*

Culto
La conexión chilena de Zaha Hadid

La conexión chilena de Zaha Hadid

La arquitecta y premio Pritzker, fallecida el 31 de marzo, visitó Chile en los 90 cuando aún no tenía edificios construidos y su obra solo consistía en audaces diseños en papel. Dos décadas después participó en el concurso para remodelar el eje Alameda-Providencia, y en su oficina trabaja actualmente una chilena que asegura que su espíritu sigue más vivo que nunca.

Corrían los años 90, empezaba un nuevo periodo de democracia en Chile y la emergente  escena de  arquitectos locales estaba ansiosa por abrirse al mundo. Tal necesidad se vio reflejada en la Bienal de Arquitectura de 1991, que bajo el subtítulo de “Un camino propio” pretendía sentar las bases para una nueva postura frente a la disciplina en Latinoamérica. “Quedó atrás el tiempo de denuncias, hoy es el de las propuestas. Cada vez estamos más lejos de los viejos dogmas y más cercanos a nuestra realidad”, escribía en la revista ARQ, el arquitecto y presidente del evento, Jorge Iglesis.

A la invitada de honor de ese año  el lema le vino como anillo al dedo: Zaha Hadid, la llamada reina de la curva, primera mujer en obtener  el Premio Pritzker en 2004 y quien falleció repentinamente el 31 de marzo pasado de un ataque cardíaco, era entonces una arquitecta de 40 años, de origen iraquí, pero radicada en Londres, que no había construido un solo edificio hasta la fecha, aún cuando que tenía la producción de diseños más vanguardista de la época.

Repletó el auditorio del Museo Nacional de Bellas Artes, donde se realizaba la bienal, y luego dio una pequeña charla en la Escuela de Arquitectura de la U. Católica, donde también recibió aplausos. “Tener a alguien con esa capacidad creativa en ese momento, ella era más una artista, causó gran interés,  igual que el hecho de ver planos radicalmente distintos a los desarrollados con bajo cuestionamiento en los talleres de la universidad”, recuerda el arquitecto de la oficina Constructo, Marcelo Sarovic.

Uno de los gestores de su visita fue Rodrigo Pérez de Arce, colega de Hadid en la Architectural Association de Londres, donde ambos hacían clases. “Zaha también estuvo en Valparaíso y Ritoque. Luego de su charla recuerdo que Cristián Valdés le regaló una silla que no pudo llevarse por falta de espacio; después fue Mathias Klotz quien se la llevó. También organizamos una reunión con arquitectos jóvenes en la casa de Cecilia Puga, muy animada e informal”, recuerda Pérez de Arce.

“El edificio que más le impresionó fue la Cepal, que recorrimos juntos. A tal punto le pareció excepcional que propuso publicarla en un libro, pero la idea nunca se materializó”, agrega el arquitecto.

Dos años después, la iraquí inauguraba su primera obra: una estación de bomberos para la fábrica Vitra en Weil am Rhein, Alemania. Fue el comienzo de una carrera atrevida y meteórica, que en la década de 2000 adquirió enorme influencia debido a las asombrosas formas de sus edificios, además de su mirada radical y siempre original que -tal como dijo en su charla en en el Museo de Bellas Artes- buscaba desarrollar una nueva arquitectura: “No podía hacerla de forma convencional porque con los métodos tradicionales no lograba representarla… Intentaba ver las cosas desde otro punto de vista, probando la idea de explosión y fragmentación”, señaló Hadid en esa ocasión, mencionando como referentes las pinturas de Malevich y el deconstructivismo ruso.

Destino Sudamérica

Aunque nunca regresó a Chile, su vínculo con el país se mantuvo a través del puñado de chilenos que ha compartido con ella: la mayoría se pasaba de sus clases en la Architectural Association de Londres a trabajar en su oficina.

Ese fue el caso de María Loreto Flores, arquitecta de la U. de Chile, quien lleva 10 años trabajando en la Zaha Hadid Architects (ZHA). “Cuando llegué éramos menos de 100 personas y ahora somos 380; la evolución ha sido gigantesca”, dice al teléfono desde Londres, sólo  días después de los funerales de la arquitecta.

“Su partida ha provocado una profunda conmoción, hubo un silencio grande, un vacío enorme, pero las muestras de cariño y respeto hacia su imagen nos alientan a seguir trabajando con más fuerza. El legado de Zaha está en el ADN de la oficina”, cuenta Flores.

Aunque la profesional iraquí era la cara visible de la firma, ella no era la única a la cabeza: está su socio alemán por casi 30 años, Patrik Schumacher, quien liderará la oficina, responsable hoy de 37 proyectos en 22 países, los que están en etapa de diseño de detalles o en construcción. En los últimos años, ZHA entró con fuerza en el mercado asiático y hace algunos años  mostró interés en América Latina. De hecho actualmente tiene un proyecto en Brasil y otro en México, en etapa de construcción.

El año pasado, justamente, la oficina participó en el concurso público para la remodelación del Eje Alameda-Providencia. María Loreto Flores vino a Chile para afianzar los lazos con quienes serían la contraparte local. “Fue una oportunidad para conocer y entrar en el mercado chileno, además de que el proyecto en términos de intervención urbana le pareció muy interesante a Zaha”, relata la arquitecta chilena.

Finalmente, obtuvieron una mención honrosa; el primer lugar se lo llevó la oficina del arquitecto local Arturo Lyon, quien entre 2007 y 2008 también trabajó junto a la iraquí. “Ella fue extremadamente osada y jugada por sus ideas, y eso le daba una energía increíble a la oficina. Estando ahí aprendí que una obra nace desde el contexto, y más importante, aprendí la inmensa dedicación y rigor que se necesita para llevar adelante una idea”, dice Lyon, quien para la oficina londinense trabajó en el proyecto del Chengdu Contemporary Art Centre en China y el diseño conceptual para el Soho Galaxy de Beijing.

Más allá de su poderosa obra, que traspasó los límites de la arquitectura, Zaha Hadid también se dedicó al diseño de interiores, de muebles y vestuario. La arquitecta fue conocida por su carácter fuerte y su tenacidad a toda prueba. “Era igual de exigente con ella como con todos los demás, la mediocridad para ella no tenía cabida”, dice Flores, quien hace unos años ostenta el grado de “asociado” en la firma, es decir,  lidera un equipo de arquitectos, que por estos días trabaja en un nuevo hotel: City of Dream en Macao, China. Un edificio de 150 mil m2, y 160 metros de altura que incluye 780 habitaciones, villas, spa restaurante, etc.

“Soy una gran admiradora de los dibujos de Zaha y como obra, me inspira mucho el Maxxi de Roma, por su gran coherencia entre los diagramas iniciales y el resultado final, también el Centro Heydar Aliyev, en Baku, un icono de la elegancia y sensualidad de la geometría de Zaha”, afirma la arquitecta chilena, quien también se detiene en su legado humano. “Su fuerza creativa y  extraordinario talento han inspirado a generaciones de arquitectos. Zaha rompió los límites de la arquitectura, se atrevió a soñar con geometrías y espacios imposibles de construir hasta hace algunos años. También abrió un camino de éxito para las mujeres en un mundo tradicionalmente masculino. Zaha Hadid ya es parte de la historia de la arquitectura y esperamos continuar con su legado”, resume Flores.

Sobre el autor: