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Culto
Tzvetan Todorov y el desafío de vivir juntos

Tzvetan Todorov y el desafío de vivir juntos

El filósofo búlgaro-francés falleció el martes en un hospital de París, a los 77 años. Dejó una obra que interpela el rol del intelectual y su desafío frente a la sociedad.

En 1981, un año después de la muerte de Roland Barthes, Tzvetan Todorov escribía en una revista que la partida del ensayista y semiólogo francés permanecería ligada a su lectura de La cámara lúcida. El argumento era que “la muerte es omnipresente en ese libro, como la muerte misma; como la muerte de su madre; como su propia muerte”.

Todorov, uno de los más importantes intelectuales contemporáneos, falleció esta semana a los 77 años.

Sus palabras sobre Barthes no son mencionadas porque sí: su propia muerte no puede estar hoy sino relacionada con Insumisos, su libro más reciente, donde piensa, con admirable profundidad, a figuras como Nelson Mandela, Alexánder Solzhenitsyn, Pasternak o Edward Snowden, quienes le permiten entender la relevancia de resistir pacíficamente, de ejercer la disidencia y de desempeñar lo que definió como un “papel activo en la vida pública”. La figura de Todorov como intelectual fue por el mismo camino.

Nacido en Bulgaria en 1939, vivió sus primeros años en un país que había logrado su soberanía a comienzos de siglo. Iniciados los 60, y agobiado por el ambiente de su país, a esas alturas perteneciente al Bloque del Este, Todorov partió a París. Llegó en el momento en que surge el estructuralismo, una de las corrientes teóricas más relevantes y prolíficas del siglo XX. Luego de completar sus estudios doctorales bajo la dirección de Barthes y desde el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), desarrolló una vasta obra que brindó a las ciencias humanas un legado prolífico e inestimable.

Si bien su trabajo se enmarcó primero dentro del campo de análisis “estructural”, dedicado a explorar las posibilidades de la crítica literaria, sus mayores aportes fueron sus investigaciones posteriores, enfocadas en los problemas de la alteridad y la memoria, donde elaboró la particular relación entre “nosotros” y los “otros”, tanto para entender la Conquista de América como las situaciones límites en los campos de concentración y las experiencias totalitarias. Desde la filosofía, la antropología y la historia de las ideas desarrolló un amplio horizonte temático que contemplaba los fundamentos teóricos de la Ilustración francesa, la conflictiva relación entre política y religión, la importancia de repensar la relación entre memoria e historia, la defensa del pensamiento humanista y, durante sus últimos años, los problemas sociales que han puesto en crisis a los regímenes políticos occidentales, lo cual “tiene que ver con el fortalecimiento sin precedentes de determinados individuos, que de golpe ponen en peligro el bienestar de toda la sociedad”, como sostuvo en Los enemigos íntimos de la democracia.


Bienestar público

Entre sus más de 40 libros destacan las obras Frente al límite, Los abusos de la memoria, los conjuntos de ensayos La experiencia totalitaria y Vivir solos juntos, pero sobre todo, es en El hombre desplazado, su autobiografía intelectual. Desde la afirmación de que era un exiliado “circunstancial”, pasando por una aguda lectura de Orwell, el valor de este libro radica en definir el problema del intelectual público y su desafío frente a la sociedad, a quien define no como aquel que estudia o que solo realiza contribuciones científicas o artísticas, sino aquel que “se siente comprometido con la noción del bienestar público”.

Para el autor de La vida en común, el problema del intelectual contemporáneo, después de Heidegger o Céline, simpatizantes o colaboradores del régimen nazi, se enmarcaba en la pregunta por la complacencia ante los regímenes totalitarios: “Mientras que los países europeos llevan casi doscientos años comprometidos con el ideal democrático”, al mismo tiempo “los intelectuales, que constituyen en principio el sector más lúcido, han optado más bien por la defensa de regímenes violentos y tiránicos”, apuntaba en su autobiografía.

Todorov comenzó a publicar a los 26 años. A los 56 publicó su autobiografía, y había escrito hasta ese momento tan solo la mitad de su obra. Nunca dejó de trabajar en el CNRS. Vino a Chile a fines de 2012 e inauguró la primera Cátedra de la Memoria y los Derechos Humanos. Esta semana Amazon reporta la falta de stock de El miedo a los bárbaros y La experiencia totalitaria, del mismo Todorov, quien supo vislumbrar que para este problema no existe una solución o respuesta correcta, salvo el desafío de aprender an vivir juntos.

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