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Culto
Richard Ashcroft, cantautor: “Cada concierto lo tomo como una batalla contra mí mismo”

Richard Ashcroft, cantautor: “Cada concierto lo tomo como una batalla contra mí mismo”

El músico inglés habla antes de su primer show en Chile, este jueves en el Teatro Caupolicán.

Muchas cosas han cambiado para Richard Ashcroft desde 1997, cuando conquistó al mundo junto a The Verve y su extraordinario tercer disco, Urban hymns. En estos veinte años, el larguirucho y controvertido cantante inglés disolvió el grupo que lo convirtió en estrella en el peak de su fama; inició una intermitente carrera solista que tuvo su punto más alto con el debut, Alone with everybody; volvió a juntar a The Verve hace una década para ponerle punto final sólo dos años después y, tras su tercer disco en solitario en 2010, el cansancio y un frágil estado mental lo llevaron a poner en pausa su carrera en un decisión que entonces parecía irreversible.

Pero tal como en el recordado videoclip de Bitter sweet symphony, en el que se le ve avanzando con la mirada fija en la cámara mientras el resto de la gente camina en la dirección opuesta, Ashcroft no suele cumplir con lo establecido ni con lo que el resto espera de él. Así, en mayo pasado y luego de seis años alejado de los escenarios, reapareció con These people, álbum que trajo de vuelta las grandes baladas orquestadas -cortesía del mismo arreglista de Urban hymns, Wil Malone-, los aplausos de la crítica y esa característica voz, la misma que Chris Martin de Coldplay alguna vez definió como “la mejor del mundo”.

“Nunca he ido con la corriente y es ahí donde me gusta estar: siendo el outsider, el rebelde, el tipo a quien no le dicen qué tiene que hacer. Porque a la larga, creo que eso me acerca más a mi propio sonido y a mi propia verdad ”, asegura el solista desde Inglaterra, antes del show que dará este jueves en el Teatro Caupolicán, el primero ante sus fanáticos chilenos.

Allí, el músico de 45 años promete interpretar los éxitos de todas sus épocas: desde clásicos de The Verve como The drugs don’t work y Lucky man, hasta las canciones de su más reciente LP, en el que el cantautor alguna vez bautizado por la prensa británica como “el loco Richard” -por sus excesos y ciertos delirios místicos que no parecen del todo erradicados- se muestra con una máscara de gas colgada al cuello, preparado para enfrentar a sus propios demonios y a un futuro que anticipa como “catastrófico”.

Después una pausa de casi seis años, ¿considera este disco como un renacer musical?

En todo este tiempo no he parado de explorar nuevas ideas en el estudio. Pero, internamente, siempre he estado tratando de entender el mundo en el que vivimos. Además han habido varios eventos importantes que me han sacudido, con mi mujer tuvimos hijos y en este disco empecé a pensar en el futuro, uno que no me gusta y que prefiero cambiar ahora. En todo caso, no siento que haya perdido el tiempo. Creo que todo lo que dije hace veinte años sigue siendo así. La letra de Bitter sweet symphony, por ejemplo, hace tanto sentido ahora como en ese entonces, porque todavía existe esa sensación de ser esclavos de un sistema. Nos acercamos a una catástrofe, a menos que generemos un cambio en nuestras mentes. Yo podría ser cínico, pero creo que todo este movimiento antibélico y antimilitar es hoy más necesario que nunca.

¿Cómo ha sido hasta ahora la recepción en vivo de estas nuevas canciones?

La reacción ha sido genial, no podría haber pedido nada mejor. Y debo ser honesto: esto no pasa cada vez que presentas nueva música, pero esta vez las canciones parecen empatizar con los sentimientos de mucha gente alrededor del mundo. La sensación de inseguridad, los temores sobre el futuro que tendrán nuestros hijos…. por eso creo que han funcionado los nuevos temas. Pero cada show es distinto y a la gente de Chile sólo le puedo asegurar que verán algo real, emotivo, y si hay suerte, ojalá sea capaz de elevarme al nivel que la ocasión requiere, porque para mí cada concierto es una batalla contra mí mismo, una lucha por llegar a ese nivel de trascendencia en el que sientes que ya no estás allí.

¿Han cambiado sus expectativas como solista? ¿Pretende ser más exitoso que con The Verve?

Yo sólo puedo hacer las cosas lo mejor posible sin esperar ningún resultado. En este caso, un disco con canciones que mis fans puedan disfrutar por el resto de sus vidas. Nunca he buscado ser el líder, el ídolo de una fanaticada, porque no sé nada, no soy nada. Lo que me gusta es hacer música, que la gente la disfrute y que luego hagan lo que quieran hacer con sus vidas. Que en vez de seguirme a mí escuchen mis canciones y hagan algo propio. Ojalá eso ocurra en Chile.

En alguna ocasión comentó el impacto que le generaron las recientes muertes de David Bowie y Prince. ¿De qué forma lo influyeron?

En que como ellos ya no pueden seguir mostrando su arte, por razones obvias, ahora cada concierto, cada momento, lo siento como algo vital. Por lo mismo, no quiero que pase mucho tiempo entre este disco y el siguiente, quiero mantener el ritmo. De alguna forma, lo ocurrido con Bowie y Prince hace que aprecie más mi existencia, y también la música y la habilidad para crearla. Musicalmente me siento capaz de ir hacia dónde yo quiera, que tengo el potencial para hacerlo, mientras otros tipos no pueden ni cantar. Y eso es algo fundamental: puedes hacer lo que se te plazca pero si no puedes cantar no puedes nomás, y eso queda claro de inmediato cuando ves a alguien en vivo o escuchas un disco.

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