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La enorme presentación de Gabriel Parra y Los Jaivas en el Festival de Viña

La enorme presentación de Gabriel Parra y Los Jaivas en el Festival de Viña

Detrás de su Ludwig Octaplus color madera, el baterista de Los Jaivas mostró sus credenciales en “Corre que te pillo”.

UNO

“Ahora un malambo”, grita Claudio Parra por televisión abierta antes de invitar a zapatear. Es febrero de 1983 y Los Jaivas avanzan sobre lo que será la primera de dos presentaciones en la Quinta Vergara.

El músico de rulos está a un costado del piano de cola cuando los ritmos de la pampa se apoderan del escenario. Su hermano, el baterista Gabriel Parra, golpea un cencerro y el bombo de su batería Ludwig Octaplus, desde donde transcribe los ritmos del folclore argentino.

En el segundo siguiente, a través de un movimiento ágil, Gabriel se sienta y rápidamente toma las riendas de la batería. Su instrumento alcanza un ritmo cromático mayor que el de la mayoría de los grupos, gracias a los toms o tambores de su batería.

“Él dominaba un tambor afinado por cada nota musical de la escala. Es decir, uno en do, otro en re, otro en mi y así sucesivamente hasta llegar al si de la escala”, explica Pamela Urbina en Los Jaivas. 50 años de historia (Ediciones B), lo que es poco común si consideramos que la mayoría de los bateristas de rock utiliza solo tres: Gabriel ocupaba doce.

“En este sentido, el sonido del bombo y de la caja es siempre grueso, generando que el armazón sonoro en sus frecuencias bajas esté la mayoría del tiempo a cargo de la batería”, agrega la periodista.

Lentamente, a medida que la canción toma forma, los colores de la transmisión, provenientes de una época que ahora parece hecha de pura ciencia ficción, comienzan a saturarse como en los videos de las bandas de rock progresivo:


DOS

Alguna vez la revista argentina Pelo describió a la música de Los Jaivas como “el matrimonio de Violeta Parra y Jimi Hendrix”.

“Tal vez somos los únicos representantes de un movimiento”, se apresuraron a responder los propios músicos, apenas irrumpieron en la escena nacional, cuando estaba en boga la Nueva Ola y la música estadounidense que castellanizaba sus canciones.

Fue el propio Gato Alquinta, en una entrevista publicada por La Bicicleta en 1985, quien confesó que se aburrieron de ser intérpretes, que siempre habían querido crear y que decidieron romper esa modalidad con la búsqueda de una identidad propia.


TRES

“Corre que te pillo”, el tema que se toma el pulso de las palmas en Viña, fue grabado originalmente en 1973 para la edición argentina de La ventana, pero no fue hasta 1982 que Los Jaivas incluyeron la versión más conocida de la canción, esa que aparece en Aconcagua (1982), con Gato Alquinta en el bajo Rickenbacker y Mario Mutis en la guitarra Gibson:


CUATRO

El mismo año que “Alma, corazón y pan”, el tema de Gervasio, resultó vencedor de la competencia internacional, Gabriel Parra mostraba su virtuosismo por última vez en Viña del Mar, en la mejor de todas las visitas que la banda hizo a ese escenario, el más masivo y mediático del país.

Cinco años más tarde, en 1988, después de girar por Latinoamérica y Europa, luego de grabar los álbumes más importantes de la banda, el baterista murió en un accidente automovilístico en Perú, dejando un vacío irremplazable en la banda y un sonido tan elogiado como único.


CINCO

¿De qué hablamos cuando hablamos del sonido de Los Jaivas? Alguna vez Eduardo Parra dijo que todo comenzó en la caja de resonancia del piano de cola, cuando Gabriel comenzó a tocar una trutruca dentro mientras Claudio, el tercer hermano Parra de Los Jaivas, apretaba el pedal que deja suelto todo el encordado.

“Salió desde lo más profundo de los universos musicales”, contó en una entrevista, “el sonido de una trutruca que era tocada en medio de valles rodeados de montañas de la Cordillera de los Andes”, contó el músico.

Ese fue el punto de partida para experimentar entre una combinación de instrumentos del folclore con los instrumentos clásicos, como sugiere el trabajo visual de René Olivares con las carátulas de sus discos, o desde “la mezcla de las modalidades europeas de creación musical con una música ancestral que muchísimos nosotros debimos más imaginar sacar de los anales de los pueblos autóctonos del continente”.

Claudio Parra, el mismo que presentó el tema en Viña del Mar, es una especie de “colchón” que sostiene la música de Los Jaivas. Mientras su mano izquierda refuerza la tarea del bombo de Gabriel, su mano derecha genera las más ricas melodías en arreglo de las canciones, muchas veces repitiendo las líneas realizadas por la voz principal.

Eduardo, que en la presentación de Viña aparece al otro costado del escenario, aporta uno de los elementos extraños y más característicos del sonido de la banda, el moog, que es un sintetizador que juega con frecuencias eléctricas y que fue popularizado en la década de los 70 por bandas de rock progresivo.

El resto es historia:

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars