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Culto
El hermetismo y silencio que marcaron los últimos días de David Bowie

El hermetismo y silencio que marcaron los últimos días de David Bowie

Solo un cerrado grupo de amigos y colaboradores conocía el real estado de salud del músico, antes de su muerte el año pasado. El artista estrechó su círculo íntimo luego de conocer que padecía cáncer y optó por la discreción y la invisibilidad.

Mientras el mundo de la música aún no parece recuperarse del impacto que supone la pérdida de uno de sus más grandes referentes, los miles de fanáticos de David Bowie en el mundo han intentado aplacar su duelo de diversas formas, ya sea participando en velatones, comprando y compartiendo los viejos discos de su ídolo, y también revisando cada detalle de las últimas piezas que dejó el británico antes de su muerte, en busca de algún nuevo mensaje final que aún falte por descubrir.

A falta de información específica por parte de su infranqueable círculo íntimo, que no ha entregado mayores detalles tras anunciar el fallecimiento del músico de 69 años a causa de un cáncer, el domingo pasado, todas las pistas parecen estar en las cuatro últimas obras que entregó el solista: un musical con sus canciones que actualmente se presenta en Nueva York (Lazarus), dos videoclips y el elogiado álbum Blackstar, cuyo título ha sido objeto de diversas interpretaciones: desde una suerte de manifiesto del inglés sobre su propia figura hasta la posible alusión a un término médico para referirse a cierto tipo de lesión cancerígena, conocida como “estrella negra”.

Con todo, dos días después de la muerte de uno de los más grandes íconos de la música y el arte popular del último medio siglo, aún existen varias interrogantes para las que probablemente nunca haya una respuesta definitiva, en gran medida debido a que así lo habría deseado el propio autor de Starman.

“El consideraba su privacidad como el mayor de los lujos”, declaró al portal de The Guardian una fuente cercana al artista, quien en los últimos años redujo su círculo íntimo a sólo un puñado de cercanos y colaboradores habituales: su mánager histórica, Coco Schwab; el archivista y fotógrafo Jimmy King -quien le tomó la última foto al músico para su cumpleaños, el viernes pasado- y el productor Tony Visconti, además de su esposa Iman y sus hijos Duncan y Alexandria Jones.

Según la prensa británica, sólo ellos sabían de la enfermedad que padecía el cantautor, además del director de Lazarus, el belga Ivo van Hove. “Me comentó hace un año y tres meses que padecía cáncer hepático, poco después que se lo informaran a él”, declaró al sitio Dutchnews. “Dijo que por esta misma razón no iba a estar disponible todo el tiempo”, añadió el director teatral, quien detalló que para su última aparición pública, en el lanzamiento del musical el 7 de diciembre pasado, Bowie se mostró en buena forma ante los medios pero tras bambalinas “cayó rendido”.

Ni siquiera sus vecinos o el conserje del edificio de Nueva York donde pasó sus últimos años conocían la gravedad del estado de salud del solista. Tampoco algunos de sus aliados históricos, como Brian Eno, productor de varios de sus más celebrados álbumes, que recién el lunes se dio cuenta que el sentido mensaje que había recibido de Bowie una semana antes era en realidad una despedida. O Nile Rodgers, fundador de Chic y su socio en el clásico Let’s dance (1983), quien hace algunos años le pidió a Bowie que entregara un premio de beneficencia, lo que éste sólo pudo hacer a través de un video. “Su discurso fue adorable, encantador, muy generoso, pero pude ver que no estaba bien”, contó.

Y es que pese a su leyenda artística y a ese brillo que rodeó cada una de sus obras, los que conocieron a Bowie lo recuerdan como un tipo tranquilo, reservado y ajeno a los aspavientos, características que se habrían agudizado tras sus primeros problemas de salud y su retiro de los escenarios, en 2004 (ver nota derecha), y especialmente luego de conocer su desfavorable diagnóstico hace un año y medio. “Me sorprendió conocerlo, no esperaba que fuese tan normal”, comentó ayer a la prensa inglesa el cineasta británico Julien Temple sobre esta dualidad del Duque blanco, con quien realizó documentales y videoclips.

En ese sentido, la despedida del David Bowie íntimo habría sido tan planificada como la de su personaje artístico. Un proceso silencioso en su departamento en Nueva York, similar al que siguió su amigo Lou Reed antes de su muerte en 2013. “El quería controlar su ausencia y proteger a su familia de la prensa. Quería desaparecer, casi como un fantasma, para que esto no se volviera un reality show”, añadió uno de sus cercanos a The Guardian, sin dar su nombre.

Ventas y homenajes

Como era de esperarse, junto a los homenajes de sus fans en su casa natal de Brixton y en las afueras de su departamento en Manhattan -que continuaban hasta el martes-, los fanáticos de Bowie llevaron a Blackstar al primer lugar del ránking estadounidense de iTunes, mientras que el lunes se incrementaron en un 2.700% las reproducciones de sus temas en Spotify.

Junto con esto, ya se trabaja en algunos homenajes puntuales al artista, entre ellos, uno que se preparaba desde hace meses en el Carnegie Hall de Nueva York para el 31 de marzo, para el que no se descartan nuevos nombres además de los ya oficializados Cyndi Lauper, The Roots y Perry Farrell, entre otros. En paralelo, Max Lousada, director de los Brit Awards, anunció ayer que la próxima entrega de los premios, el 24 de febrero en el O2 Arena de Londres, estará dedicada “a la vida y obra de uno de nuestros más grandes íconos”.

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