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Culto
Grandes amores del arte

Grandes amores del arte

Hay relaciones amorosas que cruzaron el tiempo y dejaron una huella en el arte y la cultura. Relaciones de pasión y admiración mutua, a veces cruzadas por los celos o la infidelidad, y con finales muy distintos.

Frida Kahlo y Diego Rivera

Después de que en 1925 el bus en el que viajaba fuera arrollado por un trolebús, Frida Kahlo (1907-1954) tuvo un periodo de convalecencia que debió pasar en cama, espacio donde comenzó a pintar. Lo que inició como una actividad para olvidar sus dolores se convirtió en su gran pasión y, además, unió su vida con la del artista mexicano Diego Rivera (1886-1957).

En 1928, Frida se acercó a Rivera, quien ya gozaba de fama por sus murales, y le mostró sus obras para conocer su opinión. El muralista quedó sorprendido con las pinturas y también con la creadora: comenzó así una relación casi instantánea que se celebró con un matrimonio en agosto de 1929. Ella tenía 22 y el 42.

Además de conectar a través de la pintura, ambos estaban comprometidos con revoluciones sociales y políticas. Fueron miembros del Partido Comunista hasta 1929, cuando Diego Rivera fue expulsado por sus opiniones en contra del estalinismo.

La relación de Frida Kahlo con Diego Rivera estuvo colmada de pasiones compartidas, como también de desencuentros e infidelidades. Se separaron cuando Frida entabló un amorío con León Trotsky, pero finalmente se reencontró con Rivera y se mantuvieron juntos la muerte de ella, en 1955.

La pintora Frida Kahlo junto a su esposo, el muralista Diego Rivera.

Scott y Zelda Fitzgerald

Iconos de la juventud y el glamour de los años 20, Scott (1896-1940) y Zelda Fitzgerald (1900-1948) fueron una pareja admirada y sinónimo de fiestas y excesos. Se conocieron en 1919, cuando ella tenía 18 años; Scott quedó fascinado con su personalidad. Se casaron en 1920, un mes después de la publicación de A este lado del paraíso, la primera novela de Scott, que le dio el dinero para mimar a Zelda Sayre, hija de una adinerada familia de Alabama. Un año después del matrimonio, Zelda quedó embarazada de su única hija, Frances Scottie.

Los primeros años de relación de los Fitzgerald fueron una gran fiesta donde los viajes a Europa, hoteles de lujo, bailes y alcohol eran algo recurrente. Ambos eran escritores, aunque por esos años Scott fue el único en obtener reconocimiento e incluso llevarse el crédito de algunos cuentos de Zelda que se publicaron en revistas. La creación literaria de ambos tiene muchas similitudes, debido a la vida compartida, que fue la base de su obra. Scott se inspiró en Zelda para la creación de sus personajes, incluso utilizó extractos de los diarios de ella en sus historias. Zelda tuvo un beve reconocimiento como escritora, ya que sólo publicó una novela, en 1932 (Resérvame el vals).

Sin embargo, más allá de las luces, la pareja también es recordada hoy como una de las más trágicas de la era del jazz. Después de que se acabó la gran fiesta, el fracaso comercial de El gran Gatsby, el alcoholismo de Scott y la esquizofrenia de ella, terminaron por derrumbar su matrimonio. Zelda acabó entrando y saliendo de sanatorios siquiátricos y murió en 1948, cuando un incendio quemó el asilo en el que residía. Años antes, la muerte alcanzó a Scott de manera repentina en 1940, con un ataque al corazón, y su novela El último magnate quedó inconclusa.

La pareja icono de los años 20: Zelda y Scott Fitzgerald.

Jasper Johns y Robert Rauschenberg

Según el propio Jasper Johns (1930), Robert Rauschenberg (1925-2008) fue el primer artista real que conoció cuando recién llegó a Nueva York en 1953. “Podría decir que aprendí de él lo que significa ser un artista… Durante cuatro años ambos fuimos la principal audiencia del trabajo del otro”, dijo Johns en una entrevista para The New Yorker en 2006. Y fue Rauschenberg quien convenció a Johns de renunciar a su trabajo, para colaborar con él en el diseño de escaparates y piezas teatrales. Fue entonces cuando más allá de socios se convirtieron en amantes.

La relación ha sido calificada como intensa, competitiva y creativa. Rauschenberg, cinco años mayor y con una carrera artística consolidada, era quien llevaba la batuta en la pareja. Ambos fueron máximos exponentes del expresionismo abstracto de los 50, pero el camino de Jasper Johns dio un giro cuando en 1958 hizo su primera muestra individual en la galería de Leo Castelli, en Nueva York, donde se exhibió su obra Flag (comprada por el MoMA). Fue en medio de la creciente fama de Johns cuando Robert Rauschenberg puso fin a la relación que llevaban.

Los artistas Jasper Johns y Robert Rauschenberg.

Jean-Paul Sartre y Simone De Beauvoir

Ella tenía 21 y el 24 cuando se conocieron en París, en 1929. Simone de Beauvoir (1908-1986), quien siempre sintió que tenía un cerebro de hombre en el cuerpo de una mujer, fue una niña solitaria que sentía amor por los libros y el conocimiento. A su vez, Jean-Paul Sartre (1905-1980) fue un niño consentido y ególatra.

