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Culto
Jorge Baradit: “Mi afán no es agarrar a patadas las estatuas porque sí”

Jorge Baradit: “Mi afán no es agarrar a patadas las estatuas porque sí”

Su libro Historia secreta de Chile vendió 80 mil ejemplares en un año; ahora arremete con un segundo volumen con 10 nuevos episodios locales.

Son las 4 de la tarde en la Plaza de Armas de Santiago. Es miércoles y en un par de horas más la selección de fútbol del país enfrentará a Colombia en EEUU. Se siente el fervor entre los transeúntes y Jorge Baradit (47) pregunta a qué hora es el partido entrando al Museo Histórico Nacional, donde hará un recorrido hasta llegar a la torre del reloj. Más tarde, hará comentarios del encuentro deportivo vía Twitter. Hace poco más de seis meses, tenía 26 mil seguidores. Hasta ayer, superaban los 41.470.

Hasta hace justamente un año, Baradit era autor de seis libros de ficción, como Synco y Policía del karma. Pero publicó su primer no ficción y lo llamó Historia secreta de Chile. La apuesta por contar episodios desconocidos de nuestro pasado, incluyendo hechos de la vida privada de Arturo Prat, vino desde editorial Sudamericana.

En dos meses el libro vendió 15 mil ejemplares. El escritor, de profesión diseñador gráfico, recibía las primeras invitaciones a la televisión para hablar de su libro. Luego lo llamaron  desde diversos lugares del país, desde Arica a Coyhaique, para referirse a la historia del país. Mientras, la cifra de ventas aumentaba a niveles insospechados. En un año Historia secreta de Chile vendió más de 80 mil copias. Un fenómeno inusual para la industrial editorial local ¿Lo más cercano? En una década, Pablo Simonetti, vendió 100 mil ejemplares de su novela Madre que estás en los cielos. Baradit va por la trilogía. Ya trabaja en el tercer libro.

“Espero volver a la ficción. Regresar a la astronáutica”, dice bromeando dentro del Museo Histórico, donde un grupo de jóvenes lo reconoce y le pide una selfie. Luego, el narrador se acerca a mirar la bandera chilena sobre la que se juró la Independencia en 1818. Minutos después, un par de escolares no quiere partir sin su selfie con el autor que sale en la TV hablando de conspiraciones y símbolos patrios, y que puso en conflicto a los historiadores.

Desde hoy, Baradit se instala con un nuevo título en librerías: Historia secreta de Chile 2, que tiene una primera edición de 30 mil ejemplares. Su portada, una ilustración de Nelson Daniel, es la figura de Bernardo O’Higgins con lentes oscuros, que recuerda a una imagen en blanco y negro de Augusto Pinochet. El nuevo libro trae 10 historias, que se desarrollan en capítulos como: ¿Hubo un Movimiento Nacional Socialista en Chile?; El Estado chileno persiguió brujos en Chiloé; La Primera Guerra Mundial también se peleó en Chile; Terremoto de 1960, un sacrificio humano en Puerto Saavedra, y Pinochet no fue el líder del golpe. También apunta sobre la vida de personajes patrios, desde O’Higgins a  Diego Portales y Arturo Alessandri.

Del llamado “Padre de la Patria”, Baradit anota en Historia secreta de Chile 2, luego de relatar su lucha por la Independencia, que era “un emancipador que lo dio todo por Chile”, pero que también fue un dictador que “reinstaló prácticas represivas y de terror propias de la Colonia”. Además, subraya que fue un hijo ilegítimo que también tuvo un hijo fuera del matrimonio con Rosario Puga, al que no reconoció.

Baradit anota en una parte del prólogo del nuevo título: “La historia que nos contaron en la escuela está plagada de omisiones (…) Recuerdos incompletos”. Y al final, cierra con una invitación a “leer a historiadores chilenos, a Alfredo Jocelyn-Holt, Gabriel Salazar, Jorge Pinto, Javier Infante, Felipe Portales o Julio Pinto, entre otros”.

¿Cómo eligió las historias de este segundo volumen?

Muchas personas han tachado los episodios desarrollados en el primer libro como anecdotarios. Y lo que yo busqué es, a partir de un hecho “anecdótico”, trabajar en el terreno de esa historia. Por ejemplo, si hablaba de la Campaña de la Sierra, de la Guerra del Pacífico, me colgaba del relato de los corazones de cuatro oficiales que mueren en combate y que se conservan en la Catedral de Santiago, como una especie de anzuelo. Y para el libro actual, después de recorrer el país, me he dado cuenta de que la gente no necesita estar sorprendida por algún hecho freak, sino que de verdad está interesada en conocer nuestros procesos históricos. Y por eso mi deseo, en este libro, es contar de una manera más profunda los hechos.

¿Y esa profundidad también tiene que ver con tomar una posición definida que la historiografía no tiene?

Claro, es que hay que hacer una diferencia, que es de donde nació el malentendido con los historiadores. Yo cuando hago una crítica sobre la historia oficial no estoy aludiendo a ellos. Cada uno dentro de su facultad, de su visión de la historia, hace su investigación libre, y seguramente han explorado una cantidad increíble de aspectos diversos de nuestra historia de una manera profunda. No es a ellos la crítica. Es a la construcción de la historia oficial. Y desgraciadamente por la distancia que ellos tienen con la gente por estar estudiando, a veces, aspectos técnicos complejos, lo que queda abandonado y entregado a la sociedad como historia oficial es una construcción que hace el Estado de Chile, los medios de comunicación, y grupos de poder que influyen en ambos sectores. Así, hay hechos de nuestra historia que están registrados de una manera sesgada y otros que han sido tergiversados.

¿Y hubo profesores molestos? 

Cuando yo decía que la gente no podía acceder a la historia completa, no me refería a historiadores ni a profesores. Hay historiadores que encuentran que el libro es un puente para ahondar en historiografía más profunda y hay otros que consideran que es un acercamiento negativo. Pero los profesores han visto el libro como una herramienta para acercar a sus alumnos a la historia. Lo que ha ocurrido mucho en colegios es que el profesor de lenguaje hace una clase con el libro y luego hace el nexo con la asignatura de historia, y así ambos profesores trabajan temas en común. Porque el libro son historias escritas por un escritor. A mí no me interesa hacerme una carrera, yo estoy haciendo lo que quiero hacer, y mi interés coincide con una necesidad de las personas por conocer su propia historia. Igual es extraño que un libro que se basa en la historia sea el más vendido semana tras semana, es como si el próximo año el bestseller fuese un libro de álgebra. Es raro.

¿Qué historias freak le ocurrieron en este año?

Todas las semanas, en diferentes instancias, lanzamientos, etc., había personas que te pasaban datos, fotocopias, de sucesos de la historia que a ellos les parecían importantes, que no han sido abordados y que a través de uno sienten que eso se puede llegar a saber. También por medio de las redes sociales. Y eso es porque este país centralizado tiene abandonada también las historias de sus regiones.

En este nuevo ejemplar ocupa una escritura más directa…

El primero fue más tímido en su contenido político, pero en la medida que conversé con los lectores, me di cuenta de que ese pudor mío era una tontera. Que en realidad ellos estaban esperando una interpretación de la historia que no fuese pusilánime, o sea, que el escritor tomara partido. Y claro, al hacer un relato más emocional, también tenía que ser un relato más jugado.

En el libro baja del pedestal de la historia a varios próceres. 

Mi afán no es agarrar a patadas las estatuas porque sí. De la manera como cuento que O’Higgins fue un dictador, también digo que fue un emancipador que quiso liberar a su pueblo. La intención de demostrar los hechos en su totalidad es de conocernos. Endiosar o demonizar es un proceso simplificador que mueve a la ignorancia. Todos los procesos tienen luces y sombras. Los héroes se convierten en ejemplos y si los conviertes en semidioses, se te alejan y pierden su condición de ejemplo. Pero si los humanizas, los democratizas y muestras que también fueron padres que cometieron errores, más puedes valorar el momento en que hicieron cosas extraordinarias.

Abre el libro con un capítulo dedicado a O’Higgins y cierra el libro con uno sobre Pinochet…

O’Higgins tiene una doble lectura. Un héroe en combate y un dictador como gobernante. En cambio, Pinochet, quien admiraba mucho a O’Higgins, solo tiene esa última lectura. Pinochet pervierte un supuesto proceso de transición y lo convierte en una dictadura de 17 años. Pinochet simplemente es una alimaña de nuestra historia.

Por lo menos cuatro capítulos tienen que ver con los pueblos originarios ¿Por qué quiso profundizar en ellos? 

Chile tiene una especie de geografía de la sangre que no es lo suficientemente explícita. Cuando uno va a cualquier región del país todas tienen sus masacres. Quizá la más transversal es la masacre de la Escuela Santa María de Iquique de 1907, que conocemos más por la composición musical de Luis Advis y no gracias al Estado de Chile. En Osorno te hablan de la matanza de Forrahue, en Antofagasta de la masacre de la plaza Colón, y así cada región tiene su propia masacre y no estamos conscientes de que la historia del país se ha construido en base a matanzas de obreros y estudiantes en nombre de la estabilidad política. Pero los cadáveres no se pueden esconder debajo de la alfombra. Un hecho concreto, que es la invasión, toma y masacre, como se debería denominar a la Pacificación de la Araucanía, es un conflicto que explota cada cierto tiempo. Hasta hoy.

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