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Culto
Héctor Abad, escritor: “Chile para mí es una mezcla de medicina, vino y poesía”

Héctor Abad, escritor: “Chile para mí es una mezcla de medicina, vino y poesía”

El periodista y escritor colombiano, autor de El olvido que seremos, llegará en diciembre a Chile para ser jurado del Concurso de Cuentos Paula, que cierra su convocatoria el 12 de agosto. "Lo que me paguen me lo gastaré para ir por primera vez a la Patagonia", cuenta.

El olvido que seremos es su libro insigne. Publicado en 2006, rápidamente se convirtió en una pieza de culto de la literatura colombiana. Lo ponen en vitrina en las grandes tiendas de libros y bien a la vista en las ferias de las calles, justo al lado de las antologías de Gabriel García Márquez. En esa obra, Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1 de octubre de 1958) relata las memorias que tiene de su padre Héctor Abad Gómez, médico socialista asesinado en 1987 por grupos paramilitares.

Cuenta por ejemplo, el dolor que causó en su padre el avance del cáncer que terminó por matar a su hermana Marta. “Mi papá, a veces, se encerraba en la biblioteca y ponía a todo volumen una sinfonía de Beethoven, o alguna pieza de Mahler (sus dolorosas canciones para niños muertos), y por debajo de los acordes de la orquesta que sonaba con tutti, yo oía sus sollozos, sus gritos de desesperación, y maldecía el cielo, y se maldecía a sí mismo, por inútil, por no haberle sacado a tiempo todos los lunares del cuerpo, por dejarla broncear en Cartagena, por no haber estudiado más medicina, por lo que fuera…”

Periodista de profesión, distinguió su labor utilizando una narrativa novelesca que le dio sabor a sus notas y columnas. Actualmente colabora en el diario El País de Colombia y en la revista Letras Libres. Llegará a Chile a mediados de diciembre para ser jurado del Concurso de Cuentos Paula. “Los premios literarios, si son limpios, son siempre una ocasión de hacer amigos. Bolaño fue jurado de un premio de novela que yo gané en el año 2000. Solo un tipo como él podía premiar un libro titulado Basura”.

¿Cuál es su vínculo con Chile? Ud. ha venido varias veces ¿Qué impresión tiene del país y de su literatura?

Chile, para mí, como para tantos otros, empieza el 11 de septiembre del 73. Yo iba a cumplir 15 años y la caída de Allende -médico- significó algo muy doloroso para mi padre. No mucho después llegó de Chile un exiliado, un gran médico, el doctor Gustavo Molina, que había estado preso en la “cárcel de los doctores” tras el golpe de Pinochet. La historia es muy larga, pero el doctor Molina solía cenar en mi casa y a través de él llegó el vino a nuestras comidas (en Colombia no había tradición de vino). Recuerdo que cantaban y hacían una ronda: “Tómese usted una copa de vino, / ya se la tomó, ya se la tomó, / y ahora le toca al vecino.” Así se ponían contentos. Hoy la Escuela de Salud Pública de Santiago se llama Salvador Allende, y la de Medellín, Héctor Abad Gómez, mi padre también asesinado.

Muchos años después yo estaba en Santiago, en el hotel Orly, y alguien me dijo que allí mismo estaba un poeta al que yo admiraba mucho, Gonzalo Rojas. Cuando le pedí una dedicatoria y dije mi nombre, un hombre se acercó: “¿Dijo Héctor Abad? Una persona llamada así me dio trabajo cuando yo salí al exilio en Medellín.” El que hablaba era otro médico, el hijo del poeta, Rodrigo Tomás. Ese mismo día conocí a Nicanor Parra, otro de mis ídolos, y tomamos mucho vino. Chile para mí es una mezcla de medicina, vino y poesía. La medicina es la única demostración de que existe el progreso humano; la poesía es la única demostración de que el progreso humano no existe. Hay grandes avances desde Hipócrates hasta Virchow, pero ninguno desde Homero hasta Neruda, y quizá algún retroceso. No sé si en vino haya habido progreso: no podemos probar el vino de Odiseo.