Nunca vivieron juntos, no contrajeron matrimonio y tampoco tuvieron hijos; por el contrario, la relación de esta pareja de intelectuales tuvo contornos polémicos por su apertura a la poligamia. Ambos aceptaban que el otro mantuviera relaciones con terceras personas, y sostuvieron una amistad íntima en la que compartían sus obras e ideas.

Simone de Beauvoir fue el amor necesario de Sartre. El mismo definió dos tipos de amor, el necesario y los amores contingentes, término con el que se refería a sus otras mujeres. Mientras que Simone también mantuvo relaciones con hombres y mujeres.

La relación de la pareja duró más de medio siglo, pero se fue deteriorando con la rutina de lo cotidiano. Sartre se enamoró de Arlette, una de sus amantes, y Simone encontró el amor en una joven llamada Sylvia. Cada uno adoptó legalmente a sus amantes como hijas, volviéndolas albaceas de sus obras póstumas.

Simone de Beauvoir y Sartre en su juventud.

Pablo Picasso y Marie-Thérèse

Fue en 1927 cuando Pablo Picasso (1881-1973) se plantó frente a Marie-Thérèse (1909-1977): cautivado por su rostro, le contó su intención de retratarla en una pintura. Marie-Thérèse Walter, una joven sueca de 17 años que vivía en París, aceptó la invitación. Desde entonces la obra del pintor español, que tenía 45 años, estuvo fuertemente influenciada por la presencia de Marie-Thérèse .

En principio la relación fue un secreto que se encriptaba en esculturas y dibujos del artista. Incluso Marie-Thérèse se disfrazó de hombre y se hizo pasar por su chofer para viajar con él. Pero en 1932, Picasso crea algunas de sus grandes obras, como Mujer sentada cerca de una ventana, Marie-Thérèse apareció constantemente en sus cuadros: leyendo, durmiendo, sentada o bebiendo. Lo que dio a conocer su amor a ojos del público, y también a los de Olga Khokhlova, esposa del artista.

Pablo Picasso y Marie-Thérèse tuvieron una hija en 1935, Maya. Sin embargo, nunca se casaron: el pintor no se divorció legalmente de Olga. La relación se mantuvo con los años, pero el artista español encontró otro amor en la fotógrafa franco-yugoslava Dora Maar y luego en Francoise Gilot. Un año después de la muerte de Pablo Picasso, en una entrevista en 1974, le preguntaron a Marie-Thérèse qué le venía a la mente al oír el nombre de su ex amante, ella contestó: “El secreto… Vivíamos en secreto y éramos felices”. Ella se quitó la vida en 1977.


Ernest Hemingway y Martha Gellhorn

Una relación apasionada que duró diez años. Se conocieron en 1936, se casaron en 1940 y se divorciaron en 1945. Se encontraron por primera vez en un bar en la isla Key West, de Florida. Ella lo admiraba porque había leído sus cuentos y novelas (Hombres sin mujeres, Fiesta y Adiós a las armas). Y fue a raíz de una conversación con Hemingway que Martha Gellhorn se convirtió en corresponsal de guerra.

Martha Gellhorne (1908-1998) fue la única mujer que le hizo sombra a Ernest Hemingway (1899-1961). Alcanzó gran prestigio como reportera de guerra, lo que la alejaba de su marido. Ambos compartían la pasión por la escritura y la búsqueda de aventuras, lo que finalmente los condujo por caminos separados. La relación se terminó cuando él conoció a Mary Welsh y le pidió matrimonio.

El novelista Ernest Hemingway junto a la corresponsal de guerra Martha Gellhorn.

Sylvia Plath y Ted Hughes

Ambos escritores y poetas, se conocieron en la Universidad de Cambridge en 1955. Al año siguiente se casaron, compartieron sus vidas, dos hijos y una relación de celos e infidelidades.

Plath y Hughes se separaron en septiembre de 1962, después de que ella se enterara de la infidelidad de su esposo. Sylvia Plath, que intentaba superar la separación, volcó su soledad en la escritura y en febrero de 1963 envió una carta al poeta inglés para comunicarle que había decidido marcharse a París. Ted Hughes recibió la carta un viernes, fue a casa de Plath en Primrose Hille, al norte de Londres, y mantuvieron una fuerte discusión.

Dos días después, Sylvia Plath selló las puertas del cuarto de sus dos hijos, abrió la llave del gas y metió la cabeza en el horno, terminando así con su existencia. Su marido, de quien aún no se divorciaba, se enteró el lunes. Ted Hughes se encargó de la edición de su poesía completa.

El matrimonio de escritores conformado por Plath y Hughs.

Auguste Rodin y Camille Claudel

Profesor y alumna. A sus 20 años, Camille Claudel (1864-1943) llegó a trabajar al taller del escultor francés para aprender. Auguste Rodin (1840-1917), hombre casado, describió a la aprendiza como la mujer de su vida; sin embargo, nunca se divorció y tampoco fue su única amante.

La relación entre ambos duró casi diez años, y estuvo repleta de peleas y celos. Hubo colaboración artística, Rodin reconocía el talento de su alumna y amante y le permitía aportar en muchas de sus grandes esculturas. Como también existe correspondencia en la que Camille escribe que él se aprovechaba de ella y que las obras que presentaba como propias eran producto de su talento.

Camille Claudel quedó embarazada, pero el escultor la convenció de abortar. Después de este episodio, Claudel abandonó a Rodin y se encerró en su taller a esculpir. Tiempo después fue internada en un sanatorio siquiátrico próximo a París y pasó sus últimos 30 años en el manicomio de Montdevergues, donde murió sola a los 79 años.

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