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Culto
Desentenderse para crear

Desentenderse para crear

En Shanzhai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China, de reciente traducción en Argentina por Caja Negra Editora, el teórico cultural surcoreano Byung-Chul Han enfrenta las ideas de la originalidad y la copia con el pensamiento oriental.

UNO
Shanzhai es el neologismo chino que nombra a lo falso, al fake, a la copia. “Hay libros shanzhai, Premios Nobel shanzhai, películas shanzhai, diputados shanzhai o estrellas del espectáculo shanzhai”, escribe el más original de los teóricos culturales surcoreanos, Byung-Chul Han, autor de Shanzhai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China, un ensayo recientemente traducido por Caja Negra Editora en Argentina.

Al principio, el término se refería a los teléfonos, a falsificaciones de productos de marcas como Nokia o Samsung que se comercializan bajo el nombre de Nokir, Samsing o Anycat, aunque el shanzhai, como idea, abarca a todos los terrenos de la vida.

El shanzhai, explica el autor que lo abandonó todo (país, familia, carrera, idioma) para estudiar filosofía en Alemania, visualiza un tipo singular de creatividad. Sus productos van apartándose del original sucesivamente, hasta mutar en originales: “Adidas se convierte en Adidos, Adadas, Adadis, Adis, Dasida, etcétera. Juegan con las marcas a la manera dadaísta, lo cual no solo se revela como una expresión de creatividad, sino que también tiene un efecto paródico o subversivo frente al poder económico y los monopolios”.

La riqueza imaginativa de los productos shanzhai, puntualiza Han, es en muchas ocasiones superior a la del original: “Por ejemplo, existen teléfonos shanzhai con una función adicional para reconocer dinero falso. Eso los convierte en un original. Lo nuevo emerge a partir de variaciones y combinaciones sorprendentes”.


DOS
Lo que Han pretende criticar, a través de un acabado repaso del pensamiento chino, en prosa transparente y muy concisa, es la idea occidental de que toda copia es detestable y que todos debemos perseguir el original.



TRES
Tal vez lo más interesante del ensayo aparece cuando el autor de La sociedad del cansancio (su libro más famoso y traducido) se refiere a los productos culturales. En China, asegura Han, estos no suelen estar atados a un autor individual. Los productos culturales no son, por antonomasia, la expresión de un individuo genial. Por el contrario, carecen de un creador o propietario de la obra en cuestión.

Tomando como punto de partida la falsificación, Han se larga a explicar la constante transformación china como un opuesto a la idea de identidad occidental, al sentido de permanencia y de conservación.

La palabra shanzhai significa originalmente fortaleza de montaña, escribe Han, que utiliza la novela El ladrón de Liang-Schan-Moor para intentar otra lectura del concepto: “Para empezar, su autoría no está clara. Se supone que las historias que conforman el corazón de la narración fueron redactadas por varios autores. Además, existen distintas versiones. Una de ellas está formada por setenta capítulos, otra por cien e incluso hay una de ciento veinte”.

Otro ejemplo llamativo de shanzhai se encuentra en la actual literatura china. Si una novela tiene éxito, por ejemplo, no tardan en aparecer fakes. Dice Han: “Hay fakes que transforman el original, ubicándolo en un nuevo contexto o dotándolo de un giro sorprendente”.

Ocurre con la saga Harry Potter, por nombrar un caso, que puso en marcha una dinámica de este tipo. Harry Potter y la muñeca de porcelana presenta una sinización de la historia escrita por J. K. Rowling: “En el monte sagrado Taishan, junto a sus amigos chinos Long Long y Xing Xing, vence a su adversario oriental Yandomort, la contrapartida china de Voldemort. Harry Potter habla un chino fluido, aunque no maneja muy bien los palillos”.



CUATRO
En el libro campea una idea que no se refleja en los asiatismos trillados de la no acción o la contemplación. “El desentendimiento es la madre de la creatividad”, cita al filósofo alemán Hans Lenk cuando ubica al shanzhai en uno de los asuntos más inverosímiles y complejos a vista de Occidente: “El propio maoísmo chino era una forma de marxismo shanzhai”, escribe Han.

Según el filósofo del momento, el seguidor de Heidegger y el budismo zen, “al no haber trabajadores ni proletariado industrial en China, se transformaron las enseñanzas marxistas originarias. Su capacidad de hibridación hace que el comunismo chino se apropie del turbocapitalismo. Los chinos no ven ninguna contradicción entre el capitalismo y el comunismo”.


CINCO
Lo decíamos antes: contra la raigambre platónica según la cual verdad y belleza son inmutables e idénticas únicamente a sí mismas, Han plantea que la creatividad responde a un proceso continuo de variación, combinación y mutación. En ese punto el autor enarbola una tesis y lo dice mejor: “El pensamiento chino desconfía profundamente de las esencias inmutables o principios”.


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