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Culto
Cristóbal Briceño: “La verdadera entretención es controversial”

Cristóbal Briceño: “La verdadera entretención es controversial”

La banda Ases Falsos lanza su tercer álbum, El Hombre puede, y el líder ha soltado las riendas del grupo. Lo que el vocalista no puede dejar atrás es una sinceridad, como la de esta entrevista, que causa polémicas.

Pregunta si la grabadora corre. “Qué lata hablar altiro de esto pero la marcha contra el femicidio. ¿Tú creís que un huevón tan maldito está preocupado de un hashtag? Esos son problemas formativos”. La consulta no figura en el cuestionario. Con Cristóbal Briceño, la batuta de Ases falsos, la idea es hablar del nuevo álbum, el tercero de un nombre fundamental del pop rock chileno de la década. Pero con el músico de 31 años suelen saltar chispas. En marzo dijo que vivíamos en un “matriarcado solapado” y se declaró escéptico del feminismo mientras llamaba a participar de un evento de esas características. Fue como pedir atención pasando el canto de una regla en una vieja pizarra. El tema no surge al azar. Briceño fue padre de una niña y pretende aportar al cambio social a través de la descendencia. “Las marchas satisfacen en buena medida a los que ya están convencidos”, dice. Yo creo que mucha gente necesita sentirse acompañada y confirmarse a sí misma, le digo. En una plaza al mediodía Cristóbal Briceño mira el pasto. “Sí, para nadie es fácil”.

Han pasado dos años desde Conducción, donde Ases Falsos hizo su lectura sobre un momento de la sociedad donde todo el mundo parecía aleccionarse entre sí. La portada del nuevo disco corresponde a una fotografía algo descolorida de un humilde templo agnóstico a medio construir, con unos símbolos geométricos y la sentencia “El Hombre puede” en el frontis. Briceño tomó la oración como título.

Suena optimista

Lindo que digas eso porque la connotación que das al título habla de ti, o de lo que deseas. Cuando publicamos la carátula, mucha gente vio cochinadas (risas) porque cochinadas tendrán. Por ejemplo (exagera la voz) ‘¿¡Y la mujer no puede!?’. Iba a provocar escaramuzas y pasó, responde.

La banda confió la producción al guitarrista Martín del Real. Quedaron diez temas -nueve compuestos por Briceño y uno en coautoría de ambos-, y algunas reglas cambiaron. “El sonido es clásico. Si yo hubiera querido una guitarra potente hubiese grabado varias capas. Martín no. Una guitarra que suene fuerte y claro. Antes tocábamos en la sala de ensayo, salíamos felices, pero grabado sonaba penca. Ahora fue en cintas, el sonido tiene más ruido porque es todo más real. Llegamos a un punto que estábamos esperando: la banda se paga solita. No la financio yo ni el Estado. Dios me ha guardado de hacerlo y se lo agradezco”.

Briceño participó de pocos ensayos grupales. El grupo acomodó los temas con del Real a cargo de los arreglos. “Entrego el material y al final lo retomo porque soy el que canta. Los que tengan el oído más entrenado se darán cuenta que el instrumento protagonista es la batería. ¿Lanzamiento? No creo que hagamos”.

Todos tus muertos

Juan Gabriel aparece en la portada del disco de Ases Falsos Juventud Americana, y en el video del single Gehena Cristóbal Briceño sostiene una foto del astro mexicano. Es su ídolo. El músico dice que nunca sintió su desaparición y que le gustó la manera en que sucedió. “Ya estaba sacando el mega-disco-de-platino con temas regrabados. Es como ‘sigo vivo ¡mátenme!’. Se despacha un concierto de tres horas espectacular, y muere en la escaleras de su mansión en brazos del mayordomo. Qué cosa más linda”.

¿Otros muertos 2016? Briceño elige a Bowie y Prince. “Fue como cuando te dan una golpiza. El primero duele, los otros ya no. Quiero mencionar eso sí a Guido Vallejos. No lo dije en su momento porque dicen ‘Ah, a este huevón le gusta la polémica‘ y parece que es verdad, soy un polemista, pero como (el escritor italiano) Giovanni Papini. Pienso que la verdadera entretención es controversial”. Cuando Briceño lee, también busca ese territorio ambivalente. Los textos de Miguel de Unamuno le sorprenden. “Me hizo pelear conmigo mismo, negar algunas cosas y reformar otras. Cuando eso me pasa, me dan ganas de llorar de felicidad”.