Este año deliberan para el Concurso de Cuentos Paula, junto a Abad, Alberto Fuguet y la escritora argentina Claudia Piñeiro. “Nos enorgullece traer jurados de súper alto nivel. Y también que este concurso se ha convertido en un semillero de buenos escritores. Autores como Pablo Simonetti, Marco Antonio de la Parra y Antonio Skármeta, entre muchos otros, participaron alguna vez del Concurso de Cuentos”, dice Constanza López, directora de la revista Paula. Roberto Bolaño, César Aira, Nicole Krauss y Fogwill son algunas de las figuras que han sido anteriormente jurado del concurso que se realiza desde 1968. La convocatoria de esta nueva versión están prontas a cerrar el próximo 12 de agosto, el premio para el ganador es de $1.500.000 y la publicación de su cuento en un libro editado por Alfaguara.

¿Qué expectativas tiene de participar como jurado en este certamen?

Me gusta mucho que tenga nombre de mujer, y que Bolaño haya regresado a Chile gracias a este premio, también para ser jurado. Los premios literarios, si son limpios, si uno lee con la ilusión de encontrar un buen cuento, una buena novela, son siempre una ocasión de hacer amigos. Bolaño fue jurado de un premio de novela que yo gané en el año 2000, en Madrid. Solo un tipo como él podía premiar un libro titulado Basura. Y yo fui jurado hace un par de años en otro premio de novela en el que me gustaban dos, ambas de chilenos, ambas premiadas final y merecidamente: una de Carla Guelfenbein y otra de Carlos Franz. Mis expectativas consisten en volverme amigo de algún escritor o alguna escritora maravillosa que no conocía antes.

A su parecer, ¿qué elementos debe tener todo buen cuento?

Cada gran cuento es su propia receta, como cada receta de comida tiene sus propios ingredientes y elementos, mezclados de un modo que uno no se esperaba. Los elementos del ceviche y del ají de gallina son casi todos distintos, y también los ingredientes de El Aleph y de Diles que no me maten no tienen nada en común. Un cuento es contar algo, pero contarlo tan bien, por la idea, por el ritmo, por las palabras, por las paulatinas dosis de información, que uno se queda como viviendo en un sueño o en una pesadilla ajena.

¿Cree que existe un sello que caracteriza a los cuentos latinoamericanos?

Las literaturas parten de la experiencia del mundo de los escritores. En los cuentos de García Márquez hace mucho calor, como en la Costa colombiana, y suele hacer frío en los de Tolstói. Los cuentos de Borges no se entienden sin una gran biblioteca, y en los de Maupassant está la pequeña burguesía francesa. No creo que sea tanto lo literario, sino lo geográfico, lo cultural, que inevitablemente permea las historias. Es algo muy obvio. Y si el ambiente no te influye, sale algo postizo, impostado, siútico (me gusta esta palabra de ustedes). A mí no me gustan mucho ciertas películas que se hacen ahora en América Latina, como imitando a Tarkowski, en los largos silencios, con lo ruidosos que somos nosotros. Sin embargo hace un año vi una maravillosa película chilena llena de silencios: El Club, de Pablo Larraín.

¿Cuál es su canon de grandes cuentistas?

Eso va variando con los años, creo. Hago una lista rápida, pero limitándome a la letra C: Cortázar, Chéjov, Carver, Italo Calvino. Y ahora mujeres: Lispector, Alice Munro, Katherine Mansfield, Natalia Ginzburg. Y el último que descubrí: Nescio.

Con 58 años, Héctor Abad está fundando una editorial nueva: Angosta Ediciones. También se encuentra terminando una novela que se llamará Tal vez el centro. “Además tengo un proyecto de viaje con el que siempre había soñado: cuando vaya como jurado a Santiago me gastaré lo que me paguen para ir a ver por primera vez la Patagonia. Tengo una amiga en la Toscana (Italia) que me ha hospedado varias veces en el cuarto donde dormía Bruce Chatwin, en una torre medieval. Siempre que duermo allá, sueño con la Patagonia. Ahora la voy a ver”.

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