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Culto
De Duque Blanco a Estrella Negra: Blackstar, el adiós de David Bowie

De Duque Blanco a Estrella Negra: Blackstar, el adiós de David Bowie

Dos días antes de su muerte, el músico estrenó Blackstar, un trabajo que no solo coquetea con la muerte en cada canción, sino que construye una ruta a su inmortalidad.

El 8 de enero de 2016, uno de los músicos más importantes de la historia moderna estrenaba el vigésimo quinto álbum de su carrera. David Bowie, quien estaba alejado de los shows y las luces, regalaba a sus fanáticos Blackstar, un disco que llegaba para dejar atrás el rock de su antecesor The Next Day.

Nadie nunca imaginó que dos días después el Duque Blanco perdería una lucha de dieciocho meses contra el cáncer, batalla que solo sus más cercanos supieron y que transformaría a su último disco en el épico final de su legado.


“Sé que algo anda muy mal” (I can’t give everything away)

El proceso de creación del disco parte en 2014, después de un encierro de cinco meses en su casa y con un llamado en diciembre a su antiguo productor Tony Visconti, con quien trabajó desde Space Oddity. Coincidentemente, esos meses sin rastro alguno de Bowie corresponden al momento en que se enteró del cáncer al hígado que le costó la vida. “Ahí fue (fin de año) cuando me dijo que estaba listo para hacer el disco”, comentó el productor a la revista Rolling Stone.

“Este es David Bowie, ¿y me eligió a mí? ¿Me está mandando un e-mail a mí?”, fueron las palabras de Doony McClasin, saxofonista que participa en todas las canciones de Blackstar y al cual Bowie reclutó gracias a una amiga que lo llevó a ver uno de sus shows. El músico quería dejar de lado ese esquema rock de su anterior trabajo y realizar algo más experimental, como fue la tónica de su carrera. Justamente fue en McClasin y su banda que encontró ese sonido entre jazz y trip-hop, luego de trabajar juntos en “Sue (or In a Season of Crime)”, canción que se grabó meses antes del disco.


“Lo estoy intentando/ muero por hacerlo” (Dollar days)

Desde esa llamada en diciembre y ese e-mail, David Bowie comenzó un trabajo que a veces se extendía hasta por siete horas diarias en el estudio The Magic Shop, en Nueva York. El cáncer seguía como un secreto para el músico, pero pronto saldría a la luz. “Venía de una sesión de quimioterapia, no tenía cejas, ni pelo en su cabeza. No había forma de que lo mantuviera en secreto, pero me contó en privado y realmente me ahogué cuando nos sentamos a conversar”, confesó Visconti, uno de los pocos que supo su verdadero estado. Bajo esa revelación se desarrolló, entre diciembre de 2014 y marzo de 2015, la grabación de Blackstar.

De las siete canciones que componen el disco, cinco nacieron en los meses de encierro del Duque Blanco, una se había grabado antes y otra se creó en el mismo estudio. Cada una de ellas se acerca a la muerte, explícita o implícitamente. Bowie necesitaba escupir todo antes de partir y por lo mismo las letras que componen su obra final pasan de la rabia, la resignación y la nostalgia.

Fuera de la ya popular frase que marcó su adiós gracias a “Lazarus”, Bowie dejó pistas de su sentir en todo el trabajo, más allá de cualquier explicación que pudo dar sobre sus letras. La apertura del disco con “Blackstar” es un aviso de lo que ocurrirá tras su partida: “Algo sucedió el día que él murió/ El espíritu se elevó un metro y se hizo a un lado/ Alguien más tomó su lugar y valientemente exclamó/ ¡Soy una estrella negra!”. La explicación es que ese que toma el lugar valiente es el disco, que habla lo que él no pudo o no quiso expresar a todos.

La segunda canción, “’Tis a pity she was a whore”, saca toda la rabia que sentía el artista hacia la enfermedad que lo estaba matando: “Hombre, ella me golpeó cual muchacho/ ‘¡Contén tus manos!’ le grité/ Es una pena que fuera una puta/ Este es mi destino, supongo”. El tercer hit, “Lazarus”, tiene esa alusión directa y resignada de despedida: “Mira hacia arriba / Estoy en el cielo”. El disco sigue con “Sue (or in a deason of crime)”, la canción que enfrenta a Bowie con la idea del cáncer por primera vez, ya que fue grabada antes que cualquier otra: “Sue, la virgen sobre tu lápida/ Para tu sepultura/ ¿Por qué te es tan oscuro pronunciar las palabras?”, reza la canción, que probablemente fue una de las inspiraciones para el título de este álbum y donde se refleja la decisión de mantener en secreto su estado.

“Girl loves me”, la canción con el nombre más relacionado al romance, esconde la fase más dura de la batalla contra el cáncer: “Quedo frío ante este cerdo y faldero show/ Me iré a sentar sobre el castaño”. Casi llegando al final, Bowie sorprendía con “Dollar Days”, una balada que nace dentro del mismo estudio y en base a la improvisación. “Un día, David agarró una guitarra, tenía una idea breve y la comprendimos ahí mismo”, dijo McCaslin en una entrevista con Rolling Stone. La letra de esta debe ser el reflejo más fiel de lo que pasaba por la cabeza del artista al sentir que perdía la lucha contra la enfermedad: “No piensen ni por un segundo que los olvidaré/ Lo estoy intentando/ Muero por hacerlo”. El último registro y con el que se despide definitivamente es “I can´t give everything away”, tema con el que refleja lo que serían sus últimos días: “Sé que algo anda muy mal/ El pulso hace retornar a los hijos pródigos/ Los corazones en apagón, las floridas noticias/ Con diseños de cráneos sobre mis zapatos”.


“Mira hacia arriba/ estoy en el cielo” (Lazarus)

Blackstar es el primer disco del cantante que no tiene ni su rostro ni su cuerpo de ninguna forma en la portada. Esto, probablemente, sea señal del hermetismo con el que decidió terminar sus días, sin dar señales de su real estado. También es una forma de apagar su apodo de “Starman”, como muchos lo han conocido gracias a su hit de 1972. No obstante, hay una parte que pocos se han aventurado a indagar: “Black star” es una canción de Elvis Presley, uno de los músicos más importantes en la vida de Bowie. Puede ser este quizás el aspecto más importante e influyente en el título de su regalo de despedida, pues esta canción tiene la siguiente estrofa: “Un buen día veré esa estrella negra/ Esa estrella negra sobre mi hombro/ Y cuando vea esa vieja estrella negra/ Sabré que es el momento, mi tiempo ha llegado”.

El último disco en vida de David Bowie significó la mayor venta de vinilos en 25 años en el Reino Unido, pero la importancia de esto va más allá de la cantidad y significa el último gran regalo que Bowie quiso dejar: el registro para tocadiscos de Blackstar tiene como característica que si este queda expuesto a una fuerte luz, su fondo muestra un cielo nocturno a través de la estrella que lo cubre.

Blackstar y todo lo que significa es la forma en que David Bowie quería decir adiós, marcando a toda una generación de seguidores: encontrando su rostro, sus letras y sus melodías en un cielo quieto, inmenso e imponente; fue esta la manera en que la leyenda nos dijo que estaría presente eternamente para cada uno y en cualquier momento, como el aire y el alma, esa que gracias a su obra logramos llenar.


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