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Culto
Jorge Becker, una luz entre las sombras

Jorge Becker, una luz entre las sombras

Hace un año, un virus causado por el VIH dejó al actor casi sin poder hablar, ver ni desplazarse. Los avances en su recuperación le permiten conceder esta entrevista tras reaparecer en el preestreno de Vida de familia, la cinta de Cristián Jiménez y Alicia Scherson que protagoniza y que irá a Sundance. “Mi cuerpo es un calabozo de manos y pies”, dice.

Ese hombre en la pantalla es él, siendo otro. “Uno mentiroso, pero bueno”, dice, breve y preciso. Martín, su personaje en Vida de familia, la cinta de Cristián Jiménez y Alicia Scherson que este competirá en el Festival de Sundance junto a doce producciones internacionales, no se le parece mucho, cree el actor Jorge Becker (El bosque de Karadima). “El usa la vida de los otros; yo cargo solo con la mía”, afirma, aunque sabe que ambos sienten, a sus 40 años, la urgencia de disfrutar de las cosas simples de la vida: “Un café. Un buen libro. Una ida al parque, al teatro. Los detalles. También nos unen los tropiezos y errores, por cierto. Como a todos”.

El pasado martes 13 de diciembre tuvo lugar el preestreno de la película basada en un cuento de Alejandro Zambra y que el 26 de enero debutará en salas locales. Fue ahí que el actor de 39 años, quien se hizo conocido por las obras Neva (2006) y Diciembre (2008), de Guillermo Calderón, y más tarde por su soberbia interpretación del Hamlet traducido por Raúl Zurita y dirigido por su maestro, Gustavo Meza, volvió a aparecer y a hablar en público, tras meses de silencio. “Fue un pequeño percance”, dijo en su discurso. Los presentes en la sala de Matucana 100, varios de ellos amigos y cercanos, reconocieron en sus pocas palabras el humor de siempre. Al Becker de siempre.

Hace un año, días después de zafarse de Martín, que sus palabras suenan fracturadas, como si las escoltara un largo punto suspensivo. También debe sostenerse con la ayuda de un bastón, caminar junto a otros y buscar en sí mismo hasta dar con las palabras adecuadas. La noche de Navidad de 2015, mientras ensayaba para Happy end, el musical de Brecht que en marzo pasado abrió la temporada del GAM y donde él tendría un rol estelar, Jorge Becker estaba en su antigua casa junto a tres amigos, leyendo qué les deparaba el horóscopo chino. Cuando llegó su turno, se quedó en silencio. “No quiso leer su signo. Y es raro que un actor guapo y talentoso como él no quiera ser el centro de atención. Todos sabíamos que Jorge siempre había sido un tipo muy piola, pero intuimos que algo le pasaba”, cuenta Teresa Hales, amiga, ex compañera en la escuela Teatro Imagen y con quien Becker vivía entonces. “Esa noche se quebró y se sinceró con nosotros: había perdido casi por completo la vista de su ojo derecho. Estaba aterrado”, recuerda.

Primero corrieron hasta la Clínica Alemana, donde tras algunos exámenes de urgencia supieron que lo de Jorge Becker, ese “pequeño percance”, como él mismo lo define hoy, no era sino un tropiezo más en su salud producto del VIH que padece hace algunos años y que nunca trató. “Su enfermedad y las bajas defensas le provocaron un virus conocido como JC, una leucoencefalopatía que se le metió en la cabeza y le dejó algunas secuelas”, explica su amiga y colega Paula Zúñiga. El virus atacó el lado derecho de su cuerpo, adormeciéndolo desde el hombro hasta la punta del pie, además de provocarle dificultades para hablar, pérdida parcial de la vista y vacíos en su memoria. Pronto la noticia cobró vuelo, pero pocos sabían qué había ocurrido con él.

Fueron casi cinco meses internado en el Hospital San Juan de Dios. Hoy, a un año de desaparecer de escena, los avances en su recuperación “son sorprendentes, pero hay que ir con calma”, dice su madre, Graciela Reyes, sentada junto a su hijo en el living del departamento que el actor arrienda en plena Providencia.

“Todo fue devastador, y aún me cuesta hablar, caminar y moverme, pero voy paso a paso”, cuenta Becker. “Jorge entiende todo lo que le dicen y dentro de él están todas las respuestas, pero las palabras aún no le salen”, añade su madre, quien además valora el apoyo que Jorge recibió desde que se supo lo de su enfermedad: “Agradezco cada función que se hizo en beneficio suyo, además de la ayuda económica”, comenta acerca de la pensión de gracia mensual otorgada por el Estado de 3.80 IMM (Ingresos Mínimos Mensuales), poco más de $600 mil pesos.

La gestión estuvo a cargo de Paula Zúñiga y Trinidad González, sus compañeras de la compañía Teatro en el Blanco, junto al ministro de Cultura, Ernesto Ottone. Luego se sumaron otros aportes desde Sidarte y Chileactores. “Además de colegas, somos sus amigos, su familia, y él lo sabe. Nunca lo hemos dejado solo ni hacemos diferencias después de lo que le pasó. Jorge sigue siendo el mismo Becker de siempre, en eso estamos todos de acuerdo”, opina su amigo Ernesto Orellana, actor y director, quien además asistió a ésta, su primera entrevista en meses.

Cada semana, un equipo médico integrado por un fonoaudiólogo, un kinesiólogo, un sicólogo y un enfermero del San Juan de Dios, colabora en su recuperación. “Lo que más me gusta es ir a la piscina”, dice Becker, apuntando a las sesiones de hidroterapia que recibe una o dos veces a la semana en el Centro de Natación Patricia Thompson, en Providencia. “Hay días en que salgo con amigos, voy al teatro o al parque, y otros en que sólo me quedo aquí y vienen a verme. Hasta Raúl Zurita y Guillermo [Calderón] vinieron hasta aquí. Ellos saben lo que me pasó”, dice. “Mi cuerpo es un calabozo de manos y pies, y sólo pienso cuándo será el día, cuándo será el día…”, agrega.

Sus médicos de cabecera, Pablo López y Leo Chanqueo, han proyectado, según sus cercanos, un plazo de dos años para ver avances significativos en su recuperación, pero no aseguran que las secuelas desaparecerán del todo. “Hace un año, cuando la vida de Jorge pendía de un hilo, decían que no iba a volver a hablar ni caminar, pero él ha puesto en jaque esos pronósticos. Becker es un hombre fuerte y conoce su cuerpo como pocos, así que seguro saldrá del encierro en el que está”, cree Paula Zúñiga.

En su habitación hay algunos libros, como Mi amiga Gladys, de Pedro Lemebel, que su madre terminó de leerle hace pocos días. Entre los mismos, escondido como un tesoro, está el guion cinematográfico que Jorge Becker escribió años atrás, mientras estudiaba cine en Cuba. “Es la historia de un hombre que vive en la Isla”, cuenta el actor, quien pretende terminar de escribir esa historia junto a una amiga cineasta, una vez que retome su vida. “Este otro personaje se parece más a mí, y puede que no lo pase tan bien al comienzo, pero al final habrá luz y él estará cerca de ella. O eso es lo que creo ahora”.

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