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Culto
La tragedia de Richard Pryor

La tragedia de Richard Pryor

En diciembre de 1978, el fallecido comediante grabó su presentación más influyente. Un año más tarde se publicaría en forma de película (ahora disponible en Netflix), entregando uno de los testimonios definitivos al genio de una de las figuras más importantes del humor norteamericano.

Los demonios que intentaba exorcizar de la audiencia se le hicieron difíciles de exorcizar de sí mismo”.
Cecil Brown, Richard Pryor: Omit the Logic (2013)

“Me pone muy contento que alguien venga a verme, sobre todo después de lo que la cagué este año”, dice Richard Pryor riéndose, ante el fuerte aplauso de un anfiteatro repleto en Long Beach, California. Era diciembre de 1978, y Pryor ya era una estrella de Hollywood: no solo era uno de los comediantes más aclamados de la época, sino que además se había transformado en una estrella de sí. Y la rutina que se encontraba grabando esa noche haría historia: Richard Pryor: Live in Concert, sería la primera película estrenada en cines compuesta netamente por una presentación de stand up.

Pero, como el cómico afirmaba, no había sido un año fácil (como ninguno en su vida). 12 meses atrás era detenido por perseguir a su mujer con un arma de fuego, y luego dispararle repetidas veces a su auto. “Me parecía justo matar a mi auto, porque mi esposa iba a dejarme, y le dije: “No en esto, no lo harás”, continuaba Pryor. La habilidad del norteamericano fue siempre transformar su tragedia personal –y la de su raza- en risas. “Luego llegó la policía, y me escondí en mi casa. Porque la policía también tiene pistolas. Y no matan autos… matan negros”, dice como parte de una rutina que podría perfectamente ser repetida 40 años después sin sonar añeja.

Durante los 80 minutos que dura Richard Pryor: Live in Concert –que fue recientemente incorporado al catálogo cómico de Netflix-, se puede ver al comediante en el peak de su carrera: salta rápidamente de un tema a otro, desde la brutalidad policial hasta las diferencias entre blancos y negros, su relación con los animales –las conversaciones imaginarias que tiene con perros son geniales-, sus ataques al corazón y la inseguridad de los hombres en la cama. Siempre siendo gracioso. Muy gracioso. Navega entre la contingencia y lo surrealista, de cierta forma invitando a la audiencia a dar un vistazo a su cabeza, que nunca se pudo quedar quieta.

Esa fue la razón de su genio. También su maldición. La inteligencia de Pryor lo hizo estar demasiado consciente de su entorno y sí mismo. Criado en un burdel, por su abuela proxeneta, fue abusado física y sexualmente cuando niño. Sus inicios de carrera fueron lentos y su estilo de comedia, lleno de profanidad, sumado a su explosivo carácter, su depresión y sus adicciones, amenazaron con arruinar sus posibilidades de futuro. “Richard tenía 13 personalidades distintas. Con nueve de ellas podías lidiar, pero las otras cuatro eran unas hijas de puta”, decía David Banks, amigo cercano del comediante, en el documental Richard Pryor: Omit the logic.

Cuando Pryor habla en Live in Concert lo hace en su estilo: sin pensarlo, solo dejando que las palabras salgan. No tiene miedo de antagonizar a la audiencia, apuntando sus dardos al público blanco, que, por lo que se ve en la imagen, eran mayoría en el lugar. Pero también hay una cuota de dolor. Su ritmo es nervioso, sus sonrisas a veces parecen más la mueca del rostro de alguien que acaba de tener un muy mal recuerdo. Pero aun así, durante toda la rutina, Pryor tiene al público en su mano. Como él mismo dice, a pesar de haberla cagado, la gente sigue allí.

Live in Concert resulta un registro histórico más allá de su influencia. Publicado meses después de su filmación, la película muestra a Pryor por última vez antes del punto de inflexión que marcó su vida y su carrera. En 1980, drogado en pasta base, el comediante se vació una botella de ron encima y se prendió fuego, provocando quemaduras de gravedad en más del 50% de su cuerpo.

Increíblemente se recuperó, pero, por diversas razones, su carrera no volvió a ser la misma. Sus papeles en el cine comenzaron a tener cada vez peores críticas, y si bien logró realizar stand up de forma exitosa durante los 80, sus presentaciones en vivo comenzaron a ser cada vez menos luego de que se le diagnosticara esclerosis múltiple. Confinado a una silla de ruedas, Pryor moriría en 2005 de un ataque al corazón. Según su mujer, con una sonrisa.

Esa es la verdadera importancia de Live in Concert; un testimonio de las razones que hicieron a Richard Pryor un personaje tan único como trágico, capaz de unir a un público diverso racialmente en la risa. Tras 80 minutos, el comediante se despide y levanta los brazos en señal de triunfo. Por una noche, era el rey del mundo.

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