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Culto
Laberinto: la fábula de poder femenino ochentero

Laberinto: la fábula de poder femenino ochentero

Para algunos niños de los ochenta, el primer encuentro con Bowie no fue a través de los parlantes sino a través de la pantalla de televisión y la copia de VHS arrendada una y otra vez de Laberinto, una aventura musical con un villano de peinado ochentero glorioso y antigravitacional llamado Jareth.

El tráiler que se encuentra hoy en YouTube de Laberinto, la película de 1986, no presenta la historia de una joven que debe rescatar a su hermano de las manos de una especie de hechicero new wave/punk, sino que parte destacando la unión de tres “talentos extraordinarios”: Jim Henson, de la fama Muppet, George Lucas, de la fama Star Wars, y “una de las fuerzas más innovadoras del entretenimiento contemporáneo, David Bowie”.

Para algunos niños de los ochenta, el primer encuentro con Bowie no fue a través de los parlantes: fue a través de la pantalla de televisión y la copia de VHS -arrendada una y otra vez- de Laberinto. Es curioso que el tráiler no lo describa como la superestrella rupturista de la música que ya era, sino como un creativo de la industria de entretención. Laberinto es, después de todo, una aventura musical, que no solo depende de la ambientación y títeres del estilo Henson, aunque más torcidos e intimidantes (unos se sacan la cabeza y se la quieren quitar a la protagonista de paso), sino que también recae en su villano de peinado ochentero glorioso y antigravitacional, sombra de ojos azul y las mallas más apretadas en la ingle de la cristiandad, llamado Jareth. Laberinto a un niño le podía dar miedo -una historia pre blanqueamiento insípido de la nueva era- y también generaba una curiosa inquietud ante la obsesión de un adulto con una adolescente; había sexo en el aire, aunque uno de niño no pudiera verlo. Jareth quería a Sarah (tan joven, tan linda Jennifer Connely) para sí mismo y durante toda la película sospechamos que con perversas intenciones.

Lo que podría haber sido un mundo paralelo de Lolita en ácido, es en realidad una película de poder femenino. Sarah prepara una obra de teatro donde enfrenta a un rey de los goblins, criaturas tipo gnomo o derivados. Llega tarde a casa para cuidar a su hermano de meses de vida. Y entre la rabia y celos y poca paciencia pide que se lo lleven. La guagua desaparece en manos de los goblins y aparece en vez Jareth, diciendo que si ella resuelve el laberinto en trece horas, puede tenerlo de vuelta. Ahí empieza la aventura, por pasadizos secretos, basura, murallas que se disuelven y más. Pero aunque Sarah es engañada, a veces traicionada e incluso drogada y pierde brevemente la memoria -lo que da pie a una secuencia tipo Tiempo de vals pero con Bowie-, siempre parece en control. No se intimida, es inteligente, es cool y piensa que alguien le está jugando una mala pasada y va a enmendarlo. Pensando en otros hitos para los niños de los 80 como The Goonies (1985) o E.T. (1982) donde los hombres tenían toda la diversión, acá Sarah es la única protagonista. Así como puede ser una adolescente egoísta, sabe perdonar también y decidir quién de este mundo mágico es realmente bueno. Y es valiente.

Para esa protagonista, el némesis de Bowie es perfecto: Jareth podría haber sido simplemente malvado, o simplemente enojón, o simplemente dulce para desenmascarar su maldad en la escena final. Pero Bowie a todo le imprime calma, tensión, miradas, seducción; convierte a su actuación en una más de sus canciones. Incluso cuando tiene unas mangas de camisa que cuelgan hasta el suelo y mallas blancas, mantiene esa elegancia felina.

En una de las escenas más impresionantes para un niño, Sarah por fin llega a la imponente guarida de Jareth, donde una escalera conecta con otra en un cubo infinito y sin gravedad sacado de un cuadro de Escher. Jareth canta, Sarah persigue a su pequeño hermano que se escurre en este nuevo laberinto; hasta que se lanza, valiente, al vacío para alcanzarlo y el castillo se deshace. Los dos personajes se enfrentan. “Hasta ahora he sido generoso pero puedo ser cruel”, dice él, suavemente. Ella se ve sólida. El le ofrece los sueños que ella quiera. Y luego le dice una alegoría quizás de tanta relación masculina y femenina: “Simplemente témeme, ámame, has lo que digo y seré tu esclavo”. Jareth la quiere poseer, pero en un giro distinto a lo que podría ser cualquier villano de fantasía e historia infantil, es para que en la sumisión de ella, él se someta también.

Quién más que Bowie.

Sarah entonces repite la frase mágica que le cuesta recordar y que hará que todo acabe: “Tú no tienes poder sobre mí”.

Y así, sin peleas, ni espadas, ni golpes, ni muertes, ni nada típico en un cuento, Jareth es vencido por la chica, cuando ella simplemente dice que se niega a someterse a su poder.

Quién más que Bowie.


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