Si te gustaba leer en el colegio, Unamuno te tocaba.

Claro, te hacen leer Niebla, un librazo, que provoca un amor real y consciente a cosas que no son reales, pero que sí lo son, entes ficticios, que al final son lo más importante de las especies. Si hago una lista quiero a mucha más gente que no existe.

¿Por ejemplo?

Ignatius Reilly de La conjura de los necios. Dan ganas de apapacharlo, y sé que Ignatius es John Kennedy Toole, y sé que Ignatius soy yo. Es una extraña manera de hacer el amor, no sexual. Es lo que pienso que pasa con las grandes canciones. David Bowie creaba con situaciones completamente ficticias que le pasan a un personaje ficticio, pero yo se que el personaje que está ahí es él, David Jones niño, y yo estoy ahí también, por algo me envuelve. Estoy ahí o lo que puedo ser. O como decía Unamuno “lo que yo deseo ser”. Y ese será a quien Dios juzgará en el día del juicio. Y tu castigo o premio será ser quien quisiste.

Abrir la boca

Cristóbal Briceño juega con su pequeña y cambia los roles. El hace de hijo y ella de mamá. “Nunca le he regalado una muñeca. Si queremos creer en esa burrada de la igualdad de género, debería ser un humano neutro”.

“La burrada de la igualdad de género”. ¿Por qué?

Porque somos muy diferentes y ahí está la gracia de la especie.

¿Un error de concepto entonces? ¿Debiera ser otro el enunciado?

Siempre la cago. Como dice mi papá, “vez que abro la boca…” (risas). Pero sí. A mí lo que no me deja indiferente es la injusticia, especialmente contra niños o alguien que tenga menos fuerza que otro. Pero de ahí a pretender que tenemos las mismas capacidades, me cuesta creer en eso. Si creo que un hombre debe buscar a la mujer que hay dentro de él y la mujer puede y debe buscar al hombre dentro de sí. Luego, en la fábula que a mí me gusta, el final feliz sería que el hombre se transformara en mujer y viceversa, y entonces se hicieran uno.

¿Todos parecidos? Qué fome.

No. Se abrirían las puertas del reino y este mundo dejaría de tener la lógica que conocemos.

Por decir cosas así hay gente que te considera un genio y unos cuantos te odian ¿Cómo afrontas los extremos?

Creo que me prestan demasiada atención.

Cuestión de género

-¿Cómo es ser papá?

Súper cansador. Es el proyecto más absoluto de tu vida. Nunca me había pasado algo que no pudiera abandonar ni un segundo. No es algo que diga: “Ya, hasta el miércoles. El miércoles sigo viendo esto”. No para y va creciendo en intensidad. Eso por un lado, y después las cosas buenas no se pueden narrar. Para mí sería ilícito no ser papá, porque yo creo en la revolución molecular y no en las reformas sociales vociferadas. Para mí la única manera de hacer una reforma social es a través de un hijo. Esta hueá está tan cagada que creo que lo que podemos hacer es aportar con un eslabón, ojalá positivo, hacia adelante. Por ejemplo, esa hueá de que las marchas contra el… ¿estamos grabando?

Si.

Ya. Qué lata hablar al tiro de esta hueá, pero tú me metiste el tema. La marcha contra el femicidio… ¿Tú creís que un hueón tan maldito, capaz de aniquilar a una mujer, está pendiente de un hashtag o de una marcha? Esos son problemas formativos. Deben tener que ver en un comienzo con carencia de afectos, y con una desconexión entre la madre y los hijos. Cuando la madre está desconectada de los hijos es muy probable que los hermanos entre sí se desconozcan y entonces eso lo podemos llevar a un plano superior con la naturaleza. Nacemos desconectados con la naturaleza. En la ciudad cuando molesta un árbol lo botamos. Contaminamos las aguas, eliminamos árboles, estamos desconectados de nuestra madre y estamos desconectados entre nosotros. Hay algo que me causa conflicto con mi hija, pero a veces ella me llega con una flor de regalo. Me dice “Papi, mira, para ti” y no se la puedo agradecer. Sinceramente porque no me gusta que corte flores.

Cristobal Briceño

-¡¿En serio?!

Porque a mí mismo me da terror cortar una flor. Un ente tan perfecto y tan superior… es como mutilarlo. Espero inculcarle un respeto por su entorno y que eso, supongo que como resultado final, o a largo plazo, va a resultar en una persona que no va a sentir deseos de dañar ni menos torturar y matar a un semejante.

-¿Entonces por qué una acción como la marcha no tiene tanto sentido?

No, no tengo nada en contra de la marcha, pero no me parece muy práctico.

-¿Pero no instala el tema y que queda visible para bien y para mal?

Estoy casi siempre de acuerdo con casi todo lo que dice Gabriel Salazar. Para mí él ha sido una figura paterna importante y él mismo decía que “doscientos años marchando y todavía no hemos logrado nada”. Llegó la hora de buscar otros mecanismos. Yo creo que las marchas satisfacen a los que ya están convencidos. Funciona muy a través de la autocomplacencia, de sentirse superior, pero he participado de muchas, muchas marchas a lo largo de mi vida, pero como te dije yo creo en la revolución molecular. Que empiece desde adentro. Yo creo que eso puede rendir frutos, aunque sea también a nivel molecular.

-Hay gente que igual necesita sentirse acompañada, que no tiene la suficiente fuerza para comprender eso y probablemente al ver a otros sienten que lo pueden hacer todos juntos. Tú estás hablando de que las cosas deben cambiar a partir de uno, pero es difícil para muchos.

Es difícil para todos, po’. ¿Para quién es fácil? La reforma personal es auto destructiva. Tenís que rajarte tu propio cuero. Es doloroso. Yo no creo que para nadie sea fácil.

-A lo que voy es que algunos quieren recurrir a otras cosas, la religión es un poco eso. Y hay otros que no, que tienen la fuerza para hacerlo ellos solos.

Sí, yo no soy capaz de hacerlo por mí mismo tampoco. Ahora mismo te acabo de citar a Gabriel Salazar y él para mí ha sido muy importante y bueno, es difícil imaginarse que alguien lo pueda hacer solo. Yo no me siento capaz de hacerlo solo, pero, bueno. En el caso particular de mi relación con mi hija, es mi hija quien lleva la hueá. No soy yo el que propone una guía de estudios. Ella es la que me está enseñando a mí. Tenemos la fantasía y sabemos que no es real pero lo creemos, que ella es mi madre y yo soy su hijo.

Cristobal Briceño

-¿Y cómo funciona eso?

Funciona excelente. Ella tiene muy exacerbado desde siempre su sentido de maternidad. Yo nunca le he regalado una muñeca, nunca le puse vestido. Con cueva la peinamos con su mamá. Si queremos creer esa burrada de la igualdad de género debería ser un humano neutro, pero ella siempre, ella solita ha sacado su lado maternal y cuando vamos a la casa de amigos siempre agarra las guaguas, al mismo gato que tenemos lo trata como guagua -y de paso lo tortura un poco- , pero entonces… Pierdo el hilo constantemente.

-Dijiste “la burrada de la igualdad de género”. ¿Por qué?

Porque yo creo que el hombre y la mujer somos muy diferentes y creo que ahí está la gracia de la especie.

-¿Entonces hay un error de conceptos? ¿Debería ser otro el enunciado?

Ah, no sé. No me quiero meter. Ya sé que siempre la cago. Como dice mi papá “vez que abro la boca la cago” (risas). A mí lo que no me deja indiferente es la injusticia… me siento capacitado para decir que nunca me voy a hacer el loco frente a una injusticia, especialmente cuando es perpetrada contra niños o contra alguien que tenga menos fuerza que otro. El abuso de poder… incluso cuando son injustos con un ente ficticio. Con una leyenda, con un mito, con un personaje, con una mujer, con un hombre. Pero de ahí a pretender que somos lo mismo o que tenemos las mismas capacidades, me cuesta mucho creer en eso. Lo que sí pienso es que un hombre puede y debe buscar a la mujer que hay dentro de él y la mujer puede y debe buscar al hombre dentro de ella. En la fábula que a mí me gusta, bueno… el final feliz de la historia sería que el hombre se transformara en mujer y la mujer se transformara en hombre y entonces se hicieran uno, pero para eso creo que faltan varios milenios.

La felicidad, Estados Unidos, la prensa y la ciudad

-¿Estás contento en este periodo?

Siempre estoy contento, nunca estoy feliz, que no es lo mismo. Si revisamos qué significa estar contento, es estar contenido. Contento viene de contención, ¿cierto? Lo que nos pasa a la mayoría de los seres humanos en esta época en que el viaje astral está tan favorecido por el uso de drogas y especialmente por el uso de internet, es que todo el rato está fuera de su cuerpo, ¿cierto? Entonces es muy difícil estar contento. Estar contenido sobre nuestro límite fisiológico, que es el único límite real y que es importantísimo yo creo, estar dentro de nuestros cabales y de nuestras paredes. Entonces, la mayoría de la gente está preocupada por las votaciones en Estados Unidos, hueón. Cagada de susto porque va a salir Trump, cuando yo siento que que salga Trump es lo mejor que le podría pasar a los gringos porque se lo merecen. Se merecen ese vía crucis.

Ya lo han hecho otras veces, han tenido otros presidentes igual de payasos. Nixon, horroroso.

Me da lo mismo lo que pase en EE.UU.. El otro día le comentaba a un periodista que los diarios me parecían una ridiculez, me decía que poco menos que yo vivía en una burbuja y yo no le quise seguir rebatiendo, pero para mí él vive en una burbuja. En la de los medios y Norcorea, los problemas de migración en Alemania. El es el que se ha abandonado a si mismo. Yo trato de mantenerme lo más posible, con lo difícil que me lo pone mi pega que es estar todo el rato “pa’ fuera, pa ‘fuera, pa’ fuera”, trato de mantenerme dentro de mí mismo y ocuparme por completo y sufrirme y saborearme por dentro.

-Pero estai informado igual.

Yo creo que no es tan difícil comprender que todo es lo mismo. Yo creo que si alguien se comprende a si mismo tiene altas posibilidades de comprender su entorno, su familia, su pueblo, su región, su país, su continente y el cosmos. Pienso en la gente de campo, por ejemplo, mis abuelos vivían en un campo que quedaba a 30 minutos del pueblo más cercano, que quedaba a una hora y media de la ciudad más cercana, en la región de Aysén, mitad de la nada. No tenían luz y el agua se la proveían ellos mismos con un tambor puesto en la montaña. Yo cuando chico los veía, no veía la menor sombra de incerteza, a pesar de que nosotros desde la ciudad y nuestro atalaya donde creemos que nos las sabemos todas, nos sentimos campeones, los vemos a ellos como pobres desposeídos, yo iba para allá y los huevones estaban en una paz… uno era el que se cagaba de miedo. Yo le preguntaba a mi abuelo cuando niño ‘¿qué hacías cuando eras joven y tenías que viajar a Aysén -dos días a caballo-, en qué pensabas?’. “En nada”, me decía secamente, y eso se asemeja mucho a un sabio, cuando yo sé que mi abuelo nunca se propuso pulir su alma, su espíritu, como hacemos nosotros acá en la ciudad, que nos tenemos que proponer un proyecto de desarrollar nuestro interior, lo que es un poco imbécil o no tan efectivo. La mayoría de las cosas pasan o no pasan.

-¿Y cómo disfrutas la ciudad entonces?

No la disfruto. Creo (en tono sarcástico) que la disfruto, porque yo estoy acá y soy un campeón. Doy una entrevista para La Tercera, huevá que publique en el Facebook tiene dos mil me gusta. Tengo pega, me pagan bien, ahora tengo que ir al banco a sacar una plata, soy un campeón, pero esa huevá en realidad no vale de nada. Tengo tantas huevás qué hacer -y eso supuestamente es un éxito, tener pega- y mi misma abuela me dice “¿va a venir el fin de semana?” y le digo “no puedo ir porque tengo tocata”, “qué bueno que tenga trabaaaajo”, me dice. A mí me haría mucho mejor fisiológicamente estar allá.

Pero por algo optaste por esto.

No, yo no opté por nada hueón. Como todos, soy víctima de una seguidilla de bromas del destino, algunas de esas bromas muy pesadas. Ahora que me veo reflejado en mi hija me doy cuenta de que tenemos que puro virarnos, movernos y ahí ver cómo lo hacemos funcionar.

-Tú lo intentaste hace varios años, me acuerdo que se fueron.

Ya lo he hecho varias veces. Me he ido, pero yo creo que no tengo el valor. Sí creo que soy de esa estirpe del hueón que va y viene, va y viene. Creo que así va a seguir siendo por ahora seguro.

Mi ego y yo

-¿Cómo funciona tu ego si te dejan fuera un tema en el nuevo disco en que te gusta la letra que hiciste? ¿La peleas?

Lo pelée veinte minutos, después me acordé que yo mismo había envalentonado a Martín del Real para que él fuera el productor, entonces ahí tengo que aplicar ética mapuche y vetarme. Asumí su ascendencia y esto es otra cosa, que yo si creo en eso de la ascendencia y el sometimiento y creo que cuando uno encuentra el yugo adecuado es fabuloso. Es liberador. No porque te hagan la pega, es rico. Eso se llama disciplina, cuando uno encuentra un maestro o tiene uno, en mi caso particular ahora es mi hija, su yugo es suave. Yo sé que ella tiene la razón y cuando ella se va poniendo más grande, deja de tener razón porque se empieza a parecer a mí, entonces yo ahí tengo que tratar de inculcarle a ella sentido de disciplina y de subyugación. Mucha gente puede odiarme por lo que estoy diciendo, pero quizás mucha de esa gente son con tendencias orientalistas. El yoga es lo mismo. Yoga viene de yugo. Yo me someto a la voluntad de Martín, sé que él está sacando de sus entrañas todo lo que hizo por el grupo y le estoy muy agradecido. Ese tema que quedó fuera, bueno ahí quedó grabado, quién sabe dónde vaya a terminar, pero está bien, estoy en paz. Ahora escuchamos el disco, tiene 37 minutos…

Como los viejos álbumes.

Yo ya le había perdido el cariño al disco, porque son temas que tienen uno o dos años… pero el otro día lo escuchamos entero de noche, que es importantísimo escuchar música de noche, donde no hayan tantos ruidos y me pegó el disco. Se lo agradezco a Martín porque sé que él hizo que fuera una patada concisa, apretada.

¿Cómo te sientes con que haya gente más joven que te instalan como un referente? ¿Cómo te manejas con eso? También tienes muchos detractores.

Son muy similares los detractores y la gente que está a favor. Son muy apasionados. Me prestan demasiada atención. Ambos. Tú ves a los detractores y cachai que están en todas. Eso es dañino para todos, para ellos y para mí, pero son gajes del oficio.

El trolleo ¿Te da lata?

Me provoca algo muy negativo. Mi reacción es un poco de soberbia. Supongo que es una manera de protegerme, pero sé que eso no está bien. Sé que si yo me sintiera humillado, esa no es verdadera humildad. La humildad es otra cosa. En internet es difícil encontrar espacios de humildad.

Prácticamente imposible! (risas).

O fuentes de humildad. Bueno, internet no. En las redes sociales quise decir. Trato de no pescar mucho. No pesco ni a los hueones que andan entregando toda la mierda que tienen dentro, ni tampoco pesco mucho a los niños que poco menos que han formado sectas en mi nombre, que también estoy consciente de que hay algunos huevones que se van en la volá, pero se les pasa. Yo me preocupo por lo mío, que es la música, trato de mantenerlo protegido de eso. Al mismo tiempo y no me gustaría decirlo, pero es inevitable, después de tener una hija cachai que las otras huevás importan una mierda. Un tuiteo es más o menos equiparable a un ácaro dentro de las pantuflas que ya no ocupo. Sales muy debilitado. No porque te insulten. La experiencia de Twitter es todo lo contrario a un tonificante. Te debilita. Sales siendo peor persona que como entraste. Eso es lo que yo siento.

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