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Culto
La montaña de las almas perdidas

La montaña de las almas perdidas

Esta historia, indulgente y sobredimensionada, deja en claro que para Verbinski más es siempre mejor y que un ángulo de cámara cool con lindos colores de fondo basta para hacer una buena película.

Tras dirigir durante una década a Johnny Depp en demasiadas entregas de Piratas del Caribe así como en Rango y El llanero solitario, Gore Verbinski se adentra una vez más en el terreno del terror y misterio como ya lo hizo en El aro (2002). Más allá de demostrar que tiene un buen ojo para la estética, el resultado de La cura siniestra es lamentable.

El joven Lockhart (Dane DeHaan) llega a un sanatorio en las alturas de las montañas en Suiza. Lo que parece ser un lugar ideal para la meditación tipo La montaña mágica de Thomas Mann pronto se desvía hacia terrenos tipo La isla siniestra (2010) y Darkman (1990), donde el joven descubre el oscuro pasado del lugar, habitado por brujos, experimentos, incestos y anguilas. Esta historia, indulgente y sobredimensionada, deja en claro que para Verbinski más es siempre mejor y que un ángulo de cámara cool con lindos colores de fondo basta para hacer una buena película.

Aunque se agradece la ambición, se equivoca de lleno, ya que el desbarajuste que por sobre la hora de metraje se empieza a presentar es descomunal.

Con un desfile interminable de personajes que actúan de manera sospechosa desde un inicio, un protagonista altamente poco empático y que parece nunca haber visto una película de terror, además de actuaciones planas, estas insufribles dos horas y media de absurdos caricaturescos y lugares comunes nos dejan buscando una cura para el aburrimiento.



La cura siniestra. Dir.: Gore Verbinski. Con Dane DeHaan. 146 min. Terror, 2017. Mayores de 14

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