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Culto
De lo cotidiano

De lo cotidiano

Easy, del guionista y director Joe Swanberg, es un pequeño atlas de las relaciones humanas en clave Mumblecore.

El calor de enero en Santiago, el insomnio y un refrigerador vacío pueden empujarte a hacer conexiones extrañas. Llevo varios minutos buceando en Netflix hasta dar con una serie que tiene todo para ser pasada por alto. Easy, del guionista y director Joe Swanberg, no corre con el soporte de una factoría como Marvel (Luke Cage, Daredevil), ni tiene a un director o productor de renombre (The get down, Love), y sin embargo hay algo luminoso en sus ochos capítulos de menos de veinticinco minutos que obliga a seguir frente a la pantalla.

Como ocurre con los buenos cuentos, Easy alcanza a vendernos personajes tridimensionales en tramos cortos. Acá los diálogos importan tanto como la forma nerviosa en que los personajes miran las pantallas de sus teléfonos, y las escenas de sexo y las relaciones de pareja se vuelven perturbadoramente corrientes a pesar de contar con actuaciones reconocibles, como Orlando Bloom y Malin Akerman, o esa obra de arte que es Emily Ratajkowski.

Hay en Easy, por así decirlo, una complejidad que no es literaria como en Black Mirror y que comparte territorio con series como Love y Master of none.



De entrada, un matrimonio se da cuenta que encaja con un estudio sobre dinámicas de pareja que adivina su falta de chispa sexual y decide corregir el asunto. Más adelante, otra pareja busca cumplir la fantasía de un trío a través de Tinder. O está la historia de cómo una mujer, al inicio de su relación con otra, adapta sus gustos a los de ella. Y se vuelve vegana y comienza a moverse en bicicleta. Hasta que no puede sostener la mentira. Y será su compañera quien deberá amoldarse a su mundo.

Entonces, la historia avanza agitando un caldero sabroso. No es un horno de verdad, a leña, como ese monumento que es Seinfeld, pero tampoco hablamos de un plato recalentado en microondas. La serie se construye a sí misma, con una preocupación enfermiza por lo cotidiano, las situaciones reconocibles y el tono informal. Es, por así decirlo, Mumblecore, aunque sin descuidar el guión. Y alcanza a pasar por divertida e interesante sin perder profundidad.



Tal vez el quinto sea el mejor capítulo de todo Easy, o el único que hay que ver completo para medir la serie. Allí Marc Maron interpreta a un novelista gráfico que se utiliza a sí mismo para alimentar sus historias, salpicando de autorreferencia sus publicaciones, como sacado de un personaje de Woody Allen.

El problema es Obscurity, su último libro, que no ha tenido buena recepción, y, para agitar los hechos, una atractiva estudiante entra en escena para estrellarlo de frente con sus prejuicios y su propia hipocresía, y otra vez a hablar de relaciones y límites.

Al final, Easy es eso: un pequeño atlas de lo cotidiano de las relaciones humanas.


Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Periodista de La Tercera y editor de paniko.cl