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Culto
Gael García Bernal: “En la película Neruda, mi personaje es un fascista resentido y algo ridículo”

Gael García Bernal: “En la película Neruda, mi personaje es un fascista resentido y algo ridículo”

El actor mexicano retorna a trabajar bajo las órdenes de Pablo Larraín, en Neruda, que se estrena la próxima semana.Interpreta al policía Oscar Peluchonneau, el funcionario que González Videla eligió para capturar al poeta en 1948.

Peluchonneau rima con Clouseau y no es la primera vez que Gael García Bernal hace la comparación. Casi desde el primer día que la película Neruda se presentó en el Festival de Cannes, se han insinuado similitudes con el inoperante inspector francés. El bigote, la torpeza, la tragicomedia, la terquedad y la soledad, por ejemplo. Pero t también su brumoso origen familiar y su sobria vestimenta. Ambos logran en el espectador cierta compasión que en el caso de Clouseau desemboca en la carcajada y en el de Peluchonneau en la pena y en la rabia. Hasta ahí llegan las comparaciones. Según el actor mexicano, el policía chileno puede ser un tipo risible, pero en su interior no hay más que un insidioso monstruo de resentimiento.

“Es el clásico fascista resentido, pero también es algo ridículo. Si lo ves desde lejos, es divertido: a él le piden que silencien a un tipo que hace poesía. ¿Cómo puede hacerlo? ¿Por qué Neruda les molesta tanto a las autoridades? Lo mandan con autos y un grupo a cargo a encontrar al poeta y él se toma el trabajo muy en serio, pero no lo logra, no sabe cómo hacerlo”, comentaba tras la primera función en Cannes de Neruda, que la próxima semana llega a las salas chilenas. La cinta con guión del dramaturgo Guillermo Calderón es la segunda colaboración de su director Pablo Larraín con Gael García Bernal tras No (2012).

¿Y, por qué dice que es un fascista?

Porque en el fondo opera con la lógica del “muéranse todos y  sólo me importa mi familia”. No hay más sofisticación. No le cabe en la cabeza que Pablo Neruda proponga una nueva visión del mundo, de la vida y  del amor si ni siquiera es capaz de tener una propia familia. En segundo término vive resentido y enfadado, pues siempre lo tratan como imbécil y su plan es demostrar que no es tan idiota. Al hacerlo, resulta siendo aún más estúpido. Eso es tragicómico.

Una fábula persecutoria 

La película, definida como una “antibiografía” por su director Pablo Larraín, es una interpretación bastante libre de los días de persecución política del futuro Nobel. Corre el verano de 1948 y el senador Pablo Neruda (Luis Gnecco) es desaforado por la Corte Suprema a petición del presidente Gabriel González Videla (Alfredo Castro). El Partido Comunista, al que pertenece Neruda, es proscrito y según el mandatario del Partido Radical el próximo mejor destino de Neruda es la cárcel. Para encontrarlo designan al policía de Investigaciones Oscar Peluchonneau (Gael García Bernal), un funcionario obediente y tenaz, aunque de escasa cultura literaria. Esa ignorancia también le pesará en su intento de hallar al escritor, quien adopta mil y un disfraces en su huida de Santiago a Valparaíso y de aquí al sur profundo de Chile.

Gran parte de la película es una fábula y sólo se ha utilizado el esqueleto de los hechos reales para construir un thriller invertido, donde la presa termina siendo a veces mucho más fiera que el depredador. Peluchonneau es burlado por Neruda y ahí comienza su tragedia. Gael García Bernal, que también presentará en septiembre la película en el Festival de San Sebastián (España), sabe que este triste “fascista” chileno es bastante ficticio. Lo aclara: “Me gusta interpretar personajes que también tienen mucho de ficción. Me gusta Oscar Peluchonneau, que de cierta manera es un completo invento. Existió, pero la película lo muestra a su manera. Da pena y risa al mismo tiempo. Pobrecito”.

¿Eran conscientes del lado “humorístico” del personaje?

No. No fue a propósito, pero al final  nos terminamos riendo de él: de su bigote, de su forma de caminar, de su perro, de la seriedad con que se toma las cosas. Peluchonneau  también es como un escritor frustrado, ¿no?. Es decir, lo hermoso es que se puede prestar a muchas interpretaciones.

¿De dónde viene el resentimiento de Peluchonneau?

Bueno, el es un hijo bastardo, nacido en un burdel. Durante toda la película está tratando de crear una identidad, pues es un tipo que viene de la periferias, de las barriadas, es un paria de la sociedad, literalmente un hijo de puta. Es el tipo de persona que no estuvo en contacto con la  poesía de Neruda. Nunca lo leyó. Por esta misma razón sentimos  compasión por él. Trata de ser un gran policía, pero en  este empeño se encuentra con una figura aún más grande y compleja, que es  Pablo Neruda. Nos imaginamos que tuvo una infancia dura y difícil, que le faltó algo.  Finalmente cuando se encuentra con Neruda, su personalidad se mezcla con su poesía. Peluchonneau adquiere cierta vida e incluso se fascina con el poeta . Eso es contradictorio y bello al mismo tiempo, es lo que me fascina de la película

¿A usted le gusta la poesía de Neruda?     

Por supuesto. Cuando eres latinoamericano, conoces a Neruda desde pequeño. Te lo enseñan en el colegio. Es probablemente el poeta más famoso del siglo XX, hasta en China lo conocen. Es raro: es un tipo que vino de un país pequeño, largo y angosto y fue capaz de crear una poesía romántica increíble.

¿Qué fue lo que le atrajo de  este filme?

En primer lugar me interesó porque la propuesta venía de una familia fílmica que yo ya conozco, que es la de Pablo (Larraín).  Lo que me gustó es que plantea algo muy especial y que ya no existe más: que la política necesitaba de los artistas. Tras los pasados coloniales de nuestros países, muchos se reinventaban a través de sus nacientes democracias, pero también a partir de sus escritores, de su poesía. Hoy todo el mundo ve sospechosamente que  la política se mezcle con el arte, cuando a fin de cuentas todo es político. En la primera mitad del siglo XX, no se planteaba esta división. Estar comprometido con una causa era normal. Ahora  no. Es más, a uno le dicen que no se meta en política porque significa quemarse, autodestruirse.

¿Qué piensa de esa época?

Era un período totalmente diferente. Ahora la  derecha gana en todo el mundo, pero inmediatamente después de la  Segunda Guerra Mundial, el comunismo de cierta forma era el vencedor. Fue un período muy corto y se puede decir que funcionó. En ese contexto Neruda  surge como alguien  cuyas obras le dan voz a las demandas populares. La consecuencia a largo plazo es la primera elección democrática  de un   gobierno marxista en el mundo (la Unidad Popular de Salvador Allende). Por eso creo que la política necesita más poesía. La discusión política se reduce hoy a números, a ver cuántos pañales se le dieron a tal institución y cuántos finalmente se usaron, para ver si le hacen un impeachment o no al presidente. Como lo que pasa en Brasil, que es una locura. Lo que necesitamos hoy es mejores líderes y darle un relato y un programa a la política. Hay pocos políticos e intelectuales que inspiren: Vaclav Havel lo fue en Europa, Mujica y Cardoso en Sudamérica, el subcomandante Marcos y Javier Sicilia en México, o el desaparecido Robin Cook en Gran Bretaña.

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