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Culto
CBGB y el infierno punk

CBGB y el infierno punk

Lo que ahora hay en lugar del CBGB, el club símbolo del Nueva York antisistémico, es una tienda de ropa para hombres con precios de alta costura.

La calle se llama Bowery y alguna vez fue famosa por ser el hogar de los renegados de Nueva York. Hasta hace pocos años, en Bowery había refugios en los que hombres dormían en camarotes con baños compartidos, refugios donde iban a parar veteranos de guerra, tipos sin familia y sin trabajo, y también desequilibrados mentales. Las sobras de la sociedad. En la calle Bowery, número 315, en territorio de vagos, borrachos y asaltantes, hasta hace poco también estuvo la cuna del punk, del new wave y también, entrando en los 80, del hardcore neoyorkino. El local fundado en 1973 fue bautizado como CBGB, y por su escenario pasaron bandas como The Ramones, Talking Heads, Blondie, además de la sacerdotisa del lugar, Patti Smith. En poco más de tres décadas, el CBGB se convirtió en el club símbolo del Nueva York antisistémico.

Todo eso fue borrado con el codo por la gentrificación. La calle Bowery, gradualmente comenzó a ser absorbida por el Soho neoyorkino, convirtiéndose en una especie de extensión de un barrio que, con el ingreso de las galerías de arte, se puso más caro. Eso hizo que los viejos vecinos dieran paso a vecinos más pudientes y que ese nuevo flujo de dinero atrajera negocios que son parte del mercado del lujo. En octubre de 2006, Hilly Kristal, el dueño del CBGB, cerró las puertas del local, porque no pudo pagar el arriendo, el que le fue subido de 19 mil a 35 mil dólares. Esa última noche, en forma simbólica, Patti Smith fue la encargada del último show. Ninguna campaña que se montó en el momento, del tipo “Salvemos CBGB”, pudo conservar el antiguo antro.

Lo que ahora hay en lugar del CBGB es una tienda de ropa para hombres con precios de alta costura. La tienda se llama John Varvatos y es una más de las carísimas tiendas de quien alguna vez fuera diseñador de Calvin Klein y Ralph Lauren. Al entrar a John Varvatos, de inmediato se hace visible la gran paradoja. El diseñador mantuvo toda la estética garaje-punk del CBGB, pero con precios que ninguno de los clientes del antiguo bar podría pagar: 200 dólares por una polera, camisas que llegan hasta los 500 dólares y chaquetas de cuero de 3.000 americanos. Casi dos millones de pesos. También se venden tornamesas, discos de vinilo y fotos de artistas que pasaron por el lugar como Elvis Costello o The Jam a 600 dólares, una ganga si se compara al precio de la ropa.

Un vendedor, un mulato con un peinado afro corto, una suerte de Jimi Hendrix posmoderno, habla sobre lo nuevo y lo viejo en esta tienda de John Varvatos. Dice que lo único que quedó del antiguo CBGB son los característicos muros grafiteados del lugar. Todo lo demás es nuevo, incluido el pequeño escenario donde el vendedor está sentado mientras toma un descanso. Sobre la tarima hay una batería con el logo de Varvatos sobre el bombo.

-Y el escenario antiguo, ¿dónde estaba?- pregunto al vendedor.

Hendrix apunta a una mesa de pool con paño rojo, sobre la cual hay ropa a la venta: corbatas, bufandas, poleras, todas puestas cuidadosamente. En ese lugar tocaban los Ramones o Blondie en traspirados conciertos. Considerando que el ex CBGB es un espacio angosto y profundo, de unos 10 metros de ancho por 70 de largo, el mítico escenario estaba casi al final de la recta, en el metro 60.

Hendrix, que en verdad se llama Izzy Inferno -según él es su nombre real-, explica que para Varvatos la tienda de Bowery 315 se convirtió en su favorita. Aquí hace el lanzamiento de sus colecciones, aquí tiene la ropa más rockanrollera (en sus otras tiendas el corte es más clásico) y aquí trae ocasionalmente a tocar bandas de rock y de hip hop, estas últimas quizás un sacrilegio para la antigua memoria punk del CBGB.

Algo similar de seguro pensaría Hilly Kristal, el fundador de CBGB, quien murió un año después de cerrar el local, si viera a los vendedores asiáticos de Varvatos, todos una ambigua y aséptica oda fashionista a la alta costura. Kristal contaba que en los primeros años del club, la barra se llenaba de cuchillos que se les quitaban a los asaltantes que se aprovechaban de los punks borrachos y de los viejos que vivían en los refugios del barrio. Nada de eso sobrevive. Bowery ahora es otra calle. Y el CBGB un simulacro de museo del rock que vende un montón de ropa cara. Un infierno punk.

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