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Culto
Basquiat, un grafitero en la cima del mercado del arte

Basquiat, un grafitero en la cima del mercado del arte

Protegido de Andy Warhol, Basquiat tuvo una carrera meteórica en los años 80 que no se detuvo con su muerte a los 27 años. Uno de sus cuadros se acaba de subastar por US$ 57,3 millones, un récord para su obra. ¿Cómo se explica su éxito?

“SAMO no provoca cáncer en animales de laboratorio”; “SAMO, para los que apenas toleramos la civilización”; “SAMO pone fin al lavado de cerebro religioso, la política de la nada y la falsa filosofía”. Corría 1977 y en algunas paredes de edificios públicos en Manhattan podían leerse consignas como estas, escritas por un desconocido grafitero apodado SAMO (“Same old shit” o “la misma mierda”). El autor era en realidad Jean-Michel Basquiat, un chico de 17 años proveniente de una familia de clase media alta, hijo mayor de un contador haitiano y una diseñadora gráfica puertorriqueña avecindados en Brooklyn, y quien tenía una clara inclinación por el arte. Su madre, quien hablaba español, inglés y francés, le llevaba siempre a los teatros y museos. A los 15 años, Basquiat ingresó a la City As School, un centro escolar para adolescentes superdotados de donde lo expulsaron por mala conducta.

Su espíritu rebelde lo llevó a las calles, a consumir LSD, a vender camisetas y postales con dibujos hechos por él mismo, y bajo el nombre de SAMO; también rayaba muros con otros chicos, como Keith Haring y Kenny Scharf, con los que formó el nuevo movimiento del grafiti que floreció en el East Village de Nueva York. Todo eso duró poco. En 1981, Basquiat mostró sus primeras obras en el PS1 de Queens, en una exposición grupal titulada New York/New Wave, con el fotógrafo Robert Mapplethorpe a la cabeza. Andy Warhol estaba entre el público.

Adoptado como protegido del artista pop, Basquiat comenzó su meteórica carrera en galerías de arte, que se prolongaría hasta después de su muerte, a los 27 años por sobredosis de heroína. Veintiocho años después exactamente, la estela de su talento continúa: hoy se alza como uno de los artistas mejor cotizados en el mercado del arte. El pasado 10 de mayo, en una subasta de Christie’s, su óleo Sin título, de 1982, se vendió por US$ 53.7 millones, batiendo su propio récord.

Desde 2012 la obra del estadounidense se reposicionó en el mercado: su primer batatazo fue con otro cuadro Sin título, de 1981, que ese año se vendió en US$ 20 millones también en Christie’s. Su alza fue notablemente exponencial.

Para el crítico del diario Village Voice, Christian Viveros-Fauné, lo de Basquiat es más que nada un fenómeno comercial. “Sus precios se dispararon en 2012 cuando se entendió que la recesión económica terminó por lo menos para los más ricos del planeta. Ese año también se dispararon los precios de Warhol y de otros artistas como Gerhard Richter o Christopher Wool, otra figura que emergió ese año. Pero estos índices pertenecen al mundo financiero y no al estético”, afirma el crítico. “No quiero decir que la obra de Basquiat no sea de calidad, pero se mueve también por otros factores, uno de ellos es el mito que rodea su figura, su biografía: ‘artista afroamericano y drogadicto que muere a corta edad’ se suma a que era un pintor, y la pintura siempre se vende bien. No pasa lo mismo con la escultura, por ejemplo”.

En la prensa, Basquiat brilló por la estampa de ser el primer grafitero en entrar a las galerías de arte. Sin embargo, su primera galerista, Annina Nosei, refuta el calificativo. “El no era un artista del grafiti, para nada”, dice. “El hacía poemas en el muro, que podían parecer grafiti, pero eran estilos totalmente diferentes. El era un pintor cercano a los modernos, como Matisse, al expresionismo abstracto de Cy Tomly o De Kooning, al movimiento Cobra, esas eran sus verdaderas conexiones”, agrega Nosei, quien en 1982 vendió el cuadro Dustheads en US$ 20 mil, el mismo que en 2013 se subastó en US$ 48 millones.

Luego de comprobar el talento de Basquiat, Nosei le entregó el sótano de su galería ubicada en el Soho, que el artista convirtió en su taller, pero también en el lugar donde se drogaba. Aún era 1982, y le quedaban seis años de vida que aprovechó al máximo para crear. Era un año de esplendor, el mismo en que exhibió sus grafitis en Documenta de Kassel, uno de los eventos de arte contemporáneo más importantes del mundo, y comenzó a hacer música rap y electrónica en los clubes de Manhattan. También fue el año en que hizo un quiebre en su obra: paso de pintar simples calaveras y máscaras primitivas, a darle una forma más política, con retratos-homenajes a personajes negros, incluyó íconos populares como músicos de jazz, boxeadores y referencias a la sociedad de consumo, mezcladas con palabras sueltas e imágenes vudú y totémicas. De ese año es justamente el óleo del último récord en Christie’s, que los expertos definieron como “un autorretrato del propio Basquiat con cuernos y máscara”.

Igual de importante que el lienzo es saber quién es el comprador. En este caso se trata de un multimillonario japonés, Yusaku Maezawa de 40 años, quien ha hecho su fortuna vendiendo ropa de diseñador a través del portal Zozotown. Según Forbes, también es el 17° más rico de Japón, con un patrimonio avaluado en US$ 2.500 millones. “Sentí una conexión visceral”, afirmó Maezawa cuando le preguntaron por qué compró el óleo.

El perfil del comprador confirma la teoría de Viveros-Fauné. “Estos no son clientes comunes y corrientes, no son ni curadores ni directores de museo ni historiadores de arte, no es gente especializada. Este tipo es un multimillonario nuevo que básicamente quiere posicionarse en su nueva clase, pero nadie había escuchado sobre él. Esto ratifica que el mercado del arte es un índice importante pero no el único. Un grupo muy pequeño de artistas participa de ese mundo, el resto no entra en las subastas”, dice el crítico y curador.

Por estos mismos días, una polémica golpea al mercado del arte y podría hacer variar las cifras conseguidas por Basquiat: el empresario y coleccionista de Malasia, Jho Low, estaría deshaciéndose de una serie de obras a ”precio de huevo”, mientras sus transacciones financieras son investigadas por el FBI. Una de ellas sería Dustheads (1982), el mismo cuadro de Nosei que rompió el récord en 2013; ahora Jho lo habría vendido en US$ 35 millones, 25% menos que lo pagado hace tres años.

Según Viveros-Fauné es esta volatilidad de los precios la que afectaría finalmente la carrera de los artistas, y sería también la razón por la que el mercado primario de galerías no se guía por las tendencias de las subastas.

Más allá de los valores, dentro del mundo del arte existe el consenso sobre la calidad del trabajo de Basquiat- ha tenido exposiciones y ediciones de libros póstumos importantes-, aunque su influencia no se compara con el de su protector, Andy Warhol, con quien hizo publicidad, eventos artísticos y en 1985 ofrecieron una muestra conjunta en la galería de Tony Shafrazi, que fue ampliamente cubierta por la prensa de la época. La amistad se habría quebrado por las adicciones de Basquiat, las que escandalizaban al artista de la peluca blanca.

En junio de 1988 hizo su última exposición con la obra Riding with Death (Cabalgando con la muerte), como hilo conductor: sus cuadros se habían vuelto más sofisticados, fragmentados entre citas a culturas primitivas y la tradición de la pintura europea. Dos meses después falleció.

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