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Culto
Los diarios de Piglia: en la mente de un escritor

Los diarios de Piglia: en la mente de un escritor

Los años de formación y Los años felices, los dos primeros tomos de Los diarios de Emilio Renzi, el álter ego del escritor muerto la semana pasada a los 75 años, son un extraordinario manual para entender su obra y aprender de literatura. Habrá que esperar la próxima edición de su tercer y último volumen, Un día en la vida, para cerrar el círculo.

“El que puede actuar, actúa. Y el que no puede y sufre profundamente por no poder actuar, ese escribe”. La cita de William Faulkner en el segundo tomo de Los diarios de Emilio Renzi, esa inusual “autobiografía” de Ricardo Piglia firmada con el nombre de su álter ego encarna gran parte de la esencia del autor argentino fallecido hace poco más de una semana. La idea del escritor erudito que vive en los libros más que en la realidad, que deja fluir por sus venas la historia completa de la literatura y cuya obra más que una mera creación es un continuo con la literatura que lo precedió, es lo que define al escritor transandino. Figura indispensable de la cultura latinoamericana, Piglia es más que ningún otro, heredero legítimo de la tradición de Jorge Luis Borges.

En una reciente columna del diario El País la escritora mexicana Valeria Luiselli, recordó que en su ensayo El último cuento de Borges, Piglia explica cómo La memoria de Shakespeare, el relato del autor del Aleph, funciona como una teoría general de la memoria y la literatura, “donde la segunda no es más que una memoria prestada o heredada a través de la cual nuestro pequeño y pobre mundo individual se enriquece y suma a la memoria colectiva”. Y eso fue Piglia, un creador de memoria colectiva, con obras como Respiración artificial –la novela que lo consagró- o Plata quemada. Pero también fue un inagotable lector, cuyas lecturas pueblan sus obras de ficción y especialmente ensayos fascinantes como El último lector –un compendio de grandes lectores.

Ricardo Piglia no fue un hombre de acción, su mundo eran las letras. “Sigo dándole poca importancia a la realidad”, comentó en una ocasión. Por eso, para entenderlo no hay mejor manual que su propia biografía resumida en los diarios de Emilio Renzi, un personaje que era parte de él –su nombre completo era Ricardo Emilio Piglia Renzi- y que a la vez es un personaje de su propia obra. “Como nos ha enseñado la lingüística, el Yo es, de todos los signos del lenguaje, el más difícil de manejar (…) A medio camino entre los dos, el escritor ha adquirido la costumbre de hablar de sí mismo como si se tratara de otro”, escribe al final del primer tomo de Los diarios de Emilio Renzi. Son tres volúmenes, el último de los cuales, que va de 1976 a 2015, se publicará este año.

La obra funciona como una mirada voyerista al backstage de un escritor y permite ver la rigurosa planificación de toda su creación. Como cuando escribe en enero de 1967: “Hoy empecé las notas preliminares para la novela de los malandras que escapan a Montevideo”. De allí saldrá Plata quemada que solo será publicada treinta años después en 1997. O cuando celebra su primer “premio”. “A las ocho de la mañana me despertó el timbre de la calle. Un cartero con un telegrama de la Casa de las Américas. ‘Su libro primera mención en Premio Casa. Lo publicaremos en los próximos meses. Felicitaciones’. Sin duda, lo sé mejor que nadie, estas alegrías son siempre incómodas, demasiado ‘sociales’ y en el fondo no sirve”, escribe el 13 de febrero de 1967.

Los dos primeros tomos de Los diarios de Emilio Renzi ven pasar además la historia argentina y sus personajes son una pléyade de memorables figuras de la literatura transandina. “Ayer vino Manuel Puig, crispado, confundido, buscando ‘gustar’…”, escribe al comienzo de su segundo volumen, recordando uno de sus encuentros con el autor de Boquitas pintadas. Y más adelante –en la entrada del 28 de marzo de 1969- agrega “lo mejor es mi conversación con (Rodolfo) Walsh sobre Borges y mi posterior e inesperado encuentro con el mismo Borges al bajar del ómnibus cerca de Retiro. Lo veo pasar y lo nombro. Él se detiene un momento y sonríe hacia mí”. Pero junto con ello es un extraordinario manual de literatura escrito por un consumidor compulsivo de libros.

La obra de Piglia es un cuerpo vasto de novelas, cuentos, ensayos, guiones de televisión, clases universitarias, conferencias. Un trabajo construido a lo largo de sus más de 50 años de carrera literaria –si algo así puede limitarse en un espacio de tiempo- que vamos viendo pasar a lo largo de las páginas de Los diarios de Emilio Renzi. Los primeros, como dice su título, son “Los años de formación”, los segundos los tituló “Los años felices”, porque, como escribió Alan Pauls en una reseña tras su publicación: “El secreto de la felicidad (de Piglia) es haber dado con esa voz ‘furiosa, irónica, desesperada, elíptica”. Y habrá que esperar la aparición del tercer volumen “Un día en la vida”, que concentra sus últimos años, hasta 2015 cuando el ELA que padecía lo obligó a parar.

El 31 de agosto de 1971, Ricardo Piglia anotó: “Yo escribo estos diarios porque confío en que alguna vez tendrá sentido pasarlos a máquina y hacerlos publicar, porque yo habré justificado con mi obra la lectura de estos apuntes diarios y personales”.

A estas alturas sobra decir que su lectura está más que justificada.


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