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Culto
El dolor después del amor

El dolor después del amor

Drama con aires de dramón, el tercer largo del reputado guionista Kenneth Lonergan viaja entre el hoy y el ayer en el estado de Massachusetts.

En tiempos menos posmos y sobregirados que los actuales, un quality film adulto, de factura independiente y de lacónica puesta en escena, como Manchester junto al mar, sería un bicho menos raro en las pantallas de lo que es hoy. Ello, sin perjuicio de que el prestigio alcanzado se esté sellando en su caso con seis nominaciones oscariles, incluyendo mejor película.

Drama con aires de dramón, el tercer largo del reputado guionista Kenneth Lonergan viaja entre el hoy y el ayer en Manchester-by-the-Sea y otras localidades del estado de Massachusetts. Y en este ir y volver el guía es Lee Chandler, un tipo golpeado por la vida a niveles que el principio de la película apenas sugiere (ésa es la idea, en todo caso). Un divorciado que trabaja de conserje y que suma a sus padecimientos la temprana aunque anunciada muerte de su hermano mayor, quien adicionalmente lo había nombrado tutor de su único hijo, aún menor de edad (Lucas Hedges).

Una hebra, así las cosas, va por el lado de la relación tío-sobrino, tensionada por los hechos recientes y sobre todo por cómo hacer que el primero siga con su vida sin que el segundo altere demasiado la suya. La otra, se arma a partir de las cuitas de un protagonista desensibilizado por las circunstancias, cuyas conductas hostiles y hasta violentas pasan por el cedazo de la conmiseración retrospectiva. Así, entenderemos que nadie podría seguir adelante con la vida de Lee sin perder un poco el juicio y/o las ganas mismas de vivir.

Dolor y melancolía son la madera de la que está hecho el núcleo de esta cinta que, cuando no impone el modo de sentir o entender, cuando deja que los planos duren un poco más y va a inopinadamente al plano siguiente, consigue lo que llaman una verdad: un contacto directo y no impostado con los sentimientos, apoyada como sabe estarlo en interpretaciones contenidas y en un sentido de lo invernal que proveen con sensible eficacia la dirección de arte y la de fotografía. Porque su look desolado es capaz de ponerse al servicio de personajes como el de Affleck, que dice muy poco, que habla bajito y que sonríe menos que Buster Keaton.

Cuando, por el contrario, se entrega a la ingeniería guionística y al conductismo emocional, Manchester junto al mar se parece a muchas películas sacalágrimas sin atributos particulares.



Manchester junto al mar. De Kenneth Lonergan. Con Casey Affleck, Kyle Chandler. EEUU, 2016. 137 minutos. Nota: 5

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