las malas traducciones e incluso algunas obras pueden beneficiarse de ellas. La literatura es internacional.

Cosmopolita en otro sentido podría ser la última novela de Thirlwell, Estridente y dulce, recién publicada por Anagrama. En una gran ciudad que podría ser Londres o no (los personajes salpican palabras en idiomas distintos que el inglés, especialmente castellano), un treintañero mimado (sus padres lo mantienen a él y a su esposa y creen que es un genio) se plantea sus incertidumbres morales y existenciales: la novela comienza cuando despierta desnudo en un hotel junto a una amiga de su esposa, que está inconsciente y sangrando por exceso de drogas.

Antes de Estridente y dulce, Thirlwell publicó Política (2003), sobre un trío amoroso de jóvenes londinenses, y La huida (2009), sobre un libertino y rico inglés de más de 70.


— ¿Qué quiere decir con una “literatura internacional”?
Quiero decir: toda literatura debe ser capaz de sobrevivir a su traducción. Pero también: la literatura no puede entenderse en términos nacionales. No hay tal cosa como la novela chilena, o la novela británica: todas las novelas deben entenderse como parte de una historia mundial.

— Al apuntar que “no hay nada que no sea traducible”, dice que el traductor debe buscar los efectos del original.
Sí. Sólo que nunca hay un ajuste perfecto de forma y contenido en ninguna novela -o frase. La tarea del traductor es reproducir en su propio idioma cualquier acrobacia que el novelista realice en el suyo. A veces eso puede significar fidelidad absoluta al sentido; a veces eso puede significar fidelidad absoluta a la forma. A veces puede significar algo más…

— ¿Qué es el estilo? En el libro define la palabra varias veces.
Bueno, el problema es que hay tantas maneras de definir un estilo como de definir un yo. Un estilo es a la vez totalmente único y un collage de otras personas. Pero supongo que básicamente significa: los hábitos únicos que un escritor emplea para lograr que un lenguaje viva. Pero eso sólo sucede a causa de obsesiones únicas, hábitos de visión únicos.

— En Estridente y dulce estamos en una ciudad que podría estar en cualquier parte. ¿Es otra forma de cosmopolitismo?
Supongo que sí. Creo que estaba en parte interesado en hacer una novela que pudiera ser portable a cualquier lugar, pero también creo que de muchas maneras una cierta atmósfera es internacional, y yo estaba tratando de describir esa atmósfera. Vivimos en un miasma de lenguaje digital; y entre una arquitectura que es una especie de no-espacio universal: salones de aeropuertos, autopistas, todo el espacio chatarra de nuestra era. Y quería ser preciso sobre ese territorio vago.

— ¿Por qué hay tantas palabras en castellano?
Tal vez porque quería inventar un estilo lingüísticamente múltiple (hay también francés, yiddish y chino allí…). Y tal vez también porque estaba tratando de aprender español mientras la escribía… Pero tal vez la razón secreta fue que en cierta forma imaginé esta novela como una novela latinoamericana: una donde las ideas habituales de lo real y lo irreal, de la acción y del pensamiento, se volvieron al revés.

— Uno de los héroes del narrador es Vicente Huidobro. ¿Comparte ese gusto?

Me encanta Huidobro. Me encanta su Non Serviam. Y me encanta su idea de que la escritura debe ser su propia realidad, más que un simple dispositivo de registro.

— Un trío de jóvenes al centro de Política; el protagonista de La huida es un septuagenario; en Estridente y dulce el narrador tiene treinta y tantos. ¿Tiene un tema con la edad?
De alguna manera creo que la edad de uno es un prisma irreparable a través del cual se ve la vida. De manera que no es posible escribir sin considerar la edad del personaje. En Estridente y dulce pienso que estaba particularmente interesado en los 30 como un período de tristeza: como si uno estuviera intentando una última vez rechazar la idea del tiempo. Lo que quiere decir rechazar la idea de vivir -o de morir. Todas las categorías serias -matrimonio, hijos, ambición- están alineadas esperando ser vaciadas para siempre, o suntuosamente cumplidas.

Sobre el autor: