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Culto
Mariana Callejas, la escritora de la Dina

Mariana Callejas, la escritora de la Dina

La esposa de Michael Townley, fallecida en agosto pasado a los 84 años, tenía serias aspiraciones literarias: en su casa de Lo Curro hacía un taller al que asistían Gonzalo Contreras, Carlos Franz y Carlos Iturra, entre otros. Publicó una novela y dos libros, con historias demasiado reales de torturas, bombas y muertos.

Max, experto en relojería, es convocado por agentes de inteligencia para una misión prioritaria. El plan es liquidar a un adversario del régimen, hacer volar su auto. “Tenemos dos kilos de C-4 para este trabajo. Ves que es importante. Dos kilos para el caballero. No puede fallar (…). Pero qué pasa con las metralletas, dice Max, si el hombre vive tan tranquilo como ustedes dicen, le pueden dar cuando salga de su casa, como de costumbre. No, Max, dicen ellos, lo que buscamos es el efecto sicológico. Un baleo es un baleo, ya la gente está acostumbrada. Tiene que ser algo grandioso, para que aprendan los otros como él, los enemigos”.

El cuento se titula “Un parque pequeño y alegre” y es parte del libro La larga noche, de Mariana Callejas, fallecida el 10 de agosto pasado a los 84 años. Publicado en 1981, el relato es un eco espeluznante del asesinato de Orlando Letelier, ocurrido en Washington en 1976: en el cuento Max, como Michael Townley, instaló la bomba bajo el asiento del conductor y la hizo detonar poco antes de las nueve de la mañana.

Cuando Callejas publicó su libro, Townley ya estaba preso en EEUU. El volumen reúne 27 cuentos, escritos entre 1974 y 1978, en el taller literario que funcionó en su casa de Lo Curro, por el que pasaron algunos connotados autores de la Nueva Narrativa Chilena. El mismo que inspiró una crónica de Pedro Lemebel, la novela Nocturno de Chile de Roberto Bolaño y la obra El taller de Nona Fernández.

Todo comenzó en el Instituto Cultural de Las Condes, donde Enrique Lafourcade dictó un taller, siete meses después del Golpe de Estado. Callejas, ex miembro de Patria y Libertad, casada con el ex agente de la CIA Michael Townley, había tomado cursos de literatura en Miami y tenía condiciones literarias.

Poco después el taller se trasladó a su casa en la calle Pío X, en Providencia. El grupo más cercano lo formaban Carlos Iturra, Gonzalo Contreras y Carlos Franz, “el niño bonito que hablaba como un caballero sesentón”, según recuerda ella en su libro Nuevos cuentos (2007). Además de su interés literario, “pensábamos que seguramente todos estábamos de acuerdo en lo nefasto del régimen de la Unidad Popular ya que todos parecían tan contentos”, dice.

Por entonces Callejas ya era parte de la Dina. En septiembre de ese año viajó a Buenos Aires con Townley. Según la investigación judicial, ambos fueron responsables del asesinato del general Carlos Prats y su esposa, mediante la detonación de una bomba instalada en su auto.

Desde 1975 el taller funcionó en Lo Curro. Mariana oficiaba de chofer del resto. “Recuerdo, por ejemplo, que iba a dejar a Gonzalo Contreras a la casa de su familia en la avenida Ossa y allí, en el auto, sosteníamos largas conversaciones sobre la vida en general”, cuenta.

Ganadora del premio de cuentos de El Mercurio de ese año, Callejas era la escritora más promisoria del grupo y ejercía un fuerte atracción sobre los demás. “A mi taller y mi casa llegaron personas de todas las edades y de todos los colores políticos”, recuerda. Frecuentaban también el edificio de Vía Naranja Magdalena Vial y Pablo Huneeus y en alguna celebración se vio a Roser Bru, Lafourcade y Nicanor Parra.

El tercer piso de la casa era el escenario de las reuniones y las fiestas. En el primero, Townley tenía su propio taller, y luego Eugenio Berríos instalaría un laboratorio para desarrollar gas sarín. En ese mismo lugar fue torturado y asesinado el diplomático español Carmelo Soria.

Tras la extradición de Townley a EEUU, en 1978, el taller se disolvió. Pero aún acompañarían a Callejas algunos amigos, Carlos Iturra y Carlos Franz, quien años después tomaría distancia.

La larga noche, el libro que autoeditó en 1981, lleva en su portada la ilustración de un ojo que observa a través de una celda. El primer relato describe una sesión de tortura y en el conjunto hay historias recurrentes de violencia y muerte: ajusticiamientos populares, guerrilleros acribillados por soldados.

Dinacos censuró el libro y la escritora lo denunció a través de la prensa: “Si no hay libertad para publicar cuentos de taller, ¿cómo dicen que hay realmente libertad de prensa en Chile?”. Meses después ganó un premio en un concurso de la revista La Bicicleta, lo que motivó protestas de los lectores.

A mediados de los 80 publicó una novela con editorial Andrés Bello, pero pasó inadvertida. Una década después envió manuscritos a Sudamericana, Planeta y Random House. No obtuvo respuesta.

Editorial Puerto de Palos, la misma que sacó los últimos títulos de Lafourcade, lanzó Nuevos cuentos en 2007. Allí se queja de los viejos amigos que “inteligentemente pasaron de simpatizantes del gobierno militar a feroces detractores del mismo”. En entrevista con La Tercera, en 2010, diría: “Los entiendo, aunque no me parecen muy valientes. En esa época yo tenía a Contreras y a Franz aquí”, señalando la palma de su mano.

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