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Culto
Historia de un oso después del Oscar

Historia de un oso después del Oscar

A un año de convertirse en la primera película chilena en hacerse de un premio de la Academia, Culto conversó con los creadores de Historia de un oso, quienes defienden la importancia de contar buenas historias por sobre las fórmulas probadas.

Fueron casi tres horas. El auto que en febrero pasado trasladó a los creadores de Historia de un oso, desde su hotel al Teatro Dolby, en el corazón de Hollywood, debió sortear controles de seguridad, hordas de fanáticos tratando de alcanzar a los famosos y una protesta por la falta de nominaciones de actores afroamericanos que alargaron el trayecto de los chilenos, crispando sus nervios y anticipando el tenor de la 88º ceremonia de los Oscar, catalogada como una de las “más políticas” de los últimos años.

Antes de bajarse, Gabriel Osorio, director del cortometraje, pensó en el discurso que diría si ganaban.

Junto a los socios fundadores de Punkrobot (el estudio de animación que dio vida a Historia de un oso), Antonia Herrera, Patricio Escala y María Soto Aguilar, en caso de ganar, Osorio sería uno de los que tendría que subir al escenario a recibir la estatuilla, pero hasta ese momento no tenían nada preparado.

Decidieron no ilusionarse porque veían lejanas las posibilidades de superar a estudios como Pixar, sin duda el competidor más fuerte de su categoría, pero de todas maneras ocuparon ese tiempo como pasajeros para improvisar algunas palabras.

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La misma noche que el comediante Chris Rock bromeó con la falta de afroamericanos nominados y Lady Gaga cantó contra el abuso sexual, Punkrobot entró en la historia del cine chileno al ganar el primer Oscar por una producción animada realizada en el país. Fue un momento, una plataforma que ocuparon para poner los puntos sobre las íes.

En el escenario principal del Dolby Theatre, anteriormente conocido como Kodak Theatre, Osorio tomó el micrófono y agradeció el reconocimiento y a todos quienes los apoyaron.

“Quiero dedicar este logro a mi abuelo, quien inspiró esta historia, y a toda la gente que como él ha sufrido en el exilio. Esto no puede volver a suceder”, continuó, mientras Hollywood estallaba en aplausos.

“Para nosotros era muy importante decirlo”, dice Patricio Escala, sentado en las oficinas de la productora Punkrobot en Providencia: “Aunque la palabra exilio tiene una carga que hace que el país esté un poco dividido, continúan ocurriendo exilios hasta el día de hoy en distintas partes del mundo”.

“Nuestro rol es aportar para que las personas encargadas de tomar decisiones, tomen mejores decisiones”, añade el realizador visual.



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Este fin de semana se cumplió un año exacto desde que el equipo detrás de Historia de un oso celebró la nominación de su cortometraje a los Oscar.

Fue un 14 de enero de 2016 cuando el equipo se reunió en el departamento de Escala, productor de la pieza, quien en 2011, y tras ver el storyboard, auguró el triunfo.

“Me acuerdo que Pato dijo: ‘Este corto está para un Oscar’ y nosotros le dijimos, ‘¡Pato, para de soñar!’”, recuerda Antonia Herrera, directora de arte y animación.

Escala cuenta que pese a que no estaba animado, las imágenes le parecieron demasiado emocionantes. “Sentía que eso era cine: el cómo uno llega a la gente que está mirando una película”, explica.

Pero, se sabe, la historia y la forma de contarla no lo es todo, y eso los fundadores de Punkrobot lo tenían en mente. Semanas antes de la premiación en el Teatro Dolby, el equipo viajó a Estados Unidos y visitó los principales estudios cinematográficos para hacer campaña, es decir, conversar con los votantes.

“Este proceso nos dio la sensación de que, a pesar de que grandes como Dreamworks o Pixar tienen todos los recursos y toda la gente para contar sus historias, también tienen un estándar que cumplir y que no les permite correr ciertos riesgos”, explica Escala.

“Era alucinante estar ahí, pero nos dábamos cuenta que sentían una envidia sana hacia nosotros”, añade.

El presupuesto limitado y el tamaño del equipo también llamaron la atención de la Academia. Lo mismo que la historia detrás del cortometraje, inspirado en el exilio del abuelo de Gabriel Osorio (uno de los motivos del nombre de la película), quien tras el Golpe de Estado de 1973 debió abandonar de manera forzada del país dejando atrás a su familia. Una realidad que se cruzó en la vida de varios familiares de sus creadores y de tantos otros compatriotas.

Gabriel insiste en que, si no hubiese ganado el Oscar, Historia de un oso seguiría siendo un cortometraje igual de bueno. “Este corto podría perfectamente no haber ganado porque la competencia era muy dura. Nosotros no sabemos por cuántos votos se alzó y los chilenos tenemos que darnos cuenta de que, aunque no ganemos premios, tenemos películas y actores muy buenos”, insiste.

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Tras la vorágine de flashes, apariciones en medios y el triunfo en el Teatro Dolby, los creadores de Historia de un oso reconocen que hay una idea que quedó instalada luego de su triunfo: que ellos cambiaron la historia de Chile al traer el primer Oscar.

Así se lo repite la gente en la calle, con la misma insistencia con la que les preguntan: “¿Cuándo vendrá el segundo Oscar?”.

Por el momento, si hay algo que el equipo de Punkrobot tiene claro es que siguen trabajando en torno a las historias que quieren contar y no a los premios. “Es imposible preverlo. Nosotros hicimos el mejor trabajo que pudimos pero, además, después lo llevamos a festivales y lo postulamos a los Oscar”, aclara Herrera, insistiendo en que no existe una fórmula para garantizar el galardón y que, tal vez, con la competencia de este año, no hubiesen ganado.

“Además, si consideramos todos los elementos que hacen de una película perfecta para ganarse el Oscar, Historia de un oso no es eso… es todo lo contrario”, aclara Osorio.

“Tiene un final más abierto, más interpretable y a lo mejor eso les gustó a los miembros de la Academia, pero no lo sabemos”, agrega.

En este caso, alejarse de las fórmulas que dan gusto a las audiencias masivas, pudo haber sido la clave. Algo que no pueden dejar de lado las grandes industrias cinematográficas que invierten millones de dólares en cada uno de sus trabajos.

“El Oscar ha sido una herramienta potente para dar a conocer la productora”, explica Gabriel. Y es que después de recibir el premio Punkrobot duplicó su equipo de trabajo, gracias a los nuevos proyectos que hoy desarrollan, y se trasladó a una nueva oficina al interior de la sede central de la Universidad de las Américas ubicada en Providencia, institución que financió parte del cortometraje y donde algunos de sus creadores realizan docencia.

Hoy cuentan con un área de marketing y otras dos dedicadas a los diferentes proyectos en los que trabajan en la actualidad.

Gabriel explica que en el futuro esperan producir una película, pero que no sea tan cara, justamente para no arriesgar la inversión. “Y así seguir teniendo libertad de lo que queremos contar”, reflexiona.


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