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Culto
Suenas como chica: las nuevas voces femeninas en la música nacional

Suenas como chica: las nuevas voces femeninas en la música nacional

Presentando a la nueva generación de mujeres en el sonido chileno. Primera parte.

Ante todo el debate surgido recientemente por la participación femenina, hay que decir que la música no se salva de la invisibilización y la falta de oportunidades para el género. Aunque las mujeres en música abundan, el conocimiento popular haría pensar que sólo existen Violeta Parra o Margot Loyola como únicas grandes artistas nacionales. Pero algo está cambiando.

Ya tuvimos el estallido del pop, donde cantantes como Javiera Mena, Francisca Valenzuela, Fakuta o Mariana Montenegro, sumado al estrellato internacional de Ana Tijoux y ahora quizás a la colonización pop mexicana de Mon Laferte, han pavimentando el camino para que nuevas oyentes se atrevieran a dar el paso: ser mujer y músico, en una industria con mucho Club de Toby. Aquí, una selección de las más destacadas.


Fanny León – Foto: Creacon Luz

La leona

Fanny León (24) canta, baila, aloca su pelo, salta con falda, y se adueña del nuevo pop. Sus padres le heredaron el amor por la música: componían sus propios temas, y siempre había algo para escuchar, como un compilado de los sesentas que encontró entre las cosas de su madre. Ese fue el primer acercamiento al oficio.

“Nunca cuestioné mucho cuando chica el ser música, sólo lo disfrutaba como parte de la naturaleza cotidiana”, dice. Cuando baila sobre el escenario se puede ver la naturalidad de no preocuparse por lucir increíble; León se divierte mientras todos los años de práctica escolar desencadenan en uno de los proyectos más comentados del momento en la movida santiaguina.

Antes de ser la responsable de la voz en Playa Gótica, León tuvo otra banda llamada Napalm y los Matemáticos, que terminó por reunir a los actuales integrantes de la agrupación apadrinada por Dënver. Pero el camino no ha sido fácil. Según Fanny, siempre los han subestimado, como si le hicieran un favor a los bares donde quieren tocar. Ser músico no es sencillo, ser música es aún más complicado: “Hay que lidiar con el joteo pobre”, sintetiza ella.

Esta es la primera vez que se para adelante en el escenario. “Es bacán y difícil”, sintetiza. También a veces hay que pelear con “la evidente mirada de un hombre que cree que una mina no puede hacerlo bien. Como cuando estás arriba de un escenario y están serios, esperando un inminente fracaso sólo porque eres mujer”, asegura. “No es llegar y pararse en el medio de tres hombres y cantar, pero he ido sacando mi dragón interno y cada vez es más brutal”.

“Últimamente siento que las chicas se han hecho cargo de sus inquietudes musicales, no es lo más común aún pero no es menor. Tienes mujeres muy potentes al frente. De a poco se ha ido soltando ese machismo de formar bandas de puros hombres” dice. Hoy, además de la banda, Fanny León se prepara para emprender el vuelo en solo. Su primer single ‘Disco Funny’ llegó como un imperdible de verano, listo para bailar, volviendo a dejar en claro que ella es “veloz como un rayo, yo siempre gano”.


Chini and the Technicians – Foto: María Ángeles Vega

Salvaje y dulce

María José Ayarza (25), la vocalista de Chini and The Technicians, lleva un par de años endulzando la música con potencia que evoca a exponentes como Andrea Echeverri o Natalia Lafourcade, mezclado con la diversión de los sintetizadores.

Estudió arte, hace videoclips y siempre estuvo ligada a la música de alguna manera: desde su abuela que nunca dejó la guitarra y el piano a pesar de perder la visión hasta su hermano que escuchaba en la pieza del lado bandas como Thievery Corporation y Radiohead. Ahora sonríe como parte de un ex dúo- actual quinteto, donde es acompañada por Niña Tormenta en los coros, y en la vida.

Los Technicians toman su repertorio compuesto por un epé y aprovechan los tiempos de Internet para hacer booking, publicidad, y mantener a raya aquellas cosas “que no nos parecen bien”. Después de todo hay una democracia en el intercambio de información y entienden que, por estos días, “las bandas a las que les va bien es porque son buenas. Sin tanto capital y challa encima”, como pasaba hace algunas décadas.

Sin miedo hace “un llamado a aquellos productores que están haciendo ciclos, que escuchen a las bandas, que incluyen más mujeres, que no es lo mismo que hacer un ciclo solo de mujeres”, dice Chini entendiendo que no se trata de armar una instancia donde resalte la falta de ellas, más bien se trata de empezar a considerar a las chicas desde el minuto cero.

Para María José el aprendizaje no termina. “Antes pensaba que era muy masculina por cómo hacía las cosas, y no, Niña Tormenta me explicó que ese es un error, que cuando uno tiene una fuerza para adelante o poco sutil también es ser femenino, el salvajismo a flor de piel no es masculino”, comenta para rematar lo que tanto pesa: “lo que pasa es que nos engañaron, nos enseñaron mal”.

Se vienen cosas para ella: dirección de clips, un LP junto a los Technicians, Ruidosa, y convicción para seguir obsesionándose con la droga fuertísima que es la música según la artista. “Yo vine a darlo todo” se escucha en ‘Amor a Ciegas’, y eso es lo que está haciendo precisamente.


