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Culto
El regreso de los corazones rojos

El regreso de los corazones rojos

Hace un año exacto apareció Cleopatras, un disco de trece pistas entre monólogos y canciones, varias de ellas compuestas por Jorge González, entre las que se incluye la versión original de “Corazones rojos”. La presentación contó con la formación original del colectivo de Patricia Rivadeneira, Cecilia Aguayo, Tahía Gómez y Jacqueline Fresard, y significó una de las primeras apariciones públicas del líder de Los Prisioneros post-ACV.

“Quiero agradecer el honor de trabajar con tan excelsas mujeres y preciosas almas”, dijo entre aplausos el ex líder de los Prisioneros, Jorge González, justo al final de la presentación del disco debut de las Cleopatras, uno de los mitos dentro de la escena cultural under del Chile de la década de los ochentas. De ellas solo se sabía por el difuso relato de quienes lograron verlas, en el Trolley, en Matucana 19 o en algún galpón perdido en el centro de Santiago. Hasta ahora.

Hace un año exacto, en el centro cultural espacio Nave, el grupo conformado por Patricia Rivadeneira, Jacqueline Fresard, Cecilia Aguayo y Tahía Gómez presentó su disco homónimo, en donde rescatan grabaciones del tiempo en que el colectivo multimedia de performance se encontraba en funcionamiento, entre los años 1986 y 1991. La presentación fue a teatro lleno y contó con la presencia entre el público del ex líder de los Prisioneros, Jorge González, amigo y apoyo fundamental para la obra de las Cleopatras. El músico, que actualmente se rehabilita de un infarto isquémico cerebeloso sufrido en febrero del 2015, reapareció públicamente para agradecer la obra de un grupo que también formó parte importante en la vida del autor de la voz de los 80.

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Las Cleopatras nacen de la invitación a formar un conjunto de danza, música y teatro que la actriz Patricia Rivadeneira le hace a la diseñadora Jacqueline Fresard y a las bailarinas Cecilia Aguayo y Tahía Gómez, atraída por el talento y la belleza de esas mujeres. Las cuatro han dicho que sintieron un enamoramiento mutuo y que la amistad fue instantánea. “Eran muy fuera de lo común, cómo se vestían, cómo se movían y también cómo hablaban y lo que hacían”, recuerda la ex agregada cultural de Chile en Italia durante el gobierno de Ricardo Lagos.

Una vez juntas, empezaron los ensayos, primero en la casa de Rivadeneira y luego en la que Tahía Gómez compartía con el pintor Pablo Barrenechea en la calle Blanco Encalada. Eran sesiones largas, de 8 horas o más, en donde se trabajaba mucho y de manera obsesiva pero también había espacio para compartir como las amigas que eran, siempre bajo la música de New Order, Depeche Mode o Duran Duran. Se preparaban distintas obras de teatro, las que combinaban actuaciones, monólogos, música y retroproyecciones en un telón, algo revolucionario para la época. Nada estaba prohibido y, en ese contexto, también se daba espacio para la experimentación con drogas. Se acudía al LSD y al San Pedro para “encontrar respuestas e inspiración en estados de conciencia no ordinarios como lo hacían todos los artistas de las generaciones beats, surrealistas a los que nosotros admirábamos”, dice Rivadeneira.

Dentro de las performance más recordadas está una obra de teatro en donde dos mujeres iban a pedir trabajo y, para lograrlo, seducían a su empleador deslizando de esa manera una crítica al patriarcado, el machismo y el poder. Tres aspectos que las obsesionaban. Había otras que nacían de manera espontánea y no preparada, como una vez en que bajaron a la playa de Zapallar en camisones de dormir para grabar una película casera frente a la mirada extrañada de los residentes, la mayoría miembros de familias conservadoras y de mucho dinero. Todas estas intervenciones, preparadas o no, simbolizaban la libertad y el rupturismo en el que querían vivir las Cleopatras. “Éramos muy libres y muy libres en la experimentación, tanto en lo privado como en el trabajo, entonces no nos poníamos limites de probar, de experimentar y de provocar”, recuerda Cecilia Aguayo.

