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Culto
Lemebel y su libro final: con Gladys Marín en el corazón

Lemebel y su libro final: con Gladys Marín en el corazón

Es el registro de una amistad. El cronista fallecido en 2015 dejó prácticamente terminado Mi amiga Gladys, volumen que esta semana llega a librerías editado por Seix Barral. Inseparables y cómplices, los amigos se acompañaron en días de protesta, viajaron por Chile, hablaron de homosexualidad dentro del PC y afianzaron su relación ante un molesto Roberto Bolaño.

Es la historia de una amistad y el retrato de la sociedad chilena de las últimas dos décadas. “Ella era la marcha, ella era la calle, el grito, la fatal conmemoración”, se lee en Mi amiga Gladys, el libro póstumo que el escritor Pedro Lemebel dejó prácticamente finalizado antes de fallecer, a los 62 años, producto de un cáncer en enero de 2015. “Me ahuecaba su ala con cariño para que a su lado, también yo formara parte del lienzo humano que lideraba el mitin”, apunta el narrador y referente de la crónica latinoamericana sobre Gladys Marín, la líder de la izquierda y miembro del Partido Comunista.

Gladys Marín, la compañera del dolor, penas, alegrías, y Pedro Lemebel se hicieron inseparables desde que se conocieron en los 90. Así marcharon juntos, corrieron entre el gas lacrimógeno de la protesta y se abrazaron ante el bastón policial y el carro lanza agua. Pero también fueron juntos a la ópera, recorrieron en tren el país, bailaron y brindaron al ritmo de la fonda dieciochera, y ella sería su cómplice en historias que marcaron el trayecto político y literario del escritor e integrante del colectivo Las Yeguas del Apocalipsis.

La Gladucha, como la llamaba con cariño, se ubicaría entre el público el día que el autor de Loco afán dejó con la boca abierta a Pedro Carcuro, en su programa De Pe a Pa de TVN, cuando al despedirse homenajeó a “Todas las mujeres torturadas en la dictadura de Pinochet” en nombre de Carmen, la hermana del animador y militante del MIR. La Gladucha sería testigo del tenso encuentro que sostuvo Lemebel con Roberto Bolaño en la Feria del Libro de Santiago cuando el autor de Nocturno de Chile creyó que le habían preparado “una encerrona”.

“El origen del presente libro se remonta al año 2012, cuando se publicó Háblame de amores”, apunta Josefina Alemparte, directora editorial del Grupo Planeta, al inicio de Mi amiga Gladys aludiendo al último título que Lemebel publicó en vida. “A partir de ese momento, Pedro estuvo trabajando en este proyecto, seleccionando personalmente los textos y fotografías que lo conformarían. Lamentablemente, esta labor se vio interrumpida por su triste partida”, agrega del ejemplar que esta semana estará disponible en librerías, editado por Seix Barral, y que estuvo a cargo de Sergio Parra y Alejandro de la Fuente.

Conformado de 10 crónicas y una entrevista, el título además incluye una serie de imágenes, donde aparecen los dos amigos, como también registros individuales: Lemebel con taco aguja sobre el escenario en una de sus performance, o Marín de oradora principal, en el ex Congreso, en un comité central de las Juventudes Comunistas. Hay archivos personales y varias de las fotografías fueron tomadas por Paz Errázuriz, Alvaro Hoppe, Pedro Marinello y Ricardo Fuentes.

Lucha social

“Por supuesto que siempre donde estaba ella era imposible no verla. Gladys llegaba saludando, con comitiva, con amigos, como rock star”, escribe en Mi amiga Gladys el autor nacido como Pedro Segundo Mardones Lemebel, en cuyas crónicas transitan aventuras, anécdotas, para finalizar con un tono distante, la del testigo que queda solo. Gladys Marín, la candidata a la presidencia de la República en 1999, falleció producto de un tumor cerebral en 2005.

“Gladys ocupó el lugar de madre para Pedro, ahí en su departamento tenía su foto, acudía a ella cada vez que lo azotaba la decepción o la impotencia”, anota en el prólogo del ejemplar Carmen Soria, amiga de los protagonistas, refiriéndose a Violeta Lemebel, quien murió en 2001.

“Gladys fue muy importante para Pedro, sobre todo después de la muerte de la señora Violeta. Ella fue su gran apoyo y cuando Gladys se enfermó él la acompañó, una mujer encantadora, de mucha fuerza, eso admiraba Pedro de ella. Además que los unía profundamente la lucha social”, dice el poeta y librero Sergio Parra, amigo del escritor, quien junto a Alejandro de la Fuente, trabajó en la búsqueda bibliográfica de los textos para Mi amiga Gladys.

En esa labor, cuenta Parra, dieron con una serie de crónicas que aún no están publicadas en formato libro. “Hubo muy buena disposición de la familia para este libro y lo que ocurra en el futuro es decisión de ellos”, dice sobre Jorge y Daniela Mardones, el hermano y la sobrina del autor, herederos y responsables de su legado.

A más de un año de la muerte del autor de Adiós mariquita linda, otro volumen con su nombre saldrá publicado a fin de mes. Se llama Arder y recopila en imágenes la muestra homónima que recogió gran parte de su trabajo visual.

Homosexuales en el PC

“De alguna manera tú sigues siendo Gladys, la diva de la Jota”, le dice Lemebel a Marín. “Yo era tremendamente desordenada, era patotera”, le responde la candidata presidencial al narrador y conductor del programa Cancionero de Radio Tierra. El diálogo, que se produjo a fines de los 90, ahora es transcrito y es parte de Mi amiga Gladys. Es un recorrido por la biografía de la profesora y política nacida en Curepto, en 1938. Allí se refiere a su época de estudiante en Talagante, luego en Santiago, su ingreso a los 20 años al PC. También habla de Jorge Muñoz, su marido quien fue detenido y desaparecido por agentes de la DINA.

En seguida Lemebel le pregunta por los homosexuales dentro del partido de la hoz y el martillo, experiencia que dejó estampado en su Manifiesto. Ella responde: “Sabía que en el partido había una actitud de un tremendo recelo y rechazo. (…) Yo no persigo a ningún ser humano en la tierra, y los homosexuales, lesbianas y transgénero, todos son solo seres humanos y como tales se tienen que asumir”.

Un hecho que marcó la relación de Marín y el artista ocurrió en la Feria del Libro de Santiago en 1999. “Lemebel es uno de los mejores escritores de Chile”, dijo Bolaño, quien siempre destacó la escritura del autor criado en La Legua. “Bolaño regresaba al país con sangre en el ojo (…) Todo rojo tenía olor a desencanto”, apunta en la crónica Mi corazón es un libro abierto. Mientras mantenían una conversación a tablero vuelto en la Estación Mapocho, en un momento entre la gente apareció Gladys.

“Estaba iracundo”, anota. “¿Qué hace aquí esta mujer comunista?”, le dijo el autor de Los detectives salvajes, quien al terminar el diálogo partió raudo. Pero Lemebel se fue con Marín. “Creo que nunca más volví a juntarme con Bolaño desde esa noche, alguna vez hablamos por teléfono”, escribe.

“Esa crónica era más extensa. Hubo partes que él sacó. A partir de ese hecho se distanciaron. Ella era más importante que Bolaño”, recuerda hoy Sergio Parra. “Pero lo curioso es que casi simultáneamente ahora sale el libro de Roberto, El espíritu de la ciencia-ficción, y el de Pedro. Otra vez se vuelven a juntar”, termina.

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