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Culto
Guns N’ Roses 1992: el año que vivimos en peligro

Guns N’ Roses 1992: el año que vivimos en peligro

Hace 24 años, el grupo debutó en el país con la polémica gira que marcó su cúspide, y también el inicio de su caída.

Los cables que llegaban desde otros países auguraban una hecatombe. “Disturbios en Canadá”, “caos colombiano” y “amenazas desde Argentina” eran algunos de los titulares con que la prensa local anticipaba, a fines de 1992, la llegada a Chile de Guns N’ Roses, quienes por esos días tenían bien ganado el mote de “la banda más peligrosa del mundo”. La portentosa gira Use your Illusion, que encontraba al quinteto californiano en la cúspide de su popularidad, se movía entre extremos: shows espectaculares y de alta intensidad acompañados de polémicos episodios extramusicales, precisamente la dualidad que convirtió a Axl Rose y su pandilla en soberanos absolutos de la escena rockera de fines de los 80 y comienzos de la década siguiente.

La agitación que acompañaba sus conciertos iba a la par del clima interno del conjunto, que a fines de 1991, a menos de un año del inicio de la gira, vio partir al guitarrista Izzy Stradlin, pieza clave en el cuerpo y alma del grupo. Su partida, con los años, fue leída como el inicio de su caída, una que se materializó justamente en la última fecha de esa gira, en julio del 93 en Buenos Aires, donde por última vez tocaron juntos Axl Rose, Slash y Duff McKagan, los otros tres pilares del conjunto que este sábado llegan reunidos a Ñuñoa.

Ya en Montreal (Canadá), dos meses antes de llegar a Chile, el grupo canceló su show junto a Metallica desatando un multitudinario alboroto que llegó hasta las calles.

Y en Sudamérica todo se hizo aún más complejo. Los hombres de Paradise city aterrizaron en Pudahuel la noche del 1 de diciembre provenientes de Colombia, donde la cancelación de uno de los dos shows programados hicieron que el segundo se viera sobrepasado, gatillando disturbios que dejaron “decenas de lesionados, tiendas saqueadas y viviendas semidestruidas”, apuntó la agencia ANSA.

Antes, en Venezuela, la visita de los norteamericanos coincidió con un intento de golpe de estado liderado por la Fuerza Aérea local, lo que derivó en la suspensión de los vuelos e impidiendo al staff trasladar el equipo para el primer show en Bogotá.

Con esos antecedentes, el primer desembarco en Santiago de los hombres de Paradise city parecía poner a prueba a la incipiente industria local de conciertos, que hasta entonces sólo había lidiado con megaeventos de corte familiar. Y mientras Carabineros calificaba el evento como “de alto riesgo”, la productora Providencia Televisión, que meses antes había sufrido la cancelación del show de Elton John y la abortada visita de Iron Maiden, se apuraba en aclarar que en Chile “no se producirán esas escenas de violencia”, según consignó La Tercera.

Una aseveración que los propios Guns N’ Roses echaron por tierra apenas pusieron un pie en Santiago, cuando agredieron a los periodistas que los esperaban en el hotel Sheraton. Incluso, en la estampida, Rose rompió una cámara de Megavisión, lo que llevó al canal a iniciar acciones legales. Las explicaciones de los representantes del grupo, que se disculparon argumentando que los músicos venían “tensos y estresados por lo ocurrido en Colombia”, no convencieron a la prensa, que desde ese instante y durante toda la estadía dedicó varias páginas a los arranques y excesos de los músicos.

Guerra civil

El debut en vivo no fue menos agitado. Axl Rose llegó dos horas tarde al Nacional -“borracho y drogado”, según los diarios-, aumentando la tensión entre las más de 80 mil personas que pagaron entre $5 mil y $15 mil por sus entradas. Pasadas las 23 horas comenzó a sonar It’s so easy, en medio de una lluvia de botellazos y escupitajos que no cesó hasta la sexta canción, Civil war, cuando una traductora argentina salió al escenario para amenazar: “Se van a ir”.

Pero no se fueron, y el espectáculo prosiguió hasta a las 01.40 de la madrugada. Según recordó el baterista Matt Sorum en el programa That metal show, “un militar se acercó con una gran ametralladora y le dijo al tour manager ‘si Axl deja el escenario antes le dispararemos y lo mataremos’”.

Si bien los californianos protagonizaron uno de los conciertos más vibrantes que han pasado por los escenarios locales, la cobertura mediática se centró en el nutrido parte policial: 200 detenidos y tres heridos de gravedad, entre ellos Myriam Henríquez, joven de 15 años quien quedó aplastada contra una reja y falleció una semana después.

Los ánimos crispados llevaron a las autoridades locales a retener al grupo al día siguiente en la capital, mientras allanaban sus piezas de hotel y su avión en busca de sustancias ilícitas que al final no aparecieron. Así, 24 horas después de su recital en Ñuñoa, Guns N’ Roses partía rumbo a Argentina, donde grupos nacionalistas los esperaban con amenazas de muerte, luego que los músicos declararan “no temerle a los indios ni a sus flechas”.

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