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Culto
La princesa que alzó la voz

La princesa que alzó la voz

Leia era una anomalía cinematográfica: una princesa con opinión, una líder de los rebeldes, con cerebro para dirigir operaciones complejas y hacer explotar la Estrella de la muerte, como tan hábil para disparar y subirse a una moto galáctica y acelerar a fondo.

El peinado quizás sea lo más imitable del personaje, y el bikini dorado el ícono con que los hombres que crecieron con Star Wars han soñado de manera febril, pero la verdadera marca de fábrica de la Princesa Leia, el personaje inmortalizado en la cultura pop por Carrie Fisher, es su lengua veloz.

La Princesa Leia era una anomalía cinematográfica: una princesa con opinión, una líder de los rebeldes, con cerebro para dirigir operaciones complejas y hacer explotar la Estrella de la muerte, como tan hábil para disparar y subirse a una moto galáctica y acelerar a fondo. Leia no tenía problemas en pedir ayuda, en decir lo que pensaba, y en mandar a callar a Han Solo cuando este se pasaba de revoluciones.

La princesa Leia era ídola porque permitió a varias generaciones de niñas en el mundo ser protagonistas del juego, no adornos, ni secundarias. Y les enseñó que se podía ser mujer, bonita, valiente y levantar la voz. Que no había que elegir entre la pistola y la corona.

Carrie Fisher, la actriz, también fue una mujer de voz potente. Carrie Fisher puede no haber luchado contra el Imperio en su vida real, pero luchó contra tanto más: contra sus demonios y depresiones, contra el alcoholismo, contra el machismo imperante en Hollywood.

Carrie Fisher fue lo suficientemente valiente para retomar, y no rehuir, del rol que la hizo inmortal en la mente de los millones de fanáticos. Y claro, el tiempo había pasado:ahora era una mujer de sesenta años, con arrugas, con más peso, con más canas. El cruel bullying virtual no se hizo esperar al respecto tras el estreno del Episodio VII de la saga de Lucasfilms, y Carrie Fisher, en vez de callar, nuevamente sacó la voz. Para decir que le dolía, porque nunca pidió disculpas por mostrar sensibilidad, y para mandar a guardar a todos los que confunden belleza y juventud con talento.

Carrie Fisher era chistosa. No todas las mujeres lo son, ni se les permite serlo. Sabía reírse de sí misma con naturalidad e ingenio, y usar cada chiste como arma contra el mundo o como muleta contra sus problemas de salud mental. El humor permitió que Fisher, a veces de vida revuelta, no se convirtiera en una víctima, sino que en una guerrera. En su libro de ficción, pero inspirado en su batalla de adicciones, Fisher escribió: “El problema con tenerlo todo, es que debería incluir la habilidad de tenerlo todo. Quizás hay personas que saben cómo tenerlo todo. Probablemente estén en un grupo en algún lado, riéndose de nosotros los que tenemos todo y no sabemos cómo hacerlo”.

Carrie Fisher es y será por siempre Leia, y Leia es y será por siempre Carrie Fisher. Excepto en la película inspirada en su vida, donde la interpretó Meryl Streep. No se puede ser más cool que eso.

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