Ellas se emparentaban con otras agrupaciones míticas de la época, como los Pinochet Boys o la Contingencia Sicodélica, además de actores, pintores, cineastas y poetas en un circuito cultural que recorría desde Plaza Italia hasta Matucana. Todos se reunían bajo una bandera en común: el hastío frente a la realidad que vivía Chile en los ochenta. La censura por parte de la dictadura militar tampoco tardó en llegar, las fiestas y obras terminaban abruptamente por la intervención de la CNI mientras que muchos asistentes eran hostigados. Patricia Rivadeneira, sin ir más lejos, fue cuatro veces detenida por carabineros mientras que Tahía Gómez recuerda haber escapado en motocicleta por el centro de Santiago de los furgones policiales.


Corazones Rojos

Jorge González fue parte importante dentro de la vida de las Cleopatras. El entonces líder de los Prisioneros conoció el grupo a través de Jacqueline Fresard, su primera esposa, con quien mantuvo una relación de amistad luego de separarse. Rápidamente fue atraído por el concepto vanguardista de este colectivo de arte pero también por la energía de estas mujeres. Era un colaborador pero también un amigo frecuente en sus reuniones. Con el tiempo, les propuso cantar para pasar de lleno a ser un conjunto de música componiendo varias canciones para el grupo, entre ellas, “Con suavidad” y la famosa “Corazones rojos”, que en su versión original tenía un coro que decía: “Hey cleopatras” en vez de “Hey mujeres”:


Ambos temas formaron parte de lo que posteriormente fue el disco Corazones. Incluso hubo intenciones de grabar un disco por aquella época, bajo la supervisión de Carlos Fonseca.

La influencia de Jacqueline, Cecilia, Patricia y Tahia también es notoria en la carrera de González. “Él allí conoce nuevas formas, no solo culturales, sino de vida. Tal vez, le da una vuelta al concepto de la amistad, del amor de pareja”, dice Emiliano Aguayo, autor del libro Maldito Sudaca. Este cambio se hace visible luego en Corazones, el trabajo más pop y de vanguardia de Los Prisioneros. “Conoció el mundo femenino y pudo cantar canciones desdoblándose desde el punto de vista de las mujeres, porque en el fondo él escribía letras para que fueran cantadas por mujeres con una temática de mujeres”, recuerda Cecilia Aguayo. Si las Cleopatras pasaron de una propuesta teatral a una netamente musical, el cantante también se abrió a nuevas experiencias, aceptando en el papel de Creonte en la obra de teatro Antigona, uno de los episodios desconocidos dentro de la vida artística de González. “Definitivamente, se abre a un mundo que sus compañeros de banda no, lo que lo marca para su futuro, lleno de atrevimientos, libertad para cambiar de estilo, apostar, vivir fuera de Chile, conocer el mundo, liberarse del rol del rockero clásico y no tenerle miedo ni menos vergüenza al pop”, cierra Emiliano Aguayo.

Las Cleopatras se separaron a finales de la década de los ochenta, sin peleas ni diferencias. Patricia Rivadeneira y Tahía Gómez vieron nacer a sus primeros hijos mientras que Cecilia Aguayo fue reclutada por Jorge González para reemplazar a Claudio Narea en Los Prisioneros, un trabajo que la ocupó a tiempo completo, con dos presentaciones en el Festival de Viña incluidas. Así vino una desintegración natural, con cada una de las Cleopatras sumergidas en otros proyectos personales.

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La idea de lanzar un disco venía rondado a las Cleopatras hace más de dos años. El dueño de Hueso Records, Iván Navarro, les hizo la propuesta y acudió a las grabaciones que tenía Cecilia Aguayo. Finalmente quedaron 13 pistas entre monólogos y canciones, varias de ellas compuestas por Jorge González, entre las que se incluye la versión original de “Corazones rojos”. El lunes 11 de enero de 2016, Patricia, Cecilia, Tahia y Jacqueline concretaron este retorno.

Aunque nunca fue pensado de esa forma, es imposible no relacionar este lanzamiento con una suerte de homenaje a la figura del ex líder de los Prisioneros, quien vive un delicado estado de salud y quien es parte fundamental en de la vida personal y artística de las Cleopatras. “Se transformó en una cosa bonita por él, hacia él. Fue bonito darse cuenta que estamos lanzando canciones inéditas de él, compuestas para un grupo de mujeres. Entonces, era como muy potente el concepto. Pero vino como algo espontáneo”, reconoce Aguayo, mientras que Patricia Rivadeneira agrega “lo de González es una coincidencia feliz”.

Por lo pronto, desde Hueso Records anuncian la salida de una segunda edición del disco mientras que ya se piensa en nuevos lanzamientos, con mucho material audiovisual que quedó fuera de este primer regreso. El mito de las Cleopatras está lejos de acabarse.

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