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Culto
Annie Proulx, escritora estadounidense: “Tengo compasión por la gente, me interesa su historia social”

Annie Proulx, escritora estadounidense: “Tengo compasión por la gente, me interesa su historia social”

La autora de Brokeback Mountain y Atando cabos, ganadora de premios como el Pulitzer o el Oscar vuelve a la novela con El bosque infinito.

La última novela de Annie Proulx (1935), El bosque infinito, es un relato tan amplio en su rango espacial y temporal -desde el siglo XVII al año 2013, desde Norteamérica hasta la China- como en los asuntos que aborda: los árboles y las empresas madereras, el cambio climático y la deforestación mundial. Podría ser, tal vez, su obra más ambiciosa. “Supongo que sí, aunque es una manera algo extraña de pensar en la propia producción literaria”, señala Proulx desde su casa en Washington.

Pasados los 80 años de edad, la trayectoria literaria de Proulx es bastante inusual, considerando que su primera novela apareció en 1992, cuando ella se acercaba a los 60 (tenía 53 al debutar con su primera colección de cuentos en 1988). Su segunda novela, la brillante Atando cabos (1993), ganó el Pulitzer, el National Book Award y fue llevada al cine. También premiado y llevado al cine es el más famoso de sus cuentos: la historia de dos hombres, pero que va más allá; son dos vaqueros de Wyoming que se conocen y se enamoran y mantienen su complicada relación por años, mientras se casan o tienen hijos. Pero Brokeback Mountain (1997) es menos un relato sobre esos vaqueros que sobre un lugar.

Su quinta y más reciente novela, separada de la anterior por casi 15 años y que ha tardado una década en escribir, El bosque infinito, es también la historia de dos hombres, pero que va más allá. Todo comienza con dos franceses sin dinero que llegan en 1693 a los bosques de la “Nueva Francia” (ahora Estados Unidos y Canadá).

Se convierten en leñadores para un terrateniente; son algo así como esclavos blancos por un período, después del cual tendrían libertad y medios para vivir. Uno es decente y trabajador: se queda y se casa con una indígena local; el otro es astuto y ambicioso: se escapa y se convierte en comerciante y luego fundará una empresa maderera. Los desplazamientos y asentamientos de las descendencias de cada uno durante varias generaciones constituyen la novela. Pero tal vez no es una historia de los hombres la que se cuenta, sino la de un lugar, el bosque.

El sentido del lugar, especialmente la experiencia de la naturaleza, ha sido una constante en los libros de Proulx y también en su vida, como demuestra su memoria Bird Cloud (2011) sobre aprender a vivir y construir una casa en un rancho de Wyoming al que llamó “Bird Cloud” (porque la primera vez que lo vio había una nube en forma de pájaro). Ahora, sin embargo, vive en una casa en Washington, sola. Se mudó hace un par de años, después de vender su rancho. En el libro Bird Cloud, Proulx se reconoce mandona, impaciente, excesivamente tímida, mal genio y obsesiva.


—¿Alguna otra virtud que agregar?

—También tengo compasión por la gente, me interesa su historia social y la de su formación, soy generosa y comparto mis bienes terrenales, soy una buena cocinera, una conductora competente después de años de caminos difíciles en las Montañas Rocallosas, ávida de la información histórica, soy una investigadora meticulosa.

—Llegó tardíamente al mundo literario. ¿No se pensaba escritora hasta entonces?

—Estaba ocupada viviendo. Escribir estaba lejos de mi mente. Me consideraba una lectora, no una escritora.

—Ha escrito fundamentalmente novelas y cuentos, ¿prefiere un género sobre otro?

—Tanto las novelas como los cuentos tienen sus propias exigencias distintivas y sus propias condiciones de trabajo. Disfruto escribiendo ambos.

—El mundo natural y el ambiente rural son habituales en sus libros. ¿Son significativos en su vida?

—Han sido muy importantes. Tuve una infancia placentera al crecer en una familia que amaba el aire libre y el mundo natural. Una de mis hermanas y yo todavía disfrutamos del excursionismo y la observación de las aves, de examinar los cambios de estación en la naturaleza, ya sea en el bosque de Nueva Inglaterra o el medio marino ribereño de la costa oeste de América del Norte.

—¿Cuán importantes fueron la investigación y la precisión histórica para El bosque infinito?

—La mayor parte de los años de investigación fueron para cimentar la exactitud histórica. Por supuesto, ambas cuestiones fueron extremadamente importantes, indispensables.

—En el libro cada generación piensa en las explotaciones anteriores del hombre contra la naturaleza. ¿Es pesimista sobre el futuro?

—Me he sentido más pesimista sobre el futuro del mundo natural últimamente. Aunque hay muchas buenas personas tratando de conservar y restaurar los lugares dañados, también hay muchas deseosas de usar bosques, aguas, suelos, tierras, ríos y criaturas para ganar dinero y hacer fortunas.

—¿Cree que, como sugiere un epígrafe del libro, el cristianismo está en la raíz de la actual crisis ecológica?

—Sí, lo creo. El epígrafe está allí para hacer que los lectores consideren eso y tal vez para leer el ensayo de Lynn White Jr., del cual fue tomado.

—¿Qué le parece más interesante: capturar la psicología de un personaje o el sentido de un lugar?

—El lugar. Porque si aprendes la historia de un lugar, desde la geología hasta la lluvia más reciente, tienes una comprensión básica de los problemas y de las ventajas de las personas que viven allí. De manera que se podría decir que el carácter local proviene de la geografía y el tiempo.

—¿Trabaja en un próximo libro: novela o cuento?

—No. Estoy pensando en, tal vez, escribir ensayos.

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