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Culto
Paul Auster, un escritor enamorado del cine

Paul Auster, un escritor enamorado del cine

No solo escribió el guión de cintas como Smoke (1995) y Blue in the face (1995), y dirigió Lulú en el puente (1998) y La vida interna de Martin Frost (2007); el autor clave de las letras norteamericanas, que acaba de celebrar su septuagésimo cumpleaños, reveló a través de su obra literaria su pasión por el cine mucho antes de que esta llegara a la pantalla grande.

Un hombre en la oscuridad, Paul Auster, 2008:


“Por otro lado, hay días mejores que otros. Siempre que terminamos una película, charlamos un poco sobre ella antes de que Katya ponga la siguiente. Normalmente me gusta discutir la historia y la calidad de la interpretación, pero sus observaciones tienden a centrarse en los aspectos técnicos de la película: la posición de la cámara, el montaje, la iluminación, el sonido, y esas cosas. Sólo que esta noche, sin embargo, después de ver tres películas extranjeras seguidas –La gran ilusión, Ladrón de bicicletas y El mundo de Apu–, Katya ha hecho unos comentarios sagaces e incisivos, esbozando una teoría de la realización cinematográfica que me ha impresionado por su perspicacia y originalidad.

-Objetos inanimados, enunció.

-¿Qué pasa con ellos?, pregunté yo.

-Objetos inanimados como medio de expresar emociones humanas. En eso consiste el lenguaje cinematográfico. Sólo los buenos directores saben cómo hacerlo, pero Renoir, De Sica, y Ray son tres de los mejores, ¿verdad?

-Sin duda”

Una veintena de títulos ostenta en su obra literaria el estadounidense Paul Auster (Nueva Jersey, 1957). En algunos de ellos, deja entrever a través de sus páginas, con disimulo y siempre de forma ingeniosa, una pasión que subyace a toda su obra literaria: el cine. En la misma Un hombre en la oscuridad dedica varias líneas para recordar la cinta Cuentos de Tokio (1953) de Yasujirô Ozu. “Hay películas que son tan buenas como los libros, como los mejores libros…”, dice a través de su protagonista August Brill, un hombre mayor que no puede moverse, que pasa los días viendo y comentando películas con su nieta.

Más adelante Auster volverá sobre su pasión por el séptimo arte en Invisible (2009), donde el protagonista, un joven poeta llamado Adam Walker, narra sus percepciones y emociones luego de ver Ordet (1955), dirigido por el danés Carl Th. Dreyer. Así los ejemplos suman y siguen, pero quizás el más significativo es el que guarda El libro de las ilusiones (2002), donde su protagonista es un actor desaparecido del cine mudo. En esta obra, Auster reutiliza parte de los guiones que escribió en su juventud para películas mudas que nunca llegaron a rodarse.

También en Diarios de invierno (2012), donde Auster hace un recuento de su vida y narra cuando conoce en Francia al actor francés Jean-Louis Trintignant, por quien siente gran fascinación. “Te alegras de estar en compañía de Trintignant esta noche y cuando piensas en las películas en que lo has visto actuar (El conformista, de Bertolucci; Mi noche con Maud, de Rohmer; Confidencialmente tuya, de Truffaut; Rojo, de Kieslowski: por citar sólo algunas de tus favoritas), te verías en apuros para decir el nombre de otro actor europeo cuya obra admires más”.

En términos concretos, La música del azar (1990) es la única novela de Paul Auster que ha sido llevada al cine. La historia sobre una dupla de perdedores que apuestan una partida de póker contra dos millonarios para hacerse ricos y mejorar sus vidas, llegó a la pantalla grande con la dirección de Philip Hass (Ángeles e Insectos) en 1993. Durante el rodaje de este filme, Auster pisó por primera vez un set de filmación, un sueño que atesoraba desde su juventud: “A esa edad era un maníaco del cine. Pensé incluso en estudiar cinematografía, pero no lo hice porque no tenía la personalidad que se requiere para dirigir. Era muy tímido. No me gustaba hablar en público”, relató el autor en una entrevista.

Personaje, guionista y director

El primer coqueteo de Auster con el cine fue para la cinta La música del azar, en donde el autor interpretó el papel de un chofer. Pocos años después una nueva producción cinematográfica en la que Auster se involucró vio la luz. Se trata de Smoke (1995), una película del hongkonés Wayne Wang en que varios personajes desdichados se encuentran hablando de sus vidas en una tabaquería aislada. Auster fue el responsable del guión y aunque no se acredite de manera formal, también codirigió el filme, que ganó el Oso de plata en la Berlinale y el premio al Mejor primer guión en los Independent Spirit Awards de aquel año.

Se dice que Wang contactó a Auster luego de leer El cuento de Navidad de Auggie Wren, que se publicó en The New York Times para la Navidad de 1990. Entonces le comentó que estaba interesado en colaborar con él y en desarrollar su nueva película en la misma tabaquería del cuento, que funciona como una suerte de epílogo independiente del resto de la historia.

Paul Auster, Harvey Keitel y Wayne Wang en el rodaje de Smoke

Al concluir el rodaje de Smoke, la dupla decidió seguir colaboradon e hicieron una continuación de la cinta original, que se tituló Blue in the face (Humos del vecino en algunos países de hispanoamérica). En esta película retomaron las historias de algunos de los personajes y también introdujeron otros nuevos. La aparición de Madonna, en el papel de una cantante de telegramas, y del cineasta Jim Jarmusch, interpretándose a si mismo, ayudaron a darle visibilidad a esta película. Esta vez Wang y Auster compartieron las labores de guión y dirección.

Entonces el escritor decidió dar el salto y dirigió su primer filme Lulú en el puente  (Lulu on the bridge, 1998). El guión que Auster escribió estaba pensado para que fuera dirigido por Wim Wenders, pero luego el mismo autor decidió asumir la responsabilidad. La trama narra la historia de un veterano saxofonista de jazz que se enamora de una joven actriz y que tras ser baleado durante una actuación en un club jazz, sueña mientras lo llevan al hospital, con una hermosa historia de amor.

BLUE IN THE FACE, Madonna, 1995

El autor volvió a colaborar con Wang en 2001, para el drama erótico El centro del mundo, sobre un millonario que le paga a una stripper para quedarse con él en Las Vegas durante tres días. Auster escribió el guión y la cinta se estrenó en Cannes.

Después de más de una década, Auster volvió a la dirección con La vida interior de Martin Frost (2007) sobre un escritor con crisis creativa que decide aislarse en una casa de campo para terminar su novela. Fue una película de bajo presupuesto con solo cuatro personajes que se grabó en Portugal y Auster incluyó en la escenografía objetos personales y retratos de su familia. Su hija Sophie formó parte del elenco del filme, que fue destrozado por la crítica.

Actualmente el autor, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006, acaba de celebrar su septuagésimo cumpleaños (el 3 de febrero) y publicó una nueva novela titulada 4 3 2 1. Es su primer título en siete años y la trama juega con las dimensiones paralelas, cuatro realidades distintas. Para el lanzamiento de su libro anunció un evento en el que compartirá escenario con su hija Sophie, que es cantante, y el mago David Blaine, reconocido por hazañas como encerrarse en un bloque de hielo durante 62 horas. En esta ocasión, que tendrá lugar el 21 de febrero en Miami, pretende presentar a su público otra de sus grandes pasiones: la magia.

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