Lia Nadja – Foto: Gary Go

Valentía experimental

Lia Hernández (27) se pasea por la electrónica y el folk bajo el nombre de Lia Nadja con una libertad envidiable y tuvo el coraje de ser madre, en una sociedad que a veces hace sentir que este proceso es limitante para convertir sueños en realidad.

Se duerme desde los seis escuchando algún casete, y ya a los ocho escribió en un cuaderno que su sueño era ser cantante, como su madre, la primera voz que escuchó y que le conmovió el corazón. La música es su salvavidas desde la adolescencia y “por años fue lo único que hacía bien”, dice analizando su entorno “que era bastante crítico conmigo por haber abandonado el colegio y dedicarme a “vagar” desde octavo”, donde después vino el primer embarazo.

Ha sido un camino solitario, así que Lia es prolija con las energías. Cuida muy bien los pasos para mantener algo entre sus manos que le dé el amor suficiente para poder explotar la creatividad, ya sea por la guitarra o a través de los experimentales sonidos que acompañan su cálida voz capaz de alcanzar un viaje seguro.

La carrera musical también es individual: “Los chicos hacen más eso de apatotarse, beber cerveza, hablar de minas y de guitarras”, así que hace un rato decidió alejarse de las tocatas ligadas a la noche y aprovechar el tiempo con los suyos, quienes no encajan en el mundo de las presentaciones tan ligadas a la fiesta. Es una mamá leona, dice, sabiendo que ser mujer no es sinónimo de hijos o familia, pero ella está cómoda con ser “el animal protector de mis cachorros”, regalonearlos, cuidarles el hogar y los espacios. Esa también es una opción y ella la tomó sin descuidar sus pasiones artísticas, demostrando que se puede.

Lia ya está cansada de luchar con el conflicto de las casillas, de “no poder transparentar tus emociones, aparentar estar tranquila, ser tierna, inteligente, tener buen físico…”. Así que con su instrumento ha construido el túnel de escape a los prototipos. Lucha para desencajar de los encasillamientos de “mujer folk o experimental” y así poder vivir en paz el futuro cercano que se viene. Uno que contempla nuevo disco, levantar el proyecto indie Popol Vuh, y seguir “agarrando la guitarra para desangrar un poco las energías”.


Valentina Novales

Valentina sí vale

Valentina Novales (18) es promesa. A su edad logró desarrollar una capacidad de contar historias con guitarra que a muchos ya les gustaría tener. Medio en broma, medio en serio, gracias a las dificultades que se le ponen a un jovencita solo por serlo, la cantante ha formado su mini-carrera bajo el nombre de pila que se presta para el juego de palabras. Su aventura no empezó hace tanto, y remonta a las misas de colegio recién dejado donde decidió tocar en público para no tener que estar parándose todo el tiempo.

Para Valentina cantar es un proceso íntimo, y lo demuestra en sus letras que hablan de masturbarse, de dar la PSU, de querer un hijo pero no casarse. Es vergonzosa y se nota cuando su voz tiembla en las caseras grabaciones que tiene colgadas en Soundcloud. El lado opuesto a las artistas que creció escuchando, como Christina Aguilera o Shakira, época en las que el miedo no existía y se podía bailar arriba de la mesa sin ser juzgada por no querer ser profesional tradicional, los mismos tiempos en los que creía que ser cantante era tener un escenario gigante con humo, trajes y bailarines, como Britney Spears.

“Cuando fui creciendo caché que esto es mucho más diverso, son diferentes formas de expresarse, son distintos instrumentos, voces, historias, y eso me gustó mucho más”, cuenta luego de salir de la barrera infantil a la que se exponen las niñas en cuanto a lo musical. Siempre ligado al pop, al look, al baile.

Fue un periodo “bien emo y triste” el que llevó a la joven a empezar. “La primera canción que hice fue porque quería escuchar algo que se ajustara a mi situación actual. Después seguí escribiendo cosas porque lo encontré entretenido, y luego de un rato la gente empezó a escucharme”. Entre esos curiosos fue que llegó el músico Indenadfin, que se puso de su lado y la apoyó en el camino que significa entender que hay muchos como tú. “Fui conociendo mucha gente, luego toqué por primera vez y todo fue muy wow”.

La primera tocata no es menor cuando no te dejan salir mucho, aunque sea para ir a ver a una banda. Pero ella llegó hasta a escaparse para ir a escuchar a sus amigos, que hace un rato se mueven bajo compilados de Pop de Kloaka, algo así como el chiste respuesta a la movida mal llamada Pop de Guitarras, compuesta por músicos un par de años más grandes, como Niños del Cerro o Patio Solar.

Valentina ha encontrado colegas que la respetan en el ruedo que significa ser música pero de todas formas se enfrenta a piropos, piensa dos veces antes de usar escote, y ha sido víctima de esos agarrones que dejan helado. “Para mí ser mujer es un orgullo, sobre todo en una época en la que tenemos un poco de libertad para elegir qué estudiar, trabajar, usar vestido, y no ser cazadas por ser sospechosas de brujería”, dice.


Sigue leyendo en este link la segunda parte de este artículo.

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