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Culto
Suenas como chica: las nuevas voces femeninas en la música nacional (parte dos)

Suenas como chica: las nuevas voces femeninas en la música nacional (parte dos)

Presentando a la nueva generación de mujeres en el sonido chileno. Segunda parte.

Con la frente en alto

Bárbara Pérez de Arce (25) es socióloga y a los 11 años recibió su primera guitarra y no la soltó más. El regalo vino del padre, quien tocó en Inti-Illimani en sus años universitarios y la llevó a sus primeros conciertos que despertaron el bichito que desde chica siente cuando escucha violines.

Hoy la mujer es parte de una de las bandas revelación del género en Chile. Velódromo, con solo un epé, se armó el espacio y la voz de Bárbara ha sonado en bares pequeños hasta en conciertos en el GAM, pero antes de guitarrear la rama de My Bloody Valentine, Pérez de Arce se obsesionó con ¿Dónde están los ladrones? de Shakira y pensaba en la industria como un negocio a lo MTV. “A los trece esa era la tónica para mí y el significado del éxito para un músico era lo que te vendía la tele. Ser artista y volverse rico vendiendo miles y miles de copias de discos. Muy capitalista”, dice hoy.

Pero las cosas no están como en los locos noventas. Por estos días los músicos tienen computadoras, algo que Velódromo bien ha ocupado para darse a conocer sin necesitar a un tercero. Son cuatro, pero ella brilla en el medio de cada presentación con el mentón en alto. El shoegaze, que siempre tiene a sus músicos mirándose las zapatillas, en esta pasada deja a una joven llena de entrega y emoción, y para que se note, hay que mirar hacia arriba. “Creo que inevitablemente me ven como frontwoman cuando se trata de gente que no nos conoce, pero yo nunca he querido explotar mi imagen o resaltar intencionadamente”, comenta entendiendo que “el micrófono te entrega un poder muy fuerte, en la medida que te convierte en algo como la vocera de tu banda, quien interactúa con el público, y por ende, quien recibe la presión y las expectativas que todo eso conlleva”.

Ahora que la guitarrista se introdujo en esto, tuvo que aprender a convivir con hombres. Vive sola con su mamá, no tiene hermanos, y Velódromo se transformó en los tres opuestos con quien más ha estrechado una relación. No había sido tema porque “no me interesa que los hombres me hagan favores o me sostengan la puerta solo porque soy mujer. Me interesa que me escuchen de igual a igual, que me sientan igual de capaz de tocar un instrumento o cargar un equipo”.

Pero fuera del núcleo el panorama es distinto, y se aburrió de quedarse “piola” al respecto, porque “eso es parte del problema. Yo nunca quise que fuera tema, pero desde los primeros comentarios respecto a cómo me tenía que sacar partido o ver rica, se transformó en uno”. Bárbara está en la primera fila con su voz profunda, con su guitarra encandilante, y está lista para romper con la definición única que existe entorno al ser mujer, como lo hacen dos nacionales que admira: Fanny y Chini.

La sororidad tampoco se escapa de la música, y Pérez de Arce está contenta con que “cada vez hayan más mujeres que disputen el poder en espacios tradicionalmente dominados por hombres o por sus reglas sobre cómo deberían comportarse las mujeres. Admiro a todas las que hacen música sin ajustarse a los requisitos de nadie. Ejemplos sobran”.


Poder multi-instrumentista

Yaney Salgado (24) fue parte de Patio Solar, forma filas en El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco, sorprende en Emisario Greda, y por estos días se prepara para que su nombre sea el que se lea en la etiqueta. Salgado, con buenos años de presentaciones, se ha convertido en un modelo a seguir para muchas niñas que creían que las bandas eran cosa de chicos. Ella toca el bajo, la guitarra, los teclados y canta.

Cuando chica no conoció música que la haya marcado, más allá de Britney Spears que aparecía en todos lados. Aún sin referente clara, el arte fue más fuerte y desde que salió del colegio supo que quería hacer cosas en vivo. Desde ahí todo es música: estudió un año en Projazz, ahora se prepara para ser Técnico en Sonido, y deja el tiempo disponible para trabajar como empaque.

No es barato ser artista, menos cuando tienes tantos proyectos que requieren dinero y tiempo. Con el cerebro casi todo el día en la música, Yaney sabe que ya no quiere “un trabajo regular, con horarios y fomedades que no entregan mucho”, quiere seguir haciendo música y pretende hacerlo manteniéndose rigurosa con sus horarios, los mismos que este verano está ocupando para grabar canciones propias, donde toma todos los instrumentos que puede y los graba en un programa que recién empieza a usar.

El desafío actual: conocerse bien para entregar un corto que represente lo que quiere decir, esta vez solo como Yaney. Todavía no sabe bien si, en su caso particular, el no ser hombre influya directamente o es más bien que ella es detallista. “Cuando estoy tocando me veo igual que el resto de la banda”, y eso es lo importante al final del día porque entiende que la magia de las agrupaciones está en “que suene a banda y darle a la canción lo que ésta pida”.


Gritos ilustrados

Camila Falcucci (29) es nombre que se repite en canciones, dibujos, festivales. La vocalista de Las Olas Noispop -banda que cuenta con un epé y que cada presentación que agendan en su pausada carrera tiene tinte de mítica- es artista de pies a cabeza. A los veinte empezó a hacer canciones tímidamente en su pieza, recordando esos años de admiración a Laura Pausini y Shakira, y fusionándose con los descubrimientos de grande como Bikini Kill. Fue cuando conoce a las intérpretes de ‘Rebel Girl’ que decidió que quería gritar en una banda, así que cuando sus amigos Javi y Martín -quienes también pasaron por la ex banda de Fanny León- la invitaron a tocar, no dudó un segundo en mostrar lo que quería hacer.

Ahí empieza la aventura que se mezcla con su profesión de pedagoga en artes que la mantiene activa haciendo talleres, ilustrando portadas de discos. Camila nunca vio la música como un trabajo así que se dedica a “disfrutar y transformarla en una herramienta para sentirme bien”. Cualquiera que pueda ver en vivo a Las Olas quedará con el corazón contento luego de presenciar la explosión de pop que significa Camila cantando cómo se transforma en gato.

La potencia que suelta el micrófono viene con el colchón de trabajar con buenos amigos; le gusta “ser la vocalista de la banda porque no hay muchas en la música, así que el que empiecen a haber mujeres hace que otras se motiven y que seamos más y más”.

En la posición afortunada en la que se siente respetada, sabe que no todas corren la misma suerte: ni arriba del escenario ni abajo. “Me da mucha rabia que en las tocatas le agarren el poto o las tetas a las mujeres. Odio profundamente que se tengan que quedar atrás y sientan miedo de que las manoseen”, cuenta respecto a episodios que han sido denunciados en las redes sociales. “Las tocatas terminan tarde y a mí me da lata irme sola porque me da miedo que me violen en la calle. Un hombre jamás va a tener ese miedo y es terrible porque nunca se acaba, hay todo un sistema que avala que tu rol en el mundo es ser objeto sexual y de deseo”, dice.

Ahora Camila quiere retomar un proyecto con Dadalú llamado Chica King Kong y seguir explorando y haciendo los dibujos que planea conservar hasta que muera